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La crisis de los 50: un cambio con frecuencia positivo.

por Dr. Sergio Oliveros CaLa crisis de los 50: un cambio positivolvo, Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

  Hasta hace unos años, solo sabíamos que al cumplir 40 años nuestro grado de desarrollo personal alcanza su máximo y que a partir de entonces declinaba. Desde los 18 años, nuestro nivel de satisfacción no para de crecer pero se detiene al entrar en la cuarta década de nuestra vida. Es una edad en la que pasamos de ser quinceañero, veinteañero, treintañero, a ser cuarentón, cincuentón o sesentón. Empezamos a ser conscientes de nuestro inexorable envejecimiento. Hasta ese momento, nuestra curva de productividad y satisfacción ha sido por lo general ascendente pero ahí, según indicaba lo que sabíamos, empieza a caer irremisiblemente.

  Muchas personas al alcanzar los cuarenta reaccionan con una huida hacia la juventud. Empiezan de nuevo a emplear ropa vaquera, se dejan el pelo largo (los que pueden, claro), se compran una moto, se someten a intervenciones de cirugía estética y, con frecuencia, establecen relaciones triangulares con parejas más jóvenes o se divorcian para formar una nueva pareja “rejuvenecedora”. Se trata de una reacción íntimamente relacionada con el narcisismo y la inmadurez por lo que lamentablemente ocurre con mucha más frecuencia entre los hombres teniendo sus mujeres que encajar un duelo por la relación perdida, el desconcierto por el futuro perdido y, lo que es peor, la rabia por el pasado perdido junto a ese hombre que ahora les resulta un desconocido. Pasada esta situación, la mujer suele alcanzar un grado de bienestar mayor que el que tenía en su matrimonio. Como sabemos, el amor es química, el matrimonio física y el divorcio, al cabo, matemáticas.

Tratamiento Crisis de los 50

  Investigaciones recientes realizadas por la empresa Gallup y dirigidas por la Psicóloga de la Universidad de Stanford Laura Cartensen han comprobado, sin embargo, que a partir de los 50 se produce una nueva estabilidad que se traduce con frecuencia en un nuevo incremento de la productividad. Esta observación que acaba con el mito de que la madurez es sinónimo de decadencia.

  La persona ha alcanzado su verdadera madurez y sabe perfectamente lo que quiere y lo que sabe hacer bien, cuenta con una enorme experiencia y con una gran estabilidad emocional. Estos hechos facilitan que se vea animado a desarrollar su propio proyecto. Muchas empresas de éxito han sido iniciadas por personas en este sector de edad. En la encuesta, la inflexión de los cincuenta, alcanza su máximo en los 85, una edad en la que el grado de satisfacción supera al de los 18 años. El trabajo afirma que saber que el tiempo es finito (como decía la periodista Maruja Torres en uno de sus artículos en El País (“uno va viviendo y de repente se da cuenta que la vida va en serio”) centra nuestra atención en lo más relevante y en las relaciones que consideramos significativaspor lo que cada vez nos sentimos más satisfechos. El envejecimiento nos hace adoptar una perspectiva más positiva ante la vida, cambia nuestros objetivos, nos vuelve más reflexivos y dispuestos a la conciliación ante los conflictos. En definitiva, nos hace amar más y mejor nuestra vida. Quizá por eso, la encuesta encontró además un dato sorprendente. Las personas que informaron de más emociones positivas que negativas en su vida cotidiana, vivían más años.

  La vida no es la juventud. Tampoco es la juventud un divino tesoro ni mucho menos la mejor etapa de la vida. La vida es un camino continuo en el que su interés aumenta a medida que se recorre. Recordando el post que escribimos (http://bit.ly/SpiHOu), si uno mantiene su curiosidad, la vida mejora en belleza y contenido con cada año que se cumpla.

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