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El trastorno histriónico de personalidad en la mujer, más allá de la feminidad

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por Dr. Sergio Oliveros Calvo, Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

  Las sirenas que cantaban a los hombres de Ulises o la medusa de la Ilíada que petrificaba a quien la mirara a los ojos, Madame Bovary de Flaubert o Scarlett O’Hara en “Lo que el viento se llevó”, Lolita de Nabokov y las vaginas dentadas del Méjico precolombino o la canción de Marieta de Javier Krahe. No hay mito más apasionante y que más se repita en literatura, historia, arte, mitología y religión que el miedo del hombre a verse seducido por una mujer y no tener luego opción a la culminación erótica. Ser víctima del amago de relación que no persigue consumación, la castración, en términos psicoanalíticos.

Estamos frente a la histeria, núcleo del trastorno histriónico de personalidad, un término en desuso en la psiquiatría pero que permanece omnipresente en la sociedad y la psicopatología de la vida cotidiana y que constituye el eje de este trastorno.

  Los rasgos más frecuentes en esta personalidad son:

  • Patrón general de excesiva e inestable emotividad
  • Necesidad de ser el centro de la atención
  • Incomodidad en las situaciones en las que no es el centro de la atención
  • Comportamiento seductor o sexualmente provocador
  • Expresión emocional superficial y rápidamente cambiante
  • Empleo del aspecto físico para llamar la atención, hipersensibilidad al rechazo
  • Forma de hablar excesivamente subjetiva, imprecisa y carente de matices
  • Expresión emocional falsa por su dramatización, teatralidad y exageración
  • Fácil sugestionabilidad, son muy influenciables
  • Considera sus relaciones más íntimas de lo que son en realidad.

  Estas personas tienden a mostrar conductas seductoras, magnificación de la feminidad, son caprichosas e infantiles como niñas que no hubieran madurado sino simplemente envejecido, carecen de empatía, suelen ser mentirosas y manipuladoras y están más pendientes de la estética de las emociones (de cómo expresarlas, con qué recursos gestuales etc) que de la autenticidad de las mismas.  Además suelen mostrarse irascibles, con escasa tolerancia a la frustración, poseen escasa capacidad de introspección, carecen de una identidad independiente de los demás pues actúan de diferente manera en función de cómo esperen ser aceptadas, suelen mostrar un comportamiento muy social pero carecen de relaciones auténticas e íntimas, es frecuente que carezcan de un apetito sexual despierto y suelen presentar incapacidad excitarse y/o para alcanzar un orgasmo que con frecuencia fingen. Su sexualidad requiere múltiples “efectos especiales”, nunca es espontánea y natural. Cuando envejecen y no pueden atraer la atención con su belleza, suelen buscarla con dramatizaciones de enfermedades, exageración de síntomas de enfermedades reales etc. Logran ser, como siempre se ha dicho popularmente la niña en el bautizo, la novia en la boda y la muerta en el entierro.  

  Cuando una persona se relaciona con una persona afectada por este trastorno con frecuencia se siente explotada y tratada como un objeto deleznable, algo que se tira después de usar. Suelen tener una gran aceptación social por su modales extraordinariamente femeninos y refinadas artes seductorias, sin embargo ni son capaces de amar ni saben percibir el amor de los demás. Son vistas con frecuencia como “devorahombres” o “mujeres fatales”.    

  El núcleo de su modus operandi es la castración, como decíamos al principio. Están emocional y sexualmente castradas y ejercen su castración sobre otros descalificándolos. Por tanto es muy frecuente que tengan una vida sexual muy pobre. Si se encuentran en una relación de pareja coquetean activamente con otros hombres o establecen relaciones paralelas con ellos y, si no tienen pareja, suelen buscar a otro hombre casado o con pareja para seducirle y romper su matrimonio tras lo cual le suelen abandonarle. Siempre están en mayor o menor medida implicadas en una relación triangular, es su hábitat natural.

  Se ven atraídas por hombres mayores que ellas quienes ven alimentado su amor propio por las atenciones, la juventud y las excelencias femeninas que les brinda la mujer histriónica. Sus parejas suelen ser o de perfil narcisista pues no busca como ella la relación plena, o de perfil obsesivo por la fascinación que despiertan en esta personalidad la superfeminidad y la hiperexpresividad de estas mujeres. El hombre obsesivo soporta lo que sea necesario con tal de mantener a la mujer histriónica a su lado. Otros tipos de hombres abandonan pronto la relación al percibir con claridad su artificialidad .

  El efecto sobre el desarrollo emocional de los hijos es determinante y difiere según el género. Con las hijas suelen establecer una relación de competitividad o menospreciarlas lo que genera hijas depresivas y dependientes pues buscan sin obtener la aceptación de la madre. Pero con los hijos las consecuencias son peores pues suelen erotizar la relación desde la infancia, convierten a sus hijos varones en los reyes de la casa y con ellos triangulan la relación con su marido, lo que acaba traduciéndose en unos varones castrados que nunca serán capaces de establecer una relación madura con una mujer. Además la sobrecarga emocional y las situaciones catastróficas que suelen crear en la familia colapsan la capacidad de procesamiento de sus hijos convirtiéndoles en seres indolentes y refractarios a las emociones de los demás, con frecuencia narcisistas, dependientes u obsesivos. 

  Es una de las personalidades más egosíntónicas (con menor capacidad para tomar conciencia de su padecimiento) y que generan mayores efectos adversos en todos cuantos establecen un vínculo emocional con ellas. Por lo tanto es muy difícil que busquen tratamiento y, cuando son forzadas a hacerlo, su colaboración es escasa ejerciendo una castración sobre el terapeuta haciéndole verse como inútil, incapaz de ayudarla y poco preparado. Suelen presentar múltiples efectos secundarios a los medicamentos por lo que no suelen aceptar ningún tratamiento farmacológico distinto a las benzodiacepinas frente a las que suelen desarrollar abuso y dependencia.

El pronóstico depende de la extensión que tenga esta estructura dentro de la personalidad de la/el paciente. Por decirlo de otro modo, de la gravedad del trastorno. Así casos leves suelen percibir los desarreglos que generan en las relaciones y suelen pedir ayuda obteniendo mejorías importantes, Por el contrario, existe un 5% que recibe el apelativo de “maligno” que empeora con los años y no muestra respuesta alguna al tratamiento. Entre los dos extremos hay una gradación de gravedad cuyo pronóstico es variable.

La única terapia que ha demostrado capacidad para una reestructuración real y profunda de estos/as pacientes ha sido la psicoterapia dinámica o de tipo psicoanalítico llevada a cabo por terapeutas expertos. La psicoterapia suele ser prolongada pues el conflicto que subyace es profundo. Con ella, un elevado número de pacientes obtiene una experiencia terapéutica que cambia el rumbo de su vida afectiva, 

 

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