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Insomnio infantil: Mitos, realidades y prevención

por Jazmín Mirelman, Psicóloga Perinatal baby-22194_1280Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

  El problema del sueño infantil se ha convertido en un tema de debate entre los profesionales de la salud y también entre los verdaderos expertos en la materia, es decir, los padres y madres.

   Si bien es cierto que los trastornos del sueño pueden afectar también a los niños desde edades muy tempranas, su tasa de prevalencia es relativamente baja, del 3,7 % si se compara con las numerosas consultas al respecto que llegan hasta los centros de salud.

   Dentro de los trastornos del sueño, que han de ser debidamente diagnosticados y tratados por un especialista, se engloban en:

  • disomnias (insomnio, hipersomnia, narcolepsia, etc.)
  • parasomnias (pesadillas, terrores nocturnos, sonambulismo, etc.)
  • insomnio infantil por hábitos incorrectos (BIC) cuya categoría de trastorno pondremos en cuestión en el presente artículo.

   Algunos profesionales explican y resuelven las dificultades para conciliar o mantener el sueño a edades tempranas modificando los hábitos familiares que pueden estar alterando el sueño infantil a través de diversas técnicas de modificación conductual basadas en dejar llorar al bebé hasta que se quede dormido. Sin embargo observamos que estos hábitos apropiados o inapropiados responden a una serie de exigencias culturales cuyos inicios se encuentran en la revolución industrial y posteriormente en la incorporación de la mujer al mundo del trabajo. Estos cambios sociales modificaron completamente las dinámicas domésticas en cuanto a la distribución de las tareas y horarios para los cuidados de los más pequeños de la casa que debían adaptarse a las jornadas laborales de los adultos. A partir de entonces, surge una corriente de opinión entre los expertos sobre  cómo ha de ser el sueño infantil que se basa en dos ideas fundamentales: que los niños han de dormir separados de sus cuidadores y durante muchas horas seguidas sin ayuda ni compañía adulta.

   Sin embargo, el sueño, como tantas otras funciones humanas responde a una serie de imperativos biológicos y toda la investigación al respecto concluye que se trata de un proceso evolutivo que favorece las cambiantes necesidades del ser humano en desarrollo. Estos cambios, no solo se dan en la infancia sino a lo largo de toda la vida y por tanto  el sueño presentará una fisiología y una arquitectura neurológica distinta en el bebé, el niño, el adolescente, el adulto y el anciano.

   El intento de adecuar las necesidades biológicas de la infancia a las costumbres culturales constituye un error de enfoque, ya que centra la atención en la modificación  de la conducta del niño en lugar de cuestionar dichas costumbres que van en contra de los instintos primarios. De hecho conlleva un grave peligro en lo relativo a la prevención de la salud mental infantil ya que numerosos estudios demuestran que los métodos basados en dejar llorar a los bebés tienen consecuencias negativas en su neurodesarrollo, en el establecimiento del vínculo paternofilial y en la relación de confianza del niño con el mundo que lo rodea.

   Los bebés y los niños padecen sufrimiento emocional al igual que cualquier otra persona, la diferencia fundamental estriba en dos aspectos:

  • Que no podemos comprender ni tratar al infante si no incluimos las dinámicas familiares, la relación de éste con sus cuidadores y el propio bienestar de los cuidadores.
  • Que la primera infancia posee herramientas comunicativas que un experto ha de saber interpretar, esto es, el llanto, la sonrisa, la mirada, los movimientos y el cuerpo, o expresiones psicosomáticas entre las que se encuentran los problemas de alimentación y de sueño.

  Por tanto, una vez descartado un trastorno franco mediante un diagnóstico diferencial, los problemas del sueño (que son realmente preocupaciones que los padres tienen respecto del sueño de sus hijos) podrían ser una importante señal de alarma de que algo más allá del síntoma no va bien en el niño, en la familia o en alguno de sus miembros y que requiere atención profesional.

  Una de las herramientas más útiles para la prevención es lo que llamamos psico-educación.  

        En el tema que nos ocupa se trataría de:

  • Conocer la fisiología del sueño adulto y sus diferencias respecto al sueño infantil.
  • Comprender su arquitectura neurofisológica desde los inicios, alrededor del 6º mes de gestación, cómo se van diferenciando las fases del sueño en las etapas de construcción y maduración, cómo se va modificando la duración de los ciclos de sueño y vigilia y el proceso por el cual se va concentrando el sueño en el período nocturno facilitando el desarrollo de los demás ritmos biológicos.
  • Analizar las distintas necesidades de cada etapa (ajustar conexiones neuronales, la alimentación frecuente para mantener los niveles de glucosa, la instauración de los primeros aprendizajes, la deambulación, el control de esfínteres, etc.) y cómo el sueño se va a ver alterado en relación a ellas en forma de despertares nocturnos.
  • Reflexionar sobre las prácticas que favorecen o dificultan la conciliación y el mantenimiento del sueño de toda la familia como pueden ser el colecho, la lactancia o las actitudes sensibles de los cuidadores y sobre las recomendaciones de sociedades científicas reconocidas como la OMS (Organización Mundial de la Salud) o la AEPED (Asociación Española de Pediatría).

  Nuestra experiencia directa en la consulta y a través de los cursos que hemos impartido nos confirma la sospecha de la enorme desinformación que existe entre la población sobre este delicado trascendental tema  así como de la necesidad de extender los conocimientos que tenemos al respecto. e esa manera evitaremos muchos problemas en el niño y en sus padres durante los primeros años de su crianza.  

  Con ese objetivo, en unas semanas nos proponemos organizar nuestra próxima charla sobre el manejo del insomnio infantil que tendrá lugar en nuestra consulta contando con un aforo limitado a 25 personas.   

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