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Depresión postparto

  El llamado por los anglosajones postpartum blues no supone más que una reacción vivencial perfectamente normal que afecta hasta al 80% de las nuevas madres. Aparece al día siguiente del parto, alcanza su máximo en la primera semana y se resuelve completamente de forma espontánea en la segunda semana. Durante esta fase la madre mantiene íntegra su capacidad para funcionar íntegra. 

  Sin embargo, un 10-15% de todas las mujeres que acaban de dar a luz presentan síntomas depresivos graves después de la segunda semana y dentro de las 16 primeras semanas tras el parto y desarrollan una depresión postparto, situación mucho más grave. Las madres afectadas presentan síntomas melancólicos como profunda tristeza, falta de energía, fatigabilidad, desinterés por su hijo, dificultades para mantener la atención y la concentración, incapacidad para disfrutar de hábitos previamente placenteros, falta de apetito con pérdida de peso, empeoramiento matinal de los síntomas, ideas de 

muerte o de suicidio, enlentecimiento de sus movimientos e insomnio total. En ocasiones puede tener impulsos de lesionarse o dañar al recién nacido y en casos muy graves pueden presentar síntomas delirantes y alucinaciones. En este caso, necesitan tratamiento urgente hospitalario.

  La depresión postparto es considerada un tipo de depresión grave. Los síntomas de la depresión postparto y el elevado riesgo de suicidio que presenta hace siempre imperativo tratarla. El tratamiento de la depresión postparto pasa por la psicoterapia junto a algunos antidepresivos como la sertralina que no son excretados por la leche sirven para tratar los casos moderados pero los casos más graves requieren interrupción de la lactancia y empleo de antidepresivos más potentes como la venlafaxina. En casos extremos hay que recurrir a la hospitalización.

  Hasta ahora nos hemos referido a mujeres previamente sanas. Sin embargo debemos destacar que entre la mitad y las dos terceras partes de las mujeres con trastorno bipolar previo van a presentar una fase depresiva tras el parto lo que hace imprescindible una monitorización mucho más estrecha en esta población y una rápida intervención ante la emergencia de los primeros síntomas. 

  La confusión de los síntomas con el postpartum blues con los propios de la depresión postparto hace que un gran número de casos sean atendidos con negligencia por familiares e incluso por el propio personal sanitario. Estos casos evolucionan libremente por lo que suele pedirse ayuda cuando la situación es ya muy grave o ha generado una consecuencia seria (agresión al niño, intento de suicidio etc).

 

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