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La mente de un pedófilo

Violencia hacia los niños

por Dr. Sergio Oliveros Calvo, Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

Todos sabemos qué es la pedofilia y los crueles y devastadores efectos que provoca en sus víctimas tanto a corto como a largo plazo, pero no es frecuente que se sepa que en muchos casos se trata de una enfermedad.

Recientemente se ha puesto fin en Madrid a una alarmante cadena de graves abusos sexuales a niños del barrio de Ciudad Lineal con la detención del presunto responsable. Una de las víctimas, con tan solo 5 años, ha sufrido un ingreso hospitalario de un mes para recuperarse de las consecuencias físicas (heridas, contusiones y desgarros perineales). Pero algo señala que el daño es mucho más profundo: desde que fue violada no ha vuelto a hablar.

Mientras imaginamos la tormenta emocional que el pedófilo ha creado en la pequeña, frágil e inocente mente de la niña, el presunto responsable de la violación solo mostraba preocupación por los destrozos que realizaba la policía mientras buscaba pruebas en el piso donde abusaba de sus víctimas. Es evidente que el detenido ni siquiera contemplaba las consecuencias de sus actos pues con certeza su mente está gobernada por la anulación, un mecanismo de defensa inconsciente que ya tratamos en este blog La anulación, un mecanismo de defensa imprescindible en ocasiones. Gracias a este mecanismo es capaz de permanecer completamente ajeno al sufrimiento que genera y tratar a sus víctimas como meros muñecos destinados a satisfacer su impulso sexual desviado. El pedófilo en cuestión no es capaz de percibir en absoluto el sufrimiento que inflige a sus víctimas en el momento de la violación. Obviamante tampoco contempla el sufrimiento que va a generarles en su vida futura, netamente mucho más invalidante y devastador.

Aunque conocemos poco de este caso, todo orienta a que el agresor es un psicópata. La ausencia de padre por separación temprana, los sentimientos de inferioridad que mostraba en el colegio, sus dificultades en las relaciones interpersonales entre otras características que se han recogido sobre él, permiten ver cómo su personalidad actual puede ser la consecuencia de un desarrollo anómalo durante su infancia. Habría acabado poniendo en marcha la anulación como una alternativa inconsciente para limitar su propio sufrimiento y así conseguir su equilibrio. Pertenece a un subgrupo de pedófilos que no presenta el más mínimo malestar por sus tendencias y conductas pues no es conscientes de sufrir una desviación, es egosintónicos, se siente bien con su desviación. Son los pedófilos más activos y reincidentes y no son considerados enfermos por la ley.

Sin embargo hay otro grupo de pedófilos que sí se consideran enfermos. Estas personas experimentan intensas fantasías sexuales, impulsos sexuales y conductas que implican una relación sexual con un niño prepuberal (13 años o menos) pero de forma simultánea esta fantasías les generan un malestar significativo o un deterioro importante de su actividad social, laboral o de otras áreas de su funcionamiento. Es decir, se dan cuenta de su trastorno y eso les genera intensos sentimientos de angustia y culpa, son egodistónicos, se encuentran mal con su desviación. Con frecuencia piden ayuda para tratar su trastorno por lo que su actividad es menor y muestran una tendencia a la recurrencia más leve. Muchas personas en este grupo presentan antecedentes personales de abuso en la infancia, pobre soporte social, depresión, ansiedad, cogniciones aberrantes, déficit en el control de los impulsos, inmadurez emocional, rasgos narcisistas y dificultades para el establecimiento del apego pero no muestran conductas psicopáticas. Recientemente se ha identificado en algunos pedófilos de este grupo una especie de cortocircuito neuronal (conexiones neuronales aberrantes) que les podría conducir a una confusión entre la necesidad de protección de los menores y el impulso sexual hacia éstos.

El abordaje terapéutico del primer grupo es irrealizable. Se han ensayado diversas técnicas sin obtenerse el más mínimo efecto. Este hecho debería tenerse en cuenta en las consideraciones judiciales porque la puesta en libertad del preso tras su condena supone un riesgo inmediato para la sociedad. Es el caso del pederasta detenido que había cumplido condena por el mismo delito en el año 92. Ni siquiera son eficaces las medidas farmacológicas (antagonistas de la testosterona o reguladores de los impulsos) pues se trata de un trastorno del pensamiento. 

Por el contrario en el segundo grupo el tratamiento arroja resultados más alentadores si bien no disponemos de series amplias que confirmen la eficacia inequívoca del tratamiento. Las pautas empleadas son de corte cognitivo conductual y farmacológica. Las medidas que han mostrado una mayor eficacia han sido el entrenamiento en habilidades sociales, el adiestramiento en la empatía, el condicionamiento aversivo clásico y la reestructuración cognitiva. Como en cualquier perversión el abordaje psicoanalítico carece de toda utilidad.  

Muchas características del primer tipo son compartidas por muchos violadores. Cada vez son más numerosas las voces que piden una regulación perpetua penitenciaria de estas personas y es que no es para menos.

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