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El olor de la personalidad, algo sorprendente y trascendente.

por Dr. Sergio Oliveros Calvo, Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

   Amor a primera vista, la buena impresión inicial, la química… Hay muchas referencias en la cultura al atractivo o el rechazo de forma automática que una persona puede despertar en el primer encuentro. Hace unas semanas discutíamos sobre el papel de condicionantes inconscientes en la elección de pareja y destacábamos el olor corporal como uno de ellos. Hoy discutiremos sobre algo tan novedoso y, acaso trascendental en la investigación, como el posible olor de la personalidad.

   La personalidad es algo que despierta nuestra curiosidad desde la infancia. ¿Por qué en mi clase somos todos diferentes? ¿Por qué unos me caen mejor y otros no?  ¿Por qué unos son matones y otros no se defienden? ¿Por qué unos me atacan y otros me eligen? Desde la infancia desarrollamos estratagemas para tipificar la personalidad de los otros. Quizá con ello pretendamos anticipar lo que el otro me va a hacer en el futuro en función de lo que haya observado de él en el pasado y así pueda elegir sólo amigos con quien pueda sentirme seguro.

   Un niño muy pronto va ser sensible a la mentira, la violencia, la manipulación, el egoísmo, el abuso o la explotación y cuando crece dará forma a sus percepciones, si quiere, conociendo más de la personalidad histriónica, narcisista, psicopática etc.    

   Lo que unos investigadores han evidenciado ya es que estos rasgos de personalidad pueden ser percibidos por el sujeto desde su infancia por el olfato. Esto podría aumentar la exactitud con la que el niño es capaz de tipificar aquello que le atrae y aquello de lo que necesita mantenerse alejado.

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   El olor corporal se forma a partir de moléculas de la piel, la salva, el sudor, la orina y secreciones genitales. Aunque muchas de ellas son más evidentes a partir de la pubertad, varias pueden estar ya presentes en el niño.

   Es un hecho verificado que muchos de nuestros comportamientos, acaso la mayoría, tienen una base genética y dependen de mecanismos biológicos basados en vías nerviosas, hormonas, enzimas, neurotransmisores y receptores, que eventualmente pueden estar implicados en la emisión de un olor característico. Sabemos, por ejemplo, que cuando sentimos miedo emitimos un olor imperceptible. Cuando nos decían en nuestra infancia que no mostráramos miedo frente a un perro porque nos atacaría, es posible que estimaran que nuestro olor podría desencadenar miedo en el perro y así un eventual ataque defensivo contra nosotros.  

   Unos investigadores polacos del Instituto de Psicología de la Universidad de Opole (leer en inglés aquí)  demostraron en 2011 que el olor de una persona bastaba para estimar la intensidad de los rasgos dimensionales de personalidad llamados “Big Five”:

  • Apertura a nuevas experiencias.
  • Responsabilidad.
  • Extraversión.
  • Amabilidad.
  • Neuroticismo o inestabilidad emocional.

   Añadieron otro rasgo al estudio, la tendencia a la dominación.  En el estudio las mujeres alcanzaron mayor precisión en sus estimaciones. Se obtuvo una mayor exactitud en los rasgos extraversión, neuroticismo y dominación.  No pudieron establecer la base olfativa a través de la cual esta percepción se efectuaba salvo para la dominación que confería su olor a través de la testosterona de forma clara. Respecto al neuroticismo y extraversión estimaron que estaría mediado por algún tipo de feromona y por la hipersuduración que modificaría la flora bacteriana de las axilas.  

   Un estudio más reciente (Jasper HB et al, Psycological Science 2015) ha evidenciado que es posible también detectar el nivel de autosatisfacción (felicidad”) en el olor corporal de una persona y que su percepción incrementa la sensación de bienestar en el otro, igual que la sonrisa.   

   Sin duda estos hallazgos abren líneas de investigación para la mejor comprensión de la personalidad y la conducta tanto en el plano biológico como psicológico y para el desarrollo de alternativas futuras en el tratamiento de trastornos de personalidad y enfermedades mentales. Podrían explicar la característica contagiosidad del pánico, el malestar que produce una persona tensa. las reacciones de imán que algunas personas presentan frente a desconocidos de forma plenamente irracional e infinidad de otras situaciones aún no explicadas. 

   Cuando nos aproximamos a alguien podemos observar y analizar su cara, su comportamiento, la forma de expresarse, de mirar o sonreír y nos produce una reacción favorable, de indiferencia o de rechazo. Es lo que denominamos la química. Pero quizá en este proceso intervenga además algo realmente químico y más determinante, los olores que percibamos del otro que producen respuestas inconscientes inmediatas en nosotros.

   Esperemos que las casas de perfumes no se den cuenta de este hallazgo y lo exploten creando olores positivos (“Extravert, l´eau pour l´acceptation immédiat”, quizá). Si ya es difícil acertar en las elecciones de amigos y pareja con los mecanismos que disponemos, con el camuflaje de un perfume sería una tarea imposible.

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