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El pensamiento positivo, un arma de doble filo

smilies-110650_1280 apaisadapor Dr. Sergio Oliveros Calvo, Psiquiatra Madrid  (Grupo Doctor Oliveros)

 

Se extiende en nuestra sociedad desde hace unos años una peligrosa tendencia que entiende el pensamiento positivo (antes optimismo) como la solución todopoderosa y mágica para mitigar todos nuestros males. Tanto es así que podemos considerarlo ya como una pseudoreligión: “no se preocupe por sus problemas, céntrese en el lado bonito de la vida y todo le irá mejor”, “lo malo ya pasó, ahora toca ser positivo y pasar página”, “si piensa que es usted estupendo acabará siendo estupendo”, “no pierda el tiempo pensando en cosas tristes” etc. Vivimos en una sociedad que nos exige triunfar y ser felices. No sería un disparate pensar que ese principio está detrás de que el consumo de antidepresivos se haya triplicado en España en los últimos diez años. Las librerías están inundadas de libros de autoayuda que promueven esa concepción o de ensayos de pensamiento pseudoespiritualofilosófico que no hacen sino incrementar la confusión del enfermo real. Muchos programas de coaching están basados también en este mismo concepto. Hemos llegado a un punto en el que parecería incluso que a aquel que no practique el pensamiento positivo se le puede imputar la responsabilidad de su desgracia. Sin duda, el pensamiento positivo es un negocio boyante para autores, editoriales y profesionales pero ¿realmente ayuda a los pacientes?

Por si fuera poco, resulta preocupante ver cómo muchos profesionales de la psicoterapia basan su trabajo en esta estrategia exclusivamente. No cabe duda de que es bueno poner de relieve los aspectos positivos de las cosas pero tal medida nunca va a producir la desaparición de sus aspectos negativos de la realidad ¿qué hacer pues con ellos? ¿negarlos? ¿culpar al que no puede dejar de verlos?

Es indudable que todos somos más felices cuando podemos ver el presente y el futuro con optimismo pero la pregunta es ¿es eso posible cuando uno padece una enfermedad o está cautivo de una situación objetivamente adversa? Es evidente que no. Una depresión, un cuadro de ansiedad o una fobia no pueden ser enfocados sólo con pensamiento positivo. En todo caso puede ayudar pero nunca convertirse en el eje de la cura. Cuando recibo a un paciente que ha sido tratado con este enfoque con frecuencia no solo viene peor de lo que estaba sino que además se culpabiliza de no haber sido capaz de ver las cosas con mayor optimismo. La terapia en lugar de ayudarle le ha hecho más daño. Cuando quien la ha hecho es un médico ha violado el primer punto del juramento hipocrático: “Primum non nocere” (lo primero es no hacer daño).  Los psicólogos no hacen este juramento pero éticamente están también obligados evidentemente a cumplir este punto por puro sentido común.

Hace años muchas enfermedades mentales eran abordadas por religiosos que prescribían mucha oración y confianza en la providencia divina. No era muy distinto ni más operante que el tema que nos ocupa hoy. Empleadas como única arma terapéutica, lo único que consiguen estas aproximaciones es con frecuencia alejar al paciente de la realidad haciéndole más vulnerable a la enfermedad.

Los objetivos realistas, la conexión empática con el sufrimiento del paciente, la referencia permanente con la realidad, el establecimiento de una sólida alianza terapéutica, el alejamiento de posiciones autocompasivas y, también, el pensamiento positivo deben combinarse en el proceso psicoetarapéutico para lograr la curación. El pensamiento positivo por sí mismo es placentero, euforizante y motivador pero eso no significa que sea bueno si es empleado de forma aislada.

Como decía Forges en una viñeta “La Organización Mundial de la Salud advierte que vivir pone en riesgo su salud”. Hoy podríamos añadir que seguramente le recomiende también tener mucho cuidado en manos de quien pone su salud y desconfiar siempre de los integrismos excluyentes.

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