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La procrastinación ¿síntoma o enfermedad?

lazypor Dr. Sergio Oliveros Calvo, Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

 

  Definimos procrastinación como la tendencia a aplazar tareas para evitar la tensión que acarrea levarlas a cabo como aconsejaba el escritor norteamericano Mark Twain: “No dejes para mañana lo que puedas hacer pasado mañana”. Es una condición que afecta al 15-20% de las poblaciones occidentales y con frecuencia se traduce en problemas laborales, familiares y sanitarios serios no sólo para el que lo padece sino, muchas veces también, para los que le rodean.

  Es frecuente detectar esta característica en personalidades obsesivas, dependientes, borderline y fóbicas así como en la depresión y en sujetos adultos con trastorno por déficit de atención residual (TDAH). Por tanto podemos estar hablando de una conducta que tiene muchos orígenes diferentes. El obsesivo aplaza la decisión porque no está seguro de cuál es la mejor opción, el fóbico teme las consecuencias de su elección, el dependiente prefiere que la decisión la tome otro por él, el borderline no tolerará la frustración que le supone el aplazamiento de la satisfacción final y abandonará antes de conseguirla, el depresivo tiene demasiados pensamientos negativos para poder decidir nada y el TDAH residual se aburre en el lapso de tiempo que le toma decidir y abandona. Se ha propuesto el concepto de personalidad procrastinadora pero lo cierto es que los intentos para demostarr su existencia han fracasado y que en la práctica clínica se objetiva claramente que no es más que un síntoma más de un problema mayor como sería la tos para una neumonía, una tuberculosis, un enfisema, un asma o una bronquiolitis.

  En 2002 un estudio realizado por investigadores del prestigiosísimo MIT (Massachusetts Institute of Technology)  demostró en una población de estudiantes que el establecimiento autoimpuesto de un plazo tiende a ser incumplido con más frecuencia que cuando el plazo se impone externamente. Es decir, el someterse al criterio de un entrenador, jefe o director facilita el cumplimiento de las tareas en una mayor parte de la población. Nos son familiares las frases “me queda mucho tiempo para el examen”, “tengo que hacer más ejercicio” o “tengo que empezar la dieta”, tareas tendemos a incumplir a menos que dispongamos un monitor externo que examine nuestros logros. Es frecuente que necesitemos la tensión de una obligación externa para cumplir un objetivo pero el procrastinador incumple la tarea incluso cuando el plazo es externo pues aplaza todo hasta que está a punto de cumplirse y entonces desiste porque se ve incapaz de hacer toda la tarea en tan poco tiempo. Y lo hace porque no tiene las herramientas para actuar de otro modo, es víctima del trastorno que genera su síntoma.

  La mejor forma, por tanto, de corregir las conductas procrastinadoras es tratar el trastorno mental subyacente con las aproximaciones psicofarmacológicas y psicoterapéuticas adecuadas, y de forma general, fijarse metas cortas y frecuentes y delegar la supervisión de los logros en una estrecha monitorización externa. Obviamente, habrá que diseñar un tratamiento específico para cada condición.

  Un pensamiento chino dice que hasta el camino más largo empieza por un primer paso. Es ese primer paso el que el procrastinador nunca puede a dar solo. Los siguientes los hará sin problemas cuando su trastorno de base se haya resuelto.

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