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El pensamiento mágico

por Dr. Sergio Oliveros CalvoEl pensamiento mágico, Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

Hace unos días un miembro de nuestra página de Facebook española residente en Bulgaria y alarmada por la presencia de supersticiones en la cultura búlgara, me pidió que discutiese en un post la relación entre neurosis y superstición.

Podemos afirmar que superstición (del latín -super stare, estar sobre-) y creencia son en esencia conceptos equivalentes pero opuestos al concepto de idea. Tendemos a denominar supersticiones a creencias toscas (en nuestra cultura tirar sal da mala suerte, pasar por debajo de una escalera puede adelantar nuestra muerte, no comprar lotería con los compañeros de trabajo impide que les toque etc.) y creencias a concepciones más elaboradas pero desconectadas de la realidad científica (el hombre fue creado con independencia de la evolución del resto de las especies, la homeopatía cura o el cambio climático no se está produciendo).

Lo cierto es que tanto superstición como creencia siguen las leyes de pensamiento mágico basado en el siguiente precepto: no me hace falta entender un proceso para estar convencido de cómo funciona. En ambas, se concibe el fenómeno con independencia de las leyes de la ciencia. La diferencia con la idea es que ésta puede ser razonada y demostrada por cualquiera mientras la creencia/superstición no necesita ser demostrada y es inmune a cualquier razonamiento científico.

 Una curandera búlgara llamada Baba Vanga fue propuesta para santificación. Entre otras cosas, administraba aguardiente con ajos a muchos enfermos que acudían a ella por su supuesto poder curativo. Supongamos que afirmamos que el aguardiente con ajos cura en cáncer pues, de hecho, a mi amigo Bladis le curó un cáncer de piel. Alguien argumenta que su hermano Ionel murió de su cáncer de pulmón a pesar de haber ingerido el brebaje de Baba Vanga. Siempre podré decir que Ionel murió porque acudió a la curandera demasiado tarde, que no se tomó el brebaje como le recomendó aquella o cualquier otra tontería que se me pueda ocurrir y obtenga un “Ah, claro…” de mi ingenuo interlocutor. ¿Por qué? Porque Baba Vanga nunca falla. En esa aserción irracional entra el pensamiento mágico resultando inmune a la evidencia y compartiendo muchos aspectos con el delirio que convierte en ciencia las prácticas de la curandera: “Baba Vanga nunca falla”.

Hace unos días me comentaron en una cena que el presidente de una importante corporación japonesa en Madrid se encarga de viajar hasta Medinaceli, Soria, para comprar sal fósil con objeto de colocarla en pequeños cuencos en todas las ventanas de sus oficinas. Cree que la sal fósil “tiene más poder” que la marina para ahuyentar la influencia de los malos espíritus. De ese modo, se “asegura” que si en esas oficinas se toma una mala decisión no será una consecuencia de la acción de maléficos seres sobrenaturales. Os puedo decir que esta empresa mueve miles de millones de euros al año sólo en España.

El pensamiento mágico ha estado presente en las civilizaciones desde el origen de la humanidad. Es imposible separar humanidad y creencia/superstición. Allí donde haya hombre encontraremos pensamiento mágico y será así por una razón sencilla: el conocimiento siempre está acotado. Frente a lo que queda más allá podemos apresurarnos a encontrar una explicación mágica o podemos esperar a que la ciencia lo explique. Acordaos de las imaginativas consecuencias que para muchos iba a tener el fin del calendario maya en diciembre de 2012. En el paleolítico, las erupciones volcánicas podrían ser atribuidas a dioses enfurecidos. Hoy sabemos que obedecen a presiones magmáticas por la deriva de las placas tectónicas sin embargo no sabemos porqué en el terremoto de 6.3 grados en la escala de Richter, que tuvo lugar en L’Aquila, Italia, el día 6 de abril de 2009, los sapos que poblaban una laguna cercana abandonaron el agua tres días antes del movimiento telúrico, algo que no había sido observado nunca.

Una persona guiada por las ideas y el pensamiento científico estudiará la conducta de esos sapos, su biología, su relación con conductas similares en especies cercanas hasta llegar a una explicación replicable en cualquier otro centro científico. Por el contrario, una persona guidada por las creencias sostendrá la idea más inverosímil que además se esforzará en apoyar con supuestos razonamientos pseudocientíficos.

La pregunta de @Ana Arbeloa ¿qué relación existe entre la superstición y la neurosis? tiene una única respuesta: toda. La presencia de cualquier superstición indica un problema cognitivo. El pensamiento mágico ocurre en las personalidades obsesiva, borderline, esquizoide, esquizotípica, paranoide, histriónica, narcisista, dependiente, fóbica, esto es, en casi todas. Cada una desde una posición, descarta la aproximación científica a la pregunta que se formula. El obsesivo porque, preso de su control, no puede aventurarse a la pregunta libre científica. El borderline porque adopta la idea mágica como una forma de desafiar los límites que los demás les imponen (muchas de las brujas que fueron misericordiosamente quemadas en la edad media presentarían esta personalidad), el esquizoide porque vive en un mundo acientífico, el dependiente porque sólo da por válido aquello que proceda de sus relaciones significativas lo que le hace más vulnerable a las ideas mágicas de los demás, el fóbico porque imagina como temible y mágico todo aquello que desconoce e imagina como peligroso.

Tan solo creo que la personalidad psicopática escapa al pensamiento mágico y es porque escapa a todo tipo de regla de pensamiento, vive para sí mismo con sus propias reglas. Podemos concluir que en líneas generales, que no puede existir superstición sin una base neurótica en el pensamiento.

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