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Las relaciones adictivas

por Dr. Sergio OliveLas relaciones adictivasros Calvo, Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

Muchos de nosotros hemos vivido relaciones en las que hemos querido vivamente vernos libres del otro sin ser capaces, sin embargo, de prescindir del él/ella. La esterilidad, el aburrimiento, la castración, la agresividad son características de muchas de esas elecciones de pareja que causan la perplejidad de cuantos nos rodean. “Pero ¿por qué no le/la dejas ya?” Nos preguntan incansablemente amigos y familiares sin que podamos ofrecerles una respuesta convincente.

Ya ilustramos la compulsión a la repetición en un post anterior con el caso de una paciente que se vio libre de los malos tratos a los que era sometida por su marido alcohólico al atreverse a resolver aspectos inconscientes de su pasado que rechazaba afrontar. Tales aspectos le ataban inexorablemente a sus parejas maltratadoras sin que ella pudiera ver por sí misma las necesidades de dependencia que satisfacía con aquellas. Son los vínculos adictivos más peligrosos pues, como una droga, buscando en ellos nuestra redención a través del esquivo amor lo que obtenemos es nuestra destrucción.

Otro factor tóxico que desemboca en vínculos adictivos es la culpa pero de este tema nos ocuparemos en un post posterior por su amplitud. Señalaremos aquí que la persona puede soportar una relación adversa por el convencimiento de ser merecedor del trato que se le ofrece, buscando el dolor y el sufrimiento como una forma de redimir su culpa. Es el fundamento del sometimiento masoquista, otra cara peligrosa de este tipo de relaciones.

En los vínculos adictivos juega también un papel importante el mecanismo de defensa denominado “identificación proyectiva”. A través de ella, el sujeto pone inconscientemente sobre el otro aspectos de sí mismo que no puede aceptar (por ejemplo su inteligencia, su belleza, su encanto) para a continuación identificarse con ellos. Es frecuente en personas que se han sentido invisibles durante su infancia ante la mirada de las personas que amaba. Estas personas sólo son capaces de verse a sí mismos cuando se proyectan sus características sobre otro con el que se identifica y estuvieran dispuestos a soportar lo que fuera necesario con tal de poderse ver de esa manera. Es el mecanismo que nos hace sentirnos más inteligentes, bellos o simpáticos cuando estamos enamorados. En esos casos, sólo en ese estado somos capaces, sin saberlo, de vernos a través de las pupilas del/a amado/a. De ahí que la ruptura de pareja acarree un dolor profundo como si el otro se hubiera llevado una parte vital de nosotros. En tales casos el otro no se lleva nuestro corazón sino algo peor, los ojos a través de los cuales podíamos vernos. La persona víctima de este mecanismo cae en la relación adictiva pues necesita evitar el mortal vacío que anticipa la ruptura conllevará.

La psicología cognitivo conductual pone el refuerzo contingente o aleatorio como un motor para las relaciones adictivas. Como si un perro es castigado y premiado de forma caprichosa por la misma conducta. No pudiendo entender la forma en que es tratado persiste en su conducta persiguiendo el premio a pesar de los castigos que debe afrontar para conseguirlo. No obstante, en mi opinión tal refuerzo conduce a la extinción de la respuesta y, en cambio, las personas podemos obstinarnos en mantener una relación adictiva hasta nuestra destrucción.

Vemos cómo las relaciones adictivas adoptan muchas caras distintas y afectan a un enorme número de personas. De ahí que se hayan recogido en la sabiduría popular a lo largo de toda la historia. Traemos aquí un fragmento de una conocida copla española que sintetiza maravillosamente estas formas tóxicas de amar.

Ni contigo ni sin ti
tienen mis males remedio;
contigo, porque me matas
y sin ti, porque me muero.

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