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Elección neurótica de pareja y parejas neuróticas

por Dr. Sergio Oliveros Calvo, Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

 

 

   Sonia llevaba varios meses saliendo con Alberto. Era un chico guapo, simpático y responsable. Hacía poco le había pedido matrimonio e incluso contaba con la aprobación de sus padres. Sin embargo, decidió romper la relación porque no había química. Unos días más tarde conoció a Maxim y sintió un flechazo instantáneo por él. Se casaron en unos meses. No se daba cuenta de que no había nada que le asegurara que su vida sexual o amorosa con Maxim fuera a resultar gratificante y duradera en el futuro. Se separó tan solo dos años despés. Luego comprendió en terapia que sus conflictos neuróticos habían guiado sus decisiones erróneas.   

   Siempre se ha dicho que la elección de la pareja se debe a una atracción química haciendo referencia a motivaciones irracionales e inconscientes de las que uno no es dueño. Uno de los factores que determina que elijamos una pareja u otra es el olor corporal, por ejemplo. Existen 12 subtipos básicos de olor corporal que vienen determinados genéticamente. Se ha comprobado mediante estudios científicos que tendemos a elegir parejas que tengan el mismo olor corporal que nuestro progenitor de sexo contrario en heterosexuales y del mismo sexo en homosexuales. Esto ha llevado que existan webs experimentales de citas en las que el criterio de emparejamiento es el olor corporal de los candidatos (smell dating), no su foto, aficiones o signo del zodiaco. Otro hecho probado es el mayor atractivo que dotan las feromonas sexuales (hay muchos otros tipos), sustancias presentes en las secreciones corporales que condicionan una respuesta sexual positiva en los demás.

   Pero, aunque, el olor corporal es uno de los componentes de la química, con certeza no es el único. Existen otros más internos que pueden ser más decisivos a la hora de elegir pareja.

   Las primeras relaciones que establecemos (madre, padre, hermanos, abuelos) conforman las coordenadas de nuestro universo afectivo a lo largo de la vida­. Si ese patrón es saludable, nuestras elecciones de amigos y pareja lo serán también. Sin embargo, cuando ese patrón contiene conflictos no resueltos, sus distorsiones van a incrementar nuestra atracción por parejas tóxicas (asegurarán nuestra infelicidad a través del daño, el engaño, la frustración o el abandono). En caso de romper esa relación, buscaremos sin darnos cuenta una similar que nos conducirá al mismo desenlace. Es lo que denominamos la compulsión a la repetición. Nuestra elección neurótica de pareja nos convierte en víctimas de nuestro pasado y lo hace de forma inexorable si no lo remediamos con un tratamiento.

“Nuestra elección neurótica de pareja nos convierte en víctimas de nuestro pasado y lo hace de forma inexorable si no lo remediamos con un tratamiento”.

    Así, si sufrimos en nuestra infancia los efectos del autoritarismo de un padre podremos elegir parejas que se sometan a nosotros o que nos sometan (vínculo sadomasoquista). Si sufrimos los efectos de un progenitor enfermo, tenderemos a elegir parejas que necesiten nuestros cuidados (neurosis de rescate). Si sufrimos una relación erotizada con nuestra madre en la infancia, elegiremos parejas castrantes o que se sometan a nuestra castración (conflicto edípico negativo o invertido). Si sufrimos el abandono o el maltrato en la infancia idealizaremos a nuestras parejas y las dotaremos de una omnipotencia de la que carecen (vínculo dependiente).  O, si no tuvimos una relación real con nuestros progenitores, buscaremos parejas con las que no sea posible la vinculación o acepten nuestra dificultan para establecerla (pseudovínculo). Es un hecho que ejemplificó magistralmente el escritor Stefan Zweig en su obra “24 horas en la vida de un mujer”.    

  Este tipo de conflictos no resueltos hace que sean frecuentes las parejas entre sujetos:

  • Histriónico y obsesivo: El miembro histriónico explota la dependencia del miembro obsesivo, le manipula y le castra lo que es tolerado por obsesivo porque está fascinado por la hiperexpresividad del miembro histriónico.   
  • Narcisista y narcisista o narcisista e histriónico: Viven una relación castrada en la que la imposibilidad de ambos para vincularse se resuelve por una relación hacia afuera, una pseudo relación
  • Narcisista y bordeline: El narcisista explota la idealización que suele hacer el borderline, el borderline se asegura que el narcisista no le abandona debido a la admiración que le profesa y gratificación que le proporciona.
  • Obsesivo y borderline: el obsesivo contiene la inestabilidad e impulsividad del borderline y estabiliza la relación con su obstinación. Admira la expresividad e hiperemocionaidad del borderline.
  • Sádico y masoquista: sus conflictos neuróticos son complementarios formando un vínculo sólido e indestructible.
  • Obsesivo y dependiente: ambos son muy dependientes, la responsabilidad del obsesivo relega al dependiente a una posición pasiva en la que no necesita tomar decisiones. El obsesivo ve libre el camino para establecer las reglas de acuerdo a su criterio.
  • Deoendiente y dependiente: Ambos miembros forman una pareja fusional en la que no hay individualidad, lo importante es estar juntos y no separarse. La sexualidad puede no existir al ser personas inmaduras y carecer de una sexualidad adulta.
  • Narcisista y dependiente: El narcisista se asegura una fuente de gratificación permanente, el dependiente se somete a la autoridad absoluta del narcisista transformándose en una parte más de éste. Perdona las frecuentes infidelidades del narcisista para no perderle. Por otro lado, el dependiente buscará incansablemente el amor irrealizable del narcisista atribuyéndose a sí mismo el fracaso.

   Vemos que estos patrones de relación persiguen la perpetuación del sujeto en su conflicto infantil que, lejos de resolverse, se acentúa. Por eso hablar de amor maduro y neurosis es una contradicción en términos.      

  Las parejas neuróticas suelen atemperar sus dificultades durante la etapa de crianza de sus hijos que también son reclutados para la neurosis familiar mediante la erotización, la explotación, el sometimiento a ellos, etc. De este modo, los problemas reaparecerán cuando los hijos abandonen el hogar paterno y desaparezca su efecto amortiguador.  

   Cuando estas relaciones son percibidas como tóxicas por uno de los miembros y solicita tratamiento, la resolución de su conflicto inconsciente conduce a la ruptura de la pareja indefectiblemente dando lugar entonces a un patrón maduro de relaciones.  La terapia de pareja solo es aplicable cuando la patología en los miembros es leve. Cuando es más grave se requiere un tratamiento individual paralelo. Si la terapia de ambos miembros corona con éxito la relación puede evolucionar a una relación sana de intercambio adulto.

   Lamentablemente, esto no es frecuente lo que hace que estas relaciones neuróticas de pareja (parafraseando a nuestro grandísimo humorista, Forges) tan sólo puedan mostrar un camino en su evolución: de la fase química del comienzo (seducción) pasan a una fase física (simbiosis sexual) y , al cabo de un tiempo variable, terminarán en una fase matemática (liquidación de la sociedad de gananciales en el divorcio).  

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