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¿Brote psicótico homicida en un niño?

candle-231430_1920por el Equipo de Psiquiatría y Psicoterapia Infantil  (Grupo Doctor Oliveros)

 

  Impactada como todos por la noticia sobre el niño de 13 años que construye su propia arma y va a su instituto a matar profesores y compañeros, escuchando en prensa todo tipo de cuestiones sobre la Ley del Menor, los videojuegos, los valores, etc… no puedo dejar de acordarme de todos aquellos padres cuyos hijos tienen o han tenido un brote psicótico, que parece haber sido el “motivo” de este chico, y NO HAN MATADO NI VAN A MATAR A NADIE. Su temor y preocupación por si sus hijos podrían cometer un acto semejante.

  Sin entrar en el tentador camino de reflexionar sobre los orígenes de la violencia en menores y sus consecuencias, quisiera aclarar una serie de cuestiones que creo son muy relevantes: la frecuencia con la que las personas con un trastorno mental cometen un acto delictivo o un homicidio no es mayor que la de la población general; sin embargo, en menores delincuentes, sí encontramos una mayor frecuencia de familias rotas, maltrato, abusos, abandono y consumo de tóxicos, pero no de trastornos mentales. Por tanto, un chico con un brote psicótico no es más proclive a cometer un acto de estas características que un chico con graves problemas de odio, resentimiento, aislamiento, acoso, etc.,como lo demuestran los casos conocidos que han ocurrido en otros países. Pero si un chico, verbaliza o parece que oye voces que le dicen que tiene que hacer algo, no lo hace “para llamar la atención”: hay que consultar de inmediato con un especialista.

  Como psiquiatra infantil, creo que este caso nos debe realmente centrar en la atención a los problemas de salud mental en niños y adolescentes, su detección en la escuela, su identificación en el medio familiar, la minimización que los adultos pueden hacer de las conductas desajustadas de los chicos, así como el acceso a los servicios de salud mental. Dicen que en el patio gritaba que las voces le decían que tenía que matar: sea verdad o no, un brote psicótico, no surge de la noche a la mañana; por muy agudo que sea, tiene unos síntomas que llaman la atención de los que le rodean: cambios en su forma de comportarse, de relacionarse, angustia, alteraciones del sueño, etc.; el problema es que a veces se les quita importancia, se consideran transitorios (el “ya se le pasará, cosas de la edad”) y no se tratan. Este desenlace es del todo improbable e infrecuente, pero, por favor, no temamos consultar a un especialista, o incluso inicialmente al pediatra o al médico de cabecera, cuando un niño nos preocupe, porque las consecuencias para él mismo de no abordar sus necesidades de tratamiento son siempre graves.

  Quiero hacer otra observación que ha llamado mi atención sobre los sucedido en este suceso, un apunte que enlazaría, ahora sí, con la habituación a la violencia en niños y jóvenes. la frialdad, el distanciamiento emocional, con el que los menores testigos podían narrar lo que habían visto sin titubear, sin un quebranto en la voz, como si retransmitieran una película; de qué modo hablaban de este compañero, un niño de 13 años, como el “friki” de las armas, el frío planificador que después de unos años volvería para ajustar cuentas….Cabe pensar que podría ser debido a una primera fase de shock y negación en el impacto agudo de este episodio que sin duda va a ser potencialmente traumático para otros compañeros, pero también cabe pensar que la exposición a la violencia explícita en todos los medios puede haber conseguido un habituación a este tipo de escenas, incluso cuando ocurren en la realidad.

  Se abren muchas preguntas y todas ellas me llevan al mismo punto: la necesidad de detectar, de no restarles importancia, y tratar, los problemas mentales y del comportamiento de los niños y adolescentes. No nos despistemos en otros debates sobre la responsabilidad penal de los menores, la influencia de la violencia de los videojuegos en menores vulnerables , etc, que son importantes, pero posiblemente no aplicables en este caso, donde un niño con un trastorno mental grave, de evolución incierta, ha cometido un crimen guiado por un pensamiento trastornado.

  Nuestra condolencia para las victimas, especialmente el solidario y valiente profesor fallecido que no miró para otro lado, los heridos, los testigos y el profesor que logró reducirlo, también implicándose con riesgo para si mismo, evitando otras muertes.  

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