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Trastorno por Estrés postraumático

  La respuesta normal ante un peligro es el miedo. Esta reacción desencadena una cascada de reacciones en el cuerpo que nos capacita para analizar la situación con precisión así como reaccionar más rápido y con más fuerza y realizar una mayor coordinación muscular. El resultado será afrontar el peligro o huir con mejor rendimiento. En lo sucesivo evitaremos exponernos a situaciones similares y así nos protegeremos del daño.

  Sin embargo, en el trastorno por estrés postraumático que tratamos, tras una exposición a un peligro intenso el sujeto vuelve a experimentar esa misma cascada de reacciones pero de forma caprichosa y sin exposición directa a un nuevo peligro. Así, de forma súbita e inesperada, un policía puede experimentar imágenes vívidas del atentado que sufrió muchos años atrás (flashbacks) o una mujer adulta puede reexperimentar soñando el terror que sentía en su infancia cuando era violada por su hermano.

  Clásicamente, el PTSD se estudió en veteranos de guerra y supervivientes de campos de concentración pero afecta a personas que han sufrido secuestros, tortura, violación, abusos infantiles, accidentes (aviones, trenes, tráfico), atentados terroristas, terremotos, inundaciones etc. Basta con que ante el suceso el sujeto haya visto en peligro su vida. Hemos tenido casos de PTSD tras taquicardias incontroladas por inhalación de cannabis, por ejemplo. 

  Con frecuencia el paciente afecto de PTSD suele ser erróneamente diagnosticado de trastorno de ansiedad generalizada, abuso de sustancias (frecuente en esta población), crisis de angustia, depresión o trastorno de personalidad lo que retrasa el diagnóstico correcto y el tratamiento eficaz

  El PTSD afecta en torno a un 2% de la población adulta (unas 950.000 personas en España) pero su cifra se dispara en zonas afectadas por una catástrofe (en Madrid, tras los atentados del 11-M la cifra de afectados en las zonas próximas a los atentados alcanzó el 4,3%)

  El tratamiento más eficaz descansa sobre algunos inhibidores de la recaptación de serotonina si bien deben ser administrados bajo supervisión por incrementar el riesgo de tentativas de suicidio en las etapas iniciales del tratamiento. Otro pilar esencial en el tratamiento de estos pacientes son la psicoterapia EMDR (desensibilización y reprocesamiento por movimientos) y la psicoterapia cognitivo conductual basada en la exposición. Otras aproximaciones, todavía experimentales, y que se muestran muy prometedoras son la estimulación cerebral profunda con electrodos implantado y la estimulación magnética transcraneal.  

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