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El atractivo narcisista: una inversión a corto plazo de alto riesgo.

por Dr. Sergio Oliveros Calvo, Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

   El término narcisismo fue acuñado por Sigmund Freud (“Introducción al narcisismo”, Viena 1914) para definir la personalidad que evoca al mito griego de Narciso, hombre hermoso enamorado de su reflejo en el agua. Es, como muchos otros (histeria, castración, conflicto edípico, inconsciente, proyección etc.), un término psicoanalítico que ha acabado formando parte de nuestro vocabulario cotidiano. Las razones no faltan.

  Aunque vamos a dedicar varios post a esta personalidad y sus subtipos por su innegable interés, hoy nos ocuparemos de lo atractiva que resulta para muchas personas y, en especial, para una gran parte de la población femenina.

   Casi todos sabemos identificar a una persona narcisista y, por lo general, nos despierta un espontáneo rechazo por su visible egolatría y falta de empatía. Sin embargo, hay un hecho que contrasta con tal rechazo: el incuestionable atractivo que despierta con frecuencia. Lo advertimos en políticos, cantantes, actores, deportistas, etc. que pueden despertar tanto admiración como fascinación y deseo homosexual o heterosexual.  Ya dedicamos un post al atractivo del político narcisista pero hoy nos centraremos en el terreno de las relaciones.

  Clásicamente la mujer ha seleccionado al hombre en las sociedades menos desarrolladas por su capacidad para asegurar una descendencia sana y respaldar económicamente la crianza de la prole. Elegirá al más guapo y pudiente que se pueda permitir entre los disponibles en su grupo social.

  De ahí que, históricamente, hayan resultado más atractivos los hombres con más recursos económicos o que simplemente hacen ostentación de tenerlos. Pero también se ha comprobado que alcanzan más éxito que la media aquellos varones que cuentan barbillas prominentes y cuadradas, brazos musculados, ojos hundidos o simetría facial,  características que dependen de la exposición a altos niveles de testosterona en la adolescencia. Eso podría aumentar la garantía de su vigor genético y reproductivo.

  Es sencillo advertir cómo en la sociedad moderna el hombre narcisista explota estas características a través del “atractivo adornado” (“atractive veneer”), término acuñado por Nicholas Holtzman, brillante psicólogo social de la Universidad de Washington que se refiere a las actividades que potencian esa apariencia y que se obtienen a través de:

  • Horas de gimnasio.
  • Ostentación del poder económico (coches, ropa, etc.).
  • Aspecto físico cuidado.
  • Cumplimiento de la moda.
  • Sometimiento a dietas
  • Cirugía estética, maquillaje, etc.

 Todas ellas son características que pueden facilitar el éxito en la seducción pues su observación en un hombre facilita que la mujer estime mediante la idealización de su pareja probables otras características menos visibles como pueden ser (sólo en teoría):

  • Mayor audacia.
  • Mayor seguridad.
  • Mejor salud.
  • Mayor vigor y creatividad sexual .
  • Adquisición de un rango superior frente a otras mujeres del grupo social.

   No olvidemos que el motor de la idealización son siempre el deseo y la necesidad. La persona que idealiza ve lo que necesita o lo que quiere ver, no lo que tiene delante. 

  Un factor importante es que el carisma que estas personas pueden llegar a adquirir, así como su necesidad de aprobación mediante la permanente seducción, fomentan su éxito social lo que hace que muchos les busquen pues el hecho de tenerlos en sus círculos les hace sentirse distinguidos (narcisismo epidémico“). Recuerdo ahora las palabras innegablemente ególatras de un cardiólogo español que hace unos años afirmó: “mis amigos son los mejores porque los mejores son mis amigos”.  

 Un reciente estudio de Emanuel Jauk y colaboradores de la Universidad de Viena demostraba el atractivo que tiene para las mujeres la presencia de los que los autores denominaban la “triada oscura” y que reúne tres de los subtipos del tronco común del narcisismo: ególatría, perversión y psicopatía. Los resultados fueron que las personas narcisistas tenían mayor éxito en la seducción a pesar de que en ellos se reconocían dificultades para la relación a largo plazo. Curiosamente se evidenció además un mayor grado de “atractivo adornado en las personas que alcanzaban mayores puntuaciones de narcisismo lo que confirma la certeza que el narcisista tiene sobre la relación entre adornos, confianza en sí mismo y éxito. 

  No olvidaré nunca los equilibrios que hizo un hombre joven en la playa el pasado verano cerca de nuestras hamacas para hacerse un selfie con su novia: sujetaba el teléfono con el palo mientras pasaba su brazo por detrás de la nuca de ella debidamente flexionado para que se advirtiera su trabajado bíceps y contraía a la vez, en un difícil equilibrio, los músculos de una de sus piernas. Despertaba una mezcla de compasión y comicidad. Fueron en total unos tres minutos de complejo posado que acabaron hartando a su pareja quien optó por abandonar la escena protestando.   

  Por último, hay mujeres más dadas a dar cuidados a otros incluso a costa de abandonar sus propias necesidades que pueden verse atrapadas en una relación con un narcisista por las carencias afectivas que descubre ocultas tras su fachada. Lo mismo ocurre con mujeres acostumbradas a la invisibilidad desde su infancia en sus familias de origen que se acomodan con rapidez a la relación con un hombre narcisista. Es frecuente que estas mujeres tengan además un escaso amor propio y no perciban el escaso cuidado que obtienen en su relación. Además no saben decir no por lo que siempre están dispuestas a gratificar las necesidades egocéntricas de sus parejas. Su bondad e inseguridad les esclavizan frente a un narcisista. Conforman familias centradas en la figura deificada del hombre en las que las individualidades de la mujer y los hijos carecen de importancia.

  Es evidente que, por sus propias características, la personalidad narcisista no acompaña al éxito de la relación a largo plazo. Serían pues elecciones mayoritariamente dirigidas a la procreación de hijos bien dotados genéticamente. Por eso es frecuente observar mujeres jóvenes que han tenido hijos con hombres de este perfil y que, tras divorciarse por la imposibilidad de la relación con ellos, optan luego por hombres más obsesivos, leales y dependientes que aseguran la estabilidad en la crianza aun ofreciendo una vida más rutinaria y… ¿un aspecto, acaso, fofisano?.

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