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El duelo patológico: aspectos clínicos

por Dr. Sergio Oliveros Calvo, Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

 

Hay situaciones en las que la persona no puede elaborar la pérdida y se queda congelada en la segunda etapa, la de identificación. Es un problema muy característico de:

  • Muerte de un hijo
  • Sentimientos de culpa complejos
  • Conflictos con la persona ausente no resueltos
  • Muertes por suicidio
  • Desaparecidos
  • Necesidades de omnipotencia

Estos hechos impiden con frecuencia el paso a la tercera fase. Es el duelo patológico o duelo congelado. Los síntomas ansiosos y depresivos se prolongan mucho más de lo que es habitual, el manejo de la culpa se hace especialmente ineficaz y el sujeto establece una encarnizada lucha consigo mismo y con el mundo que le rodea en forma de reproches. A diferencia de la segunda fase normal, en el duelo patológico se niegan los aspectos negativos de la persona querida y se idealizan los positivos. Los demás perciben como se quisiera santificarle. De esta forma la persona nunca llega a separarse emocionalmente del ausente. La autoagresión por la culpa lleva a un descuido de la higiene y la alimentación, al abandono de las tareas habituales y a una forma de vida asocial y alejada de la realidad.

  De forma paralela, la proyección de la culpa en estos pacientes es intensa lo que puede conducir a litigios legales interminables donde el paciente puede malgastar su escasa energía demandando a supuestos responsables sin obtener a cambio resultado alguno. Este aspecto es especialmente frecuente en muertes por suicidio en las que no solo la culpa necesita ser proyectada sino que además también la agresividad hacia el fallecido necesita ser desplazada hacia otra persona por resultar inaceptable para el paciente. No debemos olvidar que muchos suicidios suponen agresiones póstumas hacia los supervivientes y que, en consecuencia, estos pueden sentir de forma inconsciente la necesidad de devolver esa agresión al suicida. Ocasionalmente los sujetos afectos de un duelo patológico establecen de forma precipitada nuevas pseudorrelaciones para sustituir al ausente, es un hecho frecuente en varones viudos

Cuando muere un hijo se pone en juego la dificultad para romper  la identificación proyectiva que impregnaba esta relación. Los padres proyectamos en nuestros hijos elementos que no podemos aceptar de nosotros mismos y luego nos identificamos con lo que consideramos ya de él, no propio. Por eso vemos en nuestros hijos versiones mejoradas de nosotros mismos. En estos casos, la muerte del hijo se lleva todo lo nuestro que teníamos depositado sobre él, creemos perder por tanto una parte vital de nosotros mismos que solo veíamos a través de él.

  • “Los padres proyectamos en nuestros hijos elementos que no podemos aceptar de nosotros mismos y luego nos identificamos con lo que consideramos ya de él, no propio. Por eso vemos en nuestros hijos versiones mejoradas de nosotros mismos.”

  Mientras que el duelo no es una enfermedad y rara vez necesita algo más que un apoyo terapéutico y farmacológico somero, el duelo patológico pone de manifiesto de forma inequívoca la existencia de una patología anterior a la muerte del ser querido. Por tanto solo un tratamiento psicoterapéutico reglado con un apoyo psicofarmacológico simultáneo será capaz de resolverlo. De otra forma el duelo puede cronificarse y acompañar al sujeto el resto de su vida.

 


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