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Adaptarse a un divorcio, un problema a solucionar antes y después

Separationpor Dr. Sergio Oliveros Calvo, Psiquiatra Madrid  (Grupo Doctor Oliveros)

Hace unos años vi en un bar de Madrid un cartel que rezaba: “Se celebran divorcios”. No lo entendí pues un divorcio no puede casi nunca ser objeto de júbilo pero sin duda este bar quería explotar el hecho de que en España, 6º en mundo por tasa de divorcio, tan sólo un 39% de las parejas terminan sus días unido.

La decisión que conduce al divorcio no es sencilla. Representa reconocer la muerte de una relación o, en ocasiones, matar una relación aún viva. En un divorcio se pierde siempre un futuro, la mayor parte de las veces un presente e incluso, también en ocasiones, un pasado. Me explico. Como es obvio, el futuro de la pareja desaparece con esta decisión. En cuanto al presente, lo cierto es que muchas veces la decisión no se reflexiona y arrastra consigo posibilidades de reconciliación y aspectos sólidos y gratificantes de la relación, arrastra el ahora. Finalmente, hay casos en los que el divorcio obedece a engaños prolongados (sexuales o afectivos) lo que hace que, además de un futuro y un presente, se pierde un pasado que se creía haber compartido cuando, en realidad, no había sido más que el fruto de la imaginación y el deseo.

En ocasiones las parejas no entienden que el divorcio es un punto final y prefieren sustituirlo por unos puntos suspensivos. Mantienen tras el divorcio una pseudo-relación de pareja en la que sigue habiendo vínculos de sometimiento, celos, costumbres de pareja (celebraciones conjuntas, continuación de la convivencia), pseudo-fidelidades (me acuesto con otra pareja pero no se lo digo), relaciones sexuales o establecimiento de vínculos de odio (antes nos unía el amor, ahora lo hace el odio y así no nos perdemos, como ocurría en la película “La guerra de los Rose”). Es el caso de parejas que prolongan sus litigios mucho más de lo necesario para mantener vivo un sentimiento (negativo) hacia la expareja que da vida a un fantasma de la relación pasada. Hay otra variante en el final de una pareja, su transformación en una amistad pero es un hecho infrecuente y difícil de conseguir por lo que no debemos culparnos por no ser capaces de hacerlo. Al fin y al cabo el contrato que nos unió a la otra persona no incluía esa cláusula.

Cuando una persona comience por su cuenta o junto a su pareja a considerar el divorcio lo recomendable es saber esperar para poder tomar una decisión meditada. Es necesario saber lo que se va a perder y estar preparado para que tal pérdida sea irreversible. Someterse incluso a una terapia de pareja si se considera necesario para alcanzar este conocimiento (la terapia de pareja también sirve para separarse de una forma pacífica y ordenada). Muchas veces estas reflexiones permiten una nueva orientación en la relación y el establecimiento de un nuevo vínculo positivo. Otras veces conducen a un irremisible punto final. En estas ocasiones es necesario tener la madurez para reconocerlo y disponerse a asumir la pérdida pues sólo así seguiremos siendo, o empezaremos a ser, totalmente libres.   

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