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Una breve aproximación a la sexualidad femenina

por Esther Fuentes de Diego, Sexóloga Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

  La sexualidad femenina ha sido una cuestión relegada e ignorada hasta épocas recientes, solo se veía explicada por una situación de prostitución o de enfermedad mental. En este contexto las mujeres tenían que adaptarse a un estereotipo rígido que las encorsetaba en un rol sumiso y pasivo, al servicio del varón, en el que desaparecía cualquier indicio de autonomía e individualidad.

  Gracias a la liberación sexual de nuestros días se han superado bastantes actitudes negativas hacia la sexualidad en general y de la mujer en particular. Las mujeres empiezan a tomar contacto con su cuerpo, a sentirse libres de experimentar placer y buscar satisfacción en la relación sexual, a manifestar sus deseos y preferencias.

  Pero el hecho es que se han observado diferencias entre la sexualidad femenina y masculina, debidas tanto a las influencias culturales y educacionales, como a las fisiológicas. Descubrir estas diferencias, ha servido para despatologizar y normalizar el funcionamiento sexual de la mujer.  

   En este caso vamos a hablar de algunas de las características propias de la sexualidad femenina. Se ha observado que para algunas mujeres, son elementos determinantes el contexto emocional y las situaciones previas al encuentro sexual en sí. En los primeros momentos pueden mostrar un desinterés por las caricias genitales, prefiriendo estímulos auditivos o táctiles y dedicando mayor tiempo a besos y caricias no necesariamente sexuales al principio, para luego ir incorporando las estimulaciones de carácter sexual. Esto se explica en parte, porque a las mujeres desde pequeñas, se les permiten las señales físicas de afecto, abrazos, besos, etc. Esto ayuda a desarrollar la sensibilidad global del cuerpo. A excepción de los genitales femeninos, los cuales han permanecido ocultados e ignorados, convirtiéndose en algo desconocido y sombrío a lo que no hay que atender. Por todo esto, algunas mujeres tienden a focalizarse más en las sensaciones de todo el cuerpo olvidándose de las que también sus genitales les pueden aportar.

   El ejemplo más claro de la ignorancia de los genitales femeninos es el desconocimiento del clítoris. Su estudio ha sido una cuestión de poco interés por la comunidad científica hasta hace poco tiempo. Debido a que culturalmente, se ha relegado las relaciones sexuales al ámbito reproductivo (centradas en la penetración), por lo que si en algún momento se hablaba de los genitales femeninos era para referirse a la vagina, pues la única función del clítoris es proporcionar placer.

      Esta falta de información y de desconocimiento en relación a la sexualidad contribuye a la formación de expectativas o ideas erróneas en relación con el funcionamiento sexual. Todavía se mantienen en la actualidad mitos y concepciones erróneas sobre la sexualidad femenina que, para algunas mujeres, son el origen de una actitud negativa hacia el sexo y hacia su respuesta sexual.

  La idea de que es el hombre el responsable y el encargado de proporcionar placer sexual a la mujer está aún muy extendida y contribuye, en gran medida, a que la mujer adopte muchas veces una actitud pasiva y no sea consciente de que es ella quien debe hacerse cargo de su propio placer, por lo que este queda en manos del buen hacer de su pareja. De forma que muchas mujeres no conocen sus deseos y necesidades, desconocen su anatomía y qué partes de su cuerpo les proporciona placer. Muchas de ellas, ni siquiera aprendieron a autosatisfacerse. Esto dificulta en gran medida que puedan comunicar y enseñar a sus parejas, cuáles son sus gustos y preferencias en el terreno sexual. En definitiva, la mujer tiene su propia sexualidad, pero no es dueña de ella.

  De la misma manera que todavía muchas mujeres consideran que deben, aunque no les apetezca, acceder a los requerimientos de su pareja priorizando el placer de ella por encima del suyo propio. Y si no lo hacen, se sienten culpables. De ahí, que, para algunas mujeres la sexualidad no sea prioritaria en su vida y les resulte difícil concebir la sexualidad como parte de ellas mismas.

  Igualmente, extendida esta la idea de que para estar plenamente satisfecha con su vida sexual, la mujer tiene que llegar al orgasmo a través del coito. A pesar de que una gran mayoría de mujeres no experimenta el orgasmo como consecuencia únicamente de la penetración. Pues necesita, en muchas ocasiones, de una estimulación adicional ya que durante el coito, el clítoris solo se estimula de manera indirecta.

  Estas y otras ideas más, todavía condicionan la vida sexual de algunas mujeres y de algunos hombres. De hecho, uno de los objetivos de toda terapia sexual es erradicar estas falacias, puesto que influyen negativamente en la vida sexual.

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Otras causas que influyen negativamente en la satisfacción sexual de la mujer pueden deberse a experiencias sexuales negativas, problemas de ansiedad o depresión, sucesos traumáticos como sufrir abusos sexuales, falta de seguridad en si mismas, problemas de pareja, etc. Por lo que no es casualidad que muchas mujeres acudan a consulta habiendo desarrollado disfunciones sexuales y manifestando problemas de deseo sexual, dificultad en la excitación o para alcanzar el orgasmo, y dolores en las relaciones sexuales.

  Tanto hombres como mujeres deberíamos entender que el sexo no es un examen que tenemos que aprobar ni es una lista de normas y exigencias que debemos cumplir para tener una sexualidad satisfactoria o para mantener buenas relaciones con la pareja. Sino que es una parte de nuestra vida de la que somos dueños, y por tanto, decidimos libremente si queremos compartir o no. La sexualidad debe ser entendida como una parte nuestra en la que nos sentimos a gusto con el otro, no por el otro; una sexualidad como un espacio para comunicarse, como forma de expresión en la que nos sintamos libres de compartir, nuestro dolor, rabia, satisfacción, deseo, pasión, sin sentirnos culpables.

  Pero este camino no ha estado exento de obstáculos. La presión sociocultural que ha vivido la mujer en el ámbito sexual, ha pesado de forma considerable. Durante mucho tiempo la respuesta sexual femenina se entendió bajo el prisma del modelo de funcionamiento sexual del varón, dando como resultado una visión de la sexualidad femenina empobrecida y disfuncional.

   Es misión de todos corregir este rumbo y conceder a la mujer la sexualidad que como ser humano individualizado y libre merece. 

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