Seleccionar página

c/ Hilarión Eslava 55, 3º 1. 28015 Madrid

La personalidad: ¿la clave para el liderazgo político?

repor Dr. Sergio Oliveros Calvo, Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

  ¿Alguien se ha preguntado por qué la personalidad de los políticos presenta con cierta regularidad rasgos narcisistas, psicopáticos, histéricos, obsesivos o paranoides? ¿Por qué si sabemos que todos nos mienten les votamos? ¿Estos rasgos facilitan el liderazgo, el éxito electoral o la buena gestión de gobierno? ¿No es posible el éxito político con otro perfil de personalidad (esquizoide, fóbico etc.)? La realidad -y la experiencia- dicen que nadie que no sea, en mayor o menor medida, narcisista, histérico, psicópata, obsesivo y paranoide ha dirigido nunca un país… ni lo hará.

  Veamos porqué son necesarios estos ingredientes para convertirse en un líder

 

Rasgos narcisistas

  Son personas que buscan ante todo el triunfo por lo que poder y/o dinero son objetivos inherentes a esta personalidad. Suelen ser características de esta personalidad (y, claro, de muchos políticos):

  • Arrogancia y egolatría
  • Desprecio secreto o abierto a los demás
  • Fantasías de superioridad y éxito ilimitado
  • Sentido de superioridad intelectual o moral
  • Creencia de merecer un trato especial
  • Explotación interpersonal, no duda en mentir, aprovecharse de otros y traicionar soterrada o abiertamente a quien haga falta para conseguir sus objetivos personales.
  • Falta de empatía y de sensibilidad a la crítica

  Es evidente que todo esto no sirve de ningún modo para que el líder pueda tomar las decisiones más acertadas o las medidas que carezcan de rentabilidad electoral como a veces exige el buen gobierno, pero es indudable que facilita enormemente la creación de líderes altamente carismáticos, mediáticos y con gran éxito electoral, un objetivo inherente a la política.

 Su objetivo es el éxito personal pero el alejamiento de su verdadero papel, el servicio a los demás, le convierte con frecuencia en una quijotesca fantasía de sí mismo. No olvidemos las venenosas e inteligentes palabras del socialista francés Dominique de Villepin que resumía el problema de su enemigo político, Nicolás Sarkozy (claro ejemplo de este perfil), en  confundir el poder con la gloria.

 

Rasgos psicopáticos

  Este tipo de político es menos frecuente, afortunadamente, pero constituye la mayor amenaza para un país pues carece del más mínimo sentido de la ética, empatía y compasión. Su estilo de relación es artificial y distante y ven en los demás meras herramientas para satisfacer sus objetivos. Sabe seducir y lo hace de forma calculada y metódica. Ejercen la explotación de los demás de una manera sistemática y para ello despliegan las más refinadas artes seductoras con un amplio repertorio de buenos modales e inteligencia. Mienten sin pestañear si es necesario. Se muestran encantadores, además de ser socialmente hábiles, simpáticos y atractivos. Su aspecto convincente genera confianza en los demás lo que les permite alcanzar altas cotas de influencia y poder. Carecen de sentimientos de culpa y de empatía. Por eso no tienen inconveniente en corromperse/corromper, robar o incluso, en casos extremos ordenar ejecuciones más o menos oficiales.

  Toda su conducta delictiva es calculada y planificada reduciendo al máximo el riesgo en que incurren y la probabilidad de ser descubiertos por lo que no es sencillo identificarlos. Es raro, aunque afortunadamente cada vez menos, que este tipo de político termine en la cárcel.

  ¿Cómo es posible que el mundo funcione tan mal? Pues probablemente porque puede estar en parte gobernado por psicópatas. Mienten y toman las medidas que satisfacen sus propias necesidades y lo hacen casi siempre de forma impune. Nunca les importa ni cómo ni a costa de quien o de qué lo consigan.

  Pero esta personalidad tiene, si cabe, una ventaja: hace lo que otros ni siquiera contemplarían.  Cualquiera preferiría estar al lado de un psicópata en una trinchera pues hará lo más inesperado y acaso eficaz. Son personalidades idóneas (con reservas) en ocasiones, por tanto,  para las situaciones de crisis, pero muy nocivas en cualquier otro contexto.

 

Rasgos histriónicos

 Esta personalidad se caracteriza resumidamente por

  • Necesidad de manipulación lo que incluye la mentira como herramienta habitual.
  • Teatralización de sus emociones y puestas en escena. Son más personajes creados por sí mismos que personas. Sus mentiras van dirigidas a reforzar al personaje creado frente a los demás.
  • Necesidad de ser el centro de la atención y muestran malestar si no lo son.
  • Necesidad del aplauso, el voto y la aprobación por parte de los demás como una forma de gratificarse.
  • Discurso lleno de términos altisonantes pero carente de contenidos reales y de matices.

  Así, el líder histriónico busca con denuedo frecuentes e impactantes apariciones y declaraciones públicas con la conveniente dramatización. En el diálogo se muestra extremadamente manipulador y si se le acorrala y cuestiona una afirmación falsa muestra irritación y se reafirma con una nueva mentira. Es como si viviera una obra de teatro en la que él es el protagonista y hace lo imposible para no perder tal protagonismo.  

 

Rasgos obsesivos

  Este tipo de personalidad en un líder político genera confianza por su intenso sentido de la ética/moral, su estabilidad emocional y su forma concienzuda de trabajar.

  Son muy eficaces es situaciones de estabilidad social, económica y política pues son muy buenos gestores pero sus necesidades de previsión les hacen muy ineficaces en la improvisación y la adaptación a situaciones de crisis con decisiones rápidas o arriesgadas al contrario de los líderes psicopáticos.

  Estos políticos suelen ocupar las segundas y las terceras filas en los partidos políticos y no suelen ser muy visibles. Se encargan de la gestión y la administración pero no son aptos para el liderazgo pues carecen de todo carisma y atractivo estético y dialéctico.

 

Rasgos paranoides

 El político paranoide percibe significados ocultos conspiratorios hasta bajo las circunstancias y hechos más insignificantes. Además, desconfía de todos, incluso de sus colaboradores más cercanos y, ante lo que interpretan como una deslealtad, pueden llegar a eliminar al posible traidor. Y esto puede suceder de una forma retórica, manteniendo una actitud de rencor que puede durar décadas o de forma literal, como hacía Stalin. Si viviera el pobre compositor ruso Shostakóvich nos podría contar mucho de este perfil. Dejó de componer cuando Stalin estuvo a punto de enviarle a Siberia. ¿El motivo? Considerar subversiva su 15ª sinfonía, porque el dictador no entendió su rompedora armonía que tomó por contrarrevolucionaria. Como es comprensible, el músico no volvió a componer nada… por si acaso.

  La personalidad paranoide combinada con la narcisista es esencial para el líder dictatorial: centra todo el poder el su figura, elimina cualquier disidencia y añade una enorme estabilidad a la nación y a su estructura política, eso sí, a costa de diezmar la población y eliminar cualquier atisbo de pensamiento independiente. Sin duda en tribus primitivas este perfil de líder tuvo un destacado papel. Muchos se preguntan si lo volverá a tener en el futuro ante la progresiva emergencia de líderes de orientación dictatorial como Putin, Trump, Farage, Erdogan, Berlusconi, Chaves, Ortega etc.

 

 Rasgos borderline

  La personalidad borderline tiene pocos aspectos que resulten adaptativos con excepción de la creatividad y la intensidad de sus emociones. Normalmente son personas que por su impulsividad, incapacidad para controlar la ira e inestabiiidad, provocan el rechazo en muchas de sus relaciones por lo que en condiciones normales no suelen alcanzar posiciones de liderazgo político. Por el contrario pueden tener éxito en los negocios por los riesgos que asumen y lo atípico de sus decisiones que ocasionalmente pueden ser acertadas en contra de lo previsible. Por eso hay grandes personajes de la banca y la empresa que cumplen con estos criterios pero no son frecuentes en política salvo en situaciones revolucionarias (Che Guevara) o dictatoriales (Hitler, aunque la patología mental de éste incluía muchos otros trastornos). El gran atractivo político del lider borderline es la pasión que suele transmitir y que contagian a votantes del mismo perfil o de cualquier otra personalidad inmadura (narcisista, histriónica, borderline o antisocial). 

 

Conclusiones

   Sin un gran esfuerzo analítico, el lector habrá podido identificar con sencillez rasgos de unos o varios tipos de personalidad en líderes del pasado y del presente. Precisamente, lo que más valoramos en las personas, es que sean “normales” pero, sin embargo, eso es es algo que nunca podremos ver en un político, acaso porque una persona normal nunca va a necesitar imponerse sobre los demás, explotarles en su propio beneficio o tomar la mentira como una herramienta para la vida cotidiana.  O acaso porque nunca votaríamos a un líder normal.

  En realidad, ningún político es un ejemplo puro de estos rasgos de personalidad. Lo normal es que, en la mayoría de los casos, prime un rasgo más evidente (tipo primario) sobre otros menos manifiestos (secundarios). Esto significa que, con frecuencia, un líder puede ser esencialmente narcisista y expresar, a la vez, rasgos histéricos o ser esencialmente psicópata y mostrar también rasgos paranoides.

  Por ejemplo en el candidato a la presidencia de EEUU Donald Trump es sencillo advertir tanto rasgos psicopáticos (eludir el pago de impuestos, cosificar a las mujeres etc.) como narcisistas (presumir de no pagar impuestos, sentido de superioridad y  omnipotencia, egolatría etc.), paranoides (se considera víctima potencial de una conspiración mediática y política) e histriónicos (gusto por ser permanentemente el centro de la atención, manipular mediante la teatralidad al oyente etc.). Este político presenta además evidentes rasgos borderline (impulsividad, inestabilidad, dificultad para controlar la ira etc.). Y son precisamente todos estos rasgos anómalos de personalidad y solo éstos (recordemos que ni siquiera su propio partido le apoya) los que pueden convertirle el el primer neodictador de la democracia americana mañana. 

  La resultante de todos sus rasgos de personalidad es lo que convierte a un político anónimo en un líder de éxito. Tal éxito depende en última instancia de la situación social o histórica en que ocurra.

  En un otro post hablaremos sobre los mecanismos inconscientes qué nos pueden mover a votar a este tipo de personalidades cuando no nos son impuestas por una dictadura. 

De sapos y princesas: la idealización en la relación de pareja

Aprendemos a idealizar desde la infancia con los cuentos de hadas. La idealización es un fenómeno que favorece el bienestar y mantenimiento de la pareja. Sin embargo, cuando ocurre masivamente en la elección de la pareja con frecuencia induce a deformaciones de la realidad percibida que suelen acarrear consecuencias muy negativas.

Elección neurótica de pareja y parejas neuróticas

La elección de pareja obedece, en la mayor parte de las ocasiones, a motivaciones inconscientes neuróticas que con frecuencia acaban convirtiendo la relación en una cárcel que perpetúa el conflicto inconsciente del que pretendíamos huir mediante nuestra elección. Analizamos estos factores inconscientes y la forma de afrontarlos.

Alexitimia, el blindaje (a veces irreversible) de la emoción

La alexitimia, incapacidad para tomar conciencia y expresar las emociones, afecta a un 8-10% de la población, preferentemente masculina. Analizamos este síntoma que puede destrozar muchas relaciones de pareja y trabajo por sus dificultades para sentir pero que puede mejorar en muchas ocasiones con el tratamiento adecuado.

Alienación parental, una maniobra perversa tras el divorcio.

El Síndrome de enajenación o alienación parental es el resultado clínico del empleo del menor como un arma de agresión de un progenitor contra el otro. Su aparición puede ser imperceptible pero la intervención es imperativa si queremos evitar un daño irreparable en el niño y en su vida como adulto.

El bullying, una peligrosa agresión cada vez mejor detectada y tratada.

¿Por qué hay tantos casos de violencia entre menores? ¿Es posible detectar estas situaciones “a tiempo”? ¿Qué podemos hacer los padres y educadores para evitarlo? ¿Qué hacer cuando sospechamos o detectamos un caso? ¿Cuál es el perfil del acosador?, ¿son esos niños (acosadores y acosados), enfermos mentales?

Distimia: la depresión (pseudo) resistente

Una depresión que no responde bien a un antidepresivo eficaz puede estar sugiriendo la presencia de una disitimia y la necesidad de complementar el tratamiento con (o, incluso, sustituirlo por) una psicoterapia. Aprende más sobre este frecuente problema.

Realice su consulta aquí: 

Acepto las condiciones

captcha

Calle Hilarión Eslava, 55
28015 Madrid, Spain