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Terapia conductista: observando comportamientos

por Patricia Aberturas Puerto, Psicóloga Madrid (Grupo Doctor Oliveros) 20

  Podemos ubicar el inicio de la terapia conductista a finales del siglo XIX con las premisas de Watson. Aparece influido por fisiólogos rusos como Pávlov, quien en sus estudios con animales descubrió que
presencia del sonido
de una campana y asociado a comida, hacía que dicha asociación acabara afianzándose en el animal hasta el punto que bastaba tras un tiempo con que sonara la campana para que los animales salivaran incluso sin presencia de la comida. Se trataba del condicionamiento clásico.

  Con posterioridad Skinner incorporó el concepto de condicionamiento operante observando que el ser vivo tiende siempre a evitar las experiencias dolorosas y desagradables (condicionamiento aversivo o refuerzo negativo) y, por el contrario, tendemos a repetir aquellas conductas cuyo resultado ha sido agradable o placentero (condicionamiento de recompensa o refuerzo positivo).

  La terapia conductista se basa en la observación de comportamientos simples que aparecen encadenados en el sujeto, bajo el fundamento de que a todo estímulo le sigue una respuesta y esta respuesta surge de la interacción entre la persona y su ambiente. Un ejemplo es el incremento que experimenta un cocainómano en su impulso de consumir cocaína cuando entra en un local donde ha consumido previamente (refuerzo positivo), o el aumento de la probabilidad de tomar una aspirina cuando nos duele la cabeza si nos ha disminuido previamente el dolor (refuerzo negativo).

  La probabilidad de que se repita o no esta cadena de estímulo-respuesta dependerá de las consecuencias que experimentemos. De esta forma quedará reforzada la conducta y, por tanto, aumentará la probabilidad de que repitamos ese comportamiento, cuando nos aporte algo positivo o elimine algo negativo; así mismo será percibida como castigo, disminuyendo la probabilidad de que repita el comportamiento cuando nos aporte algo negativo o nos elimine algo positivo.

  De la psicología conductista se han ido derivando una serie de técnicas terapéuticas denominadas técnicas conductuales que son especialmente utilizadas en el tratamiento de problemas como adicciones, comportamiento obsesivo-compulsivo, fobias, trastornos infantiles de la conducta como la enuresis, ansiedad y ciertas formas de comportamiento antisocial, entre otras.

  Se asienta en la base de intervenciones psicoterapéuticas que incluyen:

  • Exposición real y virtual: muy útil en fobias o trastorno obsesivo compulsivo. La persona es expuesta a una situación temida de forma que la cadena estimulo-respuesta sea finalmente extinguida al comprobar la ausencia de consecuencias negativas reales.
  • Relajación: persigue realizar conductas alternativas incompatibles con el problema (relajarse en una situación de estrés)
  • Activación conductual: útil en la depresión. Desarrollada sobre los trabajos de Fester y Lewinsohn se basa en la premisa de la inactividad que acompaña a la depresión y que funciona en forma de círculo vicioso empeorando la tristeza, el estado de ánimo negativo y fomentando emociones negativas como la culpa. Utiliza principios básicos del aprendizaje en forma de actividades placenteras (reforzantes) rompiendo el círculo vicioso de tristeza-inactividad. Es decir, rompe la inactividad con activación, dando lugar de nuevo a emociones positivas y sensación de control. El término activación conductual se acuñó posteriormente, popularizándose a raíz de la inclusión de esta técnica como un componente de la Terapia Cognitiva de Beck.

  En resumen, las técnicas conductuales, derivadas de la terapia conductista, más utilizadas

  • Técnicas para fomentar la aparición de conductas deseables
  • Técnicas para incrementar las conductas deseables ya existentes
  • Técnicas para mantener conductas deseables
  • Técnicas para eliminar conductas indeseables
  • Técnicas para reducir y eliminar la ansiedad

  Actualmente, las técnicas cognitivas y conductuales se entrelazan formando la orientación psicológica denominada terapia cognitivo-conductual de la que nos ocuparemos más adelante.


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