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Alzheimer: ¿una luz al final del túnel?

foto post PAblo por Dr. Pablo Casariego Córdoba, Neurólogo Madrid  (Grupo Doctor Oliveros)

La demencia es la pérdida progresiva de las funciones cognitivas debida a daños o enfermedades cerebrales. Aunque sus causas son diversas, dentro de las sociedades desarrolladas la enfermedad de Alzheimer es la demencia más frecuente. Se calcula que en EEUU hay 5,6 millones de personas que la padecen. Su incidencia está relacionada con la edad (en general aparece en personas mayores de 60 años) y el 90% carece de factores genéticos hereditarios.

  La causa de la demencia de Alzheimer es desconocida. Su diagnóstico se basa en los síntomas del paciente y en pruebas complementarias (test neuropsicológicos, analítica de sangre, resonancia magnética cerebral y, en ocasiones, tomografía por emisión de positrones -PET- cerebral y extracción de líquido cefalorraquídeo). Aun así, el diagnóstico es de probabilidad y sólo puede confirmarse totalmente con el estudio del tejido cerebral en la autopsia.

  Los resultados de los tratamientos actuales son todavía poco satisfactorios. Se basan en estimulación cognitiva y ciertos fármacos que retardan el deterioro pero realmente no cambian el curso de la enfermedad que sigue, por tanto, progresando y dañando de forma irreversible el cerebro del enfermo hasta destruirlo en unos años.

  El primer fármaco aprobado que demostró cierta eficacia en pacientes con Alzheimer fue el Donepezilo (Aricept, Laboratorio Eisai). Fue como una luz de una vela, temblorosa y débil, en el negro túnel del tratamiento de la enfermedad. Desde entonces han sido aprobados otros fármacos, pero con beneficios muy discretos (Rivastigmina, Galantamina, Memantina).

Durante muchos años, los estudios para desarrollar nuevos fármacos han fracasado de manera estrepitosa, a pesar de los cientos o miles de millones de euros invertidos por los laboratorios farmacéuticos.

Pero recientemente hemos recibido una buena noticia: Por primera vez un anticuerpo monoclonal (similar a los tratamientos biológicos de la artritis reumatoide, la psoriasis y otras enfermedades autoinomunes) ha demostrado eficacia en enfermos con Alzheimer en fases tempranas de la enfermedad. Es el adecanumab y ha demostrado de forma irrefutable que es capaz de reducir las placas de amiloide (proteína anormal que se deposita en las neuronas que se asocia a su destrucción) y de retrasar de forma notable el curso de la enfermedad y, posiblemente, reducir la mortalidad de los enfermos. Y todo ello con pocos y tolerables efectos secundarios.

No podemos negar que estamos en una fase inicial, que todavía es muy pronto para afirmar que éste u otro de los fármacos que se están investigando se convertirán en una alternativa definitiva, eficaz y segura para el Alzheimer. También es verdad que estamos aún muy lejos de comprender y de curar esta devastadora enfermedad.

Pero al mismo tiempo puede que estemos viendo ya la luz al final del túnel aunque lejana y débil. Esperemos que no se trate de un espejismo, una alucinación que nos lleve a seguir dándonos golpes, perdidos entre las miles de millones de neuronas que forman nuestro complejo y maravilloso cerebro.

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