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La importancia de mantener la curiosidad en la madurez

por Dr. Sergio Oliveros Calvo, Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

Seguro que muchos de ustedes habrán visto ya este precioso vídeo que muestra a una niña de algo más de un año experimentando por primera vez con la lluvia. Fijaos en la posición de sus brazos, abiertos, de sus manos, rotadas hacia arriba, y de sus dedos, separados. Todo ello para intensificar sus nuevas y sorprendentes sensaciones. Fijaos en el placer que expresa con todo su cuerpo, la felicidad y excitación que inundan su rostro y la obstinación que le impide renunciar a esas sensaciones cuando la madre la conduce hasta el umbral de la casa y que le lleva, sin precipitarse y tomando las medidas para no tropezar en el escalón, a regresar a la intemperie para retomar la excitante experiencia. Ilustra maravillosamente la inquietud y curiosidad que dominan nuestra infancia y que, en condiciones normales perdura como mínimo hasta nuestra adolescencia.

Esta niña comienza una etapa de la vida donde todo parece eterno porque todo está repleto de excitantes estímulos nuevos por descubrir. Lamentablemente es una conducta que poco a poco se atenúa hasta desaparecer en muchos individuos en la edad adulta o incluso antes, como ocurre a veces en nuestra sociedad con algunos adolescentes.

Trato a varios profesores que ven como sus alumnos incluso de 14 años no creen que tengan ya nada que aprender y que entienden que la naturaleza y las bibliotecas son cosas aburridas que no les corresponde explorar. Esos alumnos desprecian el esfuerzo que hace el profesor para enseñarles por lo que éste acaba haciendo lo propio con sus alumnos y cerrando viciosamente un peligroso círculo de embrutecimiento inexorable de una parte de las futuras generaciones. Estos adolescentes son abortos del desarrollo vital e intelectual. No han podido completar su formación cuando ya han dejado de crecer intelectualmente y, lejos de madurar, no han hecho sino comenzar a envejecer.

Es evidente que tanto los padres como las leyes educativas somos los grandes responsables de esta catástrofe. Pero para los que aún estemos a tiempo, es importante que cambiemos la forma de pensar de nuestros hijos mostrándoles la riqueza de la naturaleza y el universo generando en ellos la inquietud y la curiosidad para que puedan seguir explorando todo por ellos mismos. Debemos mantener en ellos intacta la capacidad que expresa la niña del video y que, con una educación adecuada, puede perpetuarse a lo largo de toda la vida. La adolescencia es una etapa en la que “todo” es posible, uno no ha hecho aún nada para especializarse ni hacerse específico para nada. El desarrollo personal, con frecuencia, nos hacer perder una gran parte de esa pluripotencialidad, pero es importante que no dejemos de ser siempre un poco adolescentes.

Es la última etapa en la que conservamos la inocencia de la niña del video, pues, como tantas veces se ha dicho, la persona que deja atrás completamente su adolescencia empieza a morir. Como me dijo en una ocasión una paciente muy querida hemos venido al mundo a aprender y a enseñar, además de para amar y ser amados.

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