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Creatividad y enfermedad mental

The_Screampor Dr. Sergio Oliveros Calvo, Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

   Hace ya una década unos profesores de Harvard llevaron a cabo una investigación sencilla y curiosa. Enviaron un cuestionario anónimo a todos los creadores norteamericanos registrados en el equivalente americano de la SGAE española. Su objetivo era detectar la presencia de enfermedad mental sin pretender diagnosticarla.
   Sabemos que en torno a un 40% de la población general sufre un trastorno psiquiátrico a lo largo de su vida (prevalencia). La presencia de una enfermedad mental en un determinado momento (incidencia) es, sin embargo, mucho menor. No sobrepasa el 10%.

   Cuando nuestros investigadores norteamericanos analizaron las respuestas de los creadores comprobaron que cerca de un 80% de los creadores norteamericanos presentaban patología psiquiátrica en ese preciso momento. Es decir, demostraban que la enfermedad mental en los creadores norteamericanos era nada menos que 8 veces mayor que en la población general.

   Nos podemos preguntar ¿qué habría escrito Edgar Allan Poe si hubiera podido tomar Prozac? ¿Habría compuesto Beethoven sus sinfonías más brillantes si hubiera contado con penicilina para su sífilis terciaria? Son evidentes las conexiones entre enfermedad mental y creación. Charles Dickens, Van Gogh, Ingmar Bergman, Tennessee Williams, Eugene O’Neill, Friedrich Nietzsche Santa Teresa de Jesús, Jackson Pollock, Albert Camus, Malcolm Lowry, Ernest Hemingway, Leo Tolstoy, Virginia Woolf, Salvador Dalí, Sylvia Plath, John Nash, Kurt Cobain, Peter Gabriel y una larga lista de eminentes creadores han sufrido alguna enfermedad mental que ha propiciado, por una lado, su actividad creadora y, por otro, condicionado de una manera determinante la visión del mundo que han plasmado en sus obras.

  La pregunta clave es ¿es posible la creación sin un sufrimiento previo? Y la respuesta es sí. Ni todos los enfermos mentales son creativos ni todas las personas creativas sufren enfermedades mentales. Pero ambos hechos coexisten más de lo esperable. Es obvio que si el hombre/mujer de las cavernas no hubiera sufrido arrastrando objetos nunca habría inventado rueda. Pero la rueda no se le ocurrió a todo el mundo que sufría con esa tarea. Muchos seguirían arrastrando los bultos sin ver alternativas.

   Hoy contamos con evidencias que vinculan genéticamente ambos fenómenos. Contamos con genes candidatos para la creatividad que, además, están relacionados con los genes candidatos de varias enfermedades mentales, sobre todo de la personalidad esquizotípica.

   Por eso muchos científicos hablan ya del gen de la creatividad-locura aunque no esté identificado plenamente. De todos lo que sufrían arrastrando piedras sólo habrían sido capaces de inventar la rueda los portadores de ese gen ideando una solución alternativa y rompedora. Seguramente serían los más raros del grupo y ellos y/o sus familiares tendrían enfermedades mentales. El sujeto esquizotípico es una persona “rara” y no está “loco” (no delira ni rompe con la realidad) aunque pueda parecerlo, tiene conductas y creencias excéntricas y extravagantes con abundantes contenidos mágicos y muestra un patrón de relación interpersonal extraño y distante. Carece de amigos íntimos y de interés por las relaciones de pareja y la sexualidad.

   Pero se ha demostrado que las personalidades esquizotípicas absorben más información y son menos capaces de ignorar detalles superfluos. Su cerebro nos les permite filtrar lo que genera en ellos un pensamiento divergente, original, intuitivo, curioso y transgresor. Por eso son capaces de ver conexiones insospechadas entre dos hechos cuando resuelven un problema y presentan una elevada producción de ideas extrañas que son genuinamente creativas.

   Vemos que la creatividad puede tener un alto coste para el sujeto pero facilita el desarrollo tanto personal como colectivo. La persona creativa ve lo que otros no pueden ver y se atreve a hacer lo que otros consideran innecesario o fútil.  La persona creativa no elige serlo, nadie puede aprender a ser creativo. La creatividad es una cualidad condicionada por unos genes que condicionan a menudo también la enfermedad mental con la que va asociada.  

 

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