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La teoría de la automedicación en las adicciones

por Dr. Sergio Oliveros Calvo, Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)cocaine heap

Hasta mediados del siglo XX predominó el paradigma moral en las adicciones. El adicto era un ser depravado, holgazán y sin voluntad que generaba un grave problema social y sanitario por deseo propio. Eso hacía que la psiquiatría le hiciera responsable de su solución y que los pacientes buscaran en los grupos de autoayuda, como Alcohólicos Anónimos, la solución.

Sin embargo, un psicoanalista de origen armenio que atendía a adictos en la Universidad de Harvard, observó que existían patrones que se repetían entre los distintos adictos. Así pudo verificar entre sus pacientes que los heroinómanos presentaban mayores dificultades en el manejo de su agresividad, los alcohólicos problemas afectivos y de relación social o los cocainómanos síntomas depresivos previos a su adicción. Todos los pacientes habían consumido al menos tres sustancias antes de desarrollar la dependencia que motivaba su tratamiento. La pregunta era ¿qué había motivado la elección de una droga o no de otra? Esta investigación hizo que en 1974, este investigador formulara la “Teoría de la Automedicación” según la cual, en función del trastorno psiquiátrico subyacente que padeciera el paciente, iría probando distintas drogas hasta encontrar y elegir aquella que aliviara más eficazmente su sintomatología psiquiátrica previa. Un vendedor de coches tímido puede comprobar que bebiendo alcohol antes de abrir el concesionario mejora sus ventas, un paciente con un TDAH residual o un músico depresivo puede cambiar su existencia y visión del mundo consumiendo cocaína o un adolescente víctima de malostratos con dificultades para manejar sus impulsos agresivos puede ayudarse de la heroína para atemperarlos. Todos estos pacientes llegarían al tóxico de una manera intuitiva con fines autoterapéuticos. Obviamente, el uso abusivo posterior de la droga acaba generando una dependencia, un problema con entidad propia que requiere tratamiento y que, con frecuencia, suele centrar la atención de las terapias que ignoran los factores que la originaron.

No hace falta tener una vasta experiencia en adictos para comprobar que esta teoría es plenamente sólida y veraz. Por eso es desaconsejable que el tratamiento de una adicción sea impersonal, protocolario o estandarizado. Es decir, que tratemos de la misma forma a todos los pacientes. Tales aproximaciones están destinadas al fracaso. Hace una década en Madrid se expulsaba del tratamiento al paciente que recaía atribuyéndole a él la responsabilidad de la recaída. No había reflexiones críticas ni análisis profundos de las causas. La culpa era del paciente y punto. Me pregunto qué pensaríamos si un neurólogo expulsara a un paciente epiléptico de su consulta cuando siguiera presentando crisis a pesar de su tratamiento.

En la interesante investigación que realizó uno de mis maestros, el Dr. Luis Caballero del Hospital Puerta de Hierro, y que le llevó a alcanzar su doctorado, observó que en el contexto de las terapias no específicas en adictos, el éxito de un tratamiento lo determinaba sencillamente el puesto que ocupara en la secuencia de tentativas terapéuticas. Siempre funcionaba mejor la que se hubiera empleado en séptimo lugar que la que se empleara en segundo, fuera de la naturaleza que fuera. Como si hubiera una tendencia natural a la curación por agotamiento.

Una forma de abreviar este proceso es precisamente atender a los factores subyacentes de la adicción, esto es, tratar la fobia en el alcohólico o la depresión en el cocainómano de forma simultánea al abordaje de la dependencia. El adicto es un paciente con dos problemas. Si solo tratamos uno fracasaremos y, lo que es peor, pensaremos que el responsable del fracaso es el propio paciente.        

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