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La importancia del vínculo materno en el desarrollo emocional y relacional

tongues-1031219_1920por Dr. Sergio Oliveros Calvo, Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

  En el instante en que nacemos nuestra madre nos cubre con sus brazos, su sonrisa y su mirada y nos inviste con el manto imaginario del afecto. Es el momento en que establecemos uno de los vínculos más sólidos y duraderos que conoceremos en la vida, el apego a la madre. A partir de él comenzaremos el recorrido de un camino cómodo para encontrar nuestro lugar en el mundo y alcanzar el máximo desarrollo en el manejo de nuestros afectos que determinará nuestros patrones de relaciones afectivas, sociales y laborales.

   Sin embargo tal investimiento puede no llegar a producirse. Situaciones protagonizadas por una madre no empática, una madre enferma por depresión, una madre que no desea a su hijo o no le da la importancia que el hijo espera, van a traducirse en problemas con el apego y el vínculo. Tales problemas también pueden derivarse de los condicionantes genéticos del hijo, por supuesto.

  Pero ¿qué ocurre cuando el niño no experimenta este vínculo en las primeras etapas de su vida?

  El hecho ha sido investigado por científicos del Instituto Semel de Neurociencias y Comportamiento Humano de la Universidad de California Los Ángeles. El estudio revela que un núcleo del lóbulo temporal de cerebro, la amígdala, que procesa la memoria y las reacciones emocionales, puede ser el responsable del apego y las relaciones estrechas. Los investigadores compararon dos grupos de niños, unos se habían criado con sus padres biológicos mientras que otros lo habían hecho inicialmente en instituciones y luego con padres adoptivos. Analizaron la actividad de la amígdala cuando se les mostraba una foto de su padre y cuando se les mostraba la foto de un desconocido. Los niños que habían crecido junto a su familia biológica mostraban notables diferencias en la actividad eléctrica de su amígdala. Sin embargo eso no ocurría en los niños institucionalizados y luego adoptados. Éstos últimos mostraban una gran actividad cuando se exponían a la foto no sólo del padre adoptivo sino también del desconocido. Expresaban quizá así su orfandad y su necesidad de “padre”

  Es la primera vez que se encuentra un fundamento biológico a lo que en psicología denominamos la “amabilidad indiscriminada” y que se caracteriza por una necesidad de agradar a toda costa a extraños. Dicha actitud puede hacer incurrir al niño, adolescente o incluso adulto en exposiciones sociales potencialmente peligrosas o a establecer vínculos exageradamente íntimos con desconocidos que pueden explotarles de alguna manera. Quizá esto explique que los niños sirios desaparecidos en suelo europeo acudieran a la llamada seductora de los captores sin rechistar.

  En la preciosa, durísima y brutal película Slumdog millionaire se ilustra maravillosamente esta característica que lleva a los niños de la calle a caer en una cruel explotación a cargo de una organización mafiosa. La amabilidad indiscriminada es capaz de convertir al explotador más desalmado en el benefactor más bondadoso.

  Curiosamente la amabilidad indiscriminada se observa con frecuencia también en los pacientes afectos de trastorno límite de personalidad. Hasta que en una psicoterapia logran comprenderlo y modificarlo, estos pacientes con frecuencia se entregan desnudando su intimidad a desconocidos que lo único que hacen es sacar partido de su vulnerabilidad devolviéndoles a la soledad y el desamparo de los que pretendían huir.

  Una paciente muy querida y afecta de TLP que traté se acostaba con cualquier desconocido esperando que la quisiera después. Luego se sumía en un estado depresivo profundo cuando veía que ni siquiera le pedía su teléfono tras el encuentro sexual.

  Si, como adultos, nos vemos implicados en exceso en relaciones con desconocidos y luego nos arrepentimos, deberemos buscar el cambio a través de una experiencia psicoterapéutica. Algo anormal estará ocurriendo en nuestra amígdala pero solo la psicoterapia podrá cambiarlo

 

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