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Trastorno bipolar

El trastorno bipolar es un trastorno del estado del ánimo que está caracterizado por la alternancia de fases de hipomanía/manía y fases depresivas.

  En las fases depresivas el paciente muestra síntomas como:

  • estado de ánimo triste.
  • llanto.
  • aislamiento social
  • disminución de su rendimiento laboral y doméstico
  • disminución de la energía para hacer cosas.
  • incapacidad para disfrutar.
  • pérdida del apetito con pérdida de peso.
  • disminución del impulso sexual.
  • etc.

En las fases hipomaniacas, por el contrario, el paciente se muestra:

  • eufórico.
  • con un grandioso sentido de sí mismo.
  • hiperactivo.
  • impulsivo.
  • habla y piensa más rápido.
  • sobreestima sus capacidades y recursos.
  • ve incrementado su apetito y rendimiento sexual.
  • sensación de hiperlucidez.
  • etc.

  Las fases tienen diversos patrones ciclo (bianual, anual, semestral, regular, irregular, etc.) y es frecuente que tengan un patrón estacional (por ejemplo fases depresivas en primavera e hipomaniacas en otoño). Cuando el paciente presenta delirios en el contexto de una fase hipomaníaca u otros síntomas psicóticos o bien sus síntomas revisten mucha gravedad como para requerir hospitalización hablamos entonces ya de una fase maniaca. Los síntomas psicóticos pueden ser congruentes con el estado de ánimo (pensar que tiene poderes sobrenaturales para curar, que es Dios, el mesías, etc) lo que es más frecuente y se asocia con casos menos graves o incongruentes con el estado de ánimo (delirios de persecución, perjuicio etc.).

  Las fases depresivas más graves pueden presentar estados de estupor depresivo (el paciente no se mueve ni responde mientras mantiene la mirada fija en un punto) e ideas delirantes de ruina, de culpa, apocalípticas, epidemias etc. Ocasionalmente también pueden presentar ideas delirante incongruentes con el estado de ánimo  (delirios de persecución, perjuicio etc.).

  Su frecuencia en la población general oscila entre 0,8 y el 1%. Suele debutar entre los 30 y los 40 años. Si no reciben tratamiento, las fases pueden prolongarse muchos meses. Un 15-20% de los pacientes con trastorno bipolar son cicladores rápidos, es decir, presentan cuatro o más fases maniacas o depresivas al año.

  Las fases duran entre varias semanas y varios meses salvo en cicladores rápidos que pueden duran días.

   Las fases no suelen responder a factores de estrés emocional externos pero algunos pacientes pueden ver precipitadas fases maniacas o depresivas por el fallecimiento de una persona señalada, por ejemplo.

  El tratamiento esencial en el trastorno bipolar se basa en fármacos antidepresivos en las fases depresivas, antipsicóticos típicos y atípicos en fases hipomaníacas o maníacas y en la intercrisis pero sobre todo estabilizadores del ánimo como el litio, ácido valpróico, etosuximida, lamotrigina etc. Estos fármacos previenen eficazmente las fases maniacas pero apenas afectan a las depresivas. Algunos estudios apoyan la idea que determinados neurolépticos atípicos y la lamotrigina podrían tener un papel en la prevención de fases depresivas pero los resultados son contradictorios.

  En casos graves, el paciente debe ser ingresado por el riesgo que entraña para sí mismo (gastos excesivos, sexo sin protección, riesgos físicos y financieros etc) y, a veces, para los demás (accidentes de tráfico por conducción temeraria, agresividad etc.). Los casos graves refractarios se benefician de la administración de terapia electroconvulsiva bajo anestesia en hospital.

 La psicoterapia no es de gran ayuda pero sí la psicoeducación individual o de grupo para detectar las fases precozmente, mejorar el cumplimiento terapéutico y fomentar la colaboración con los familiares en el manejo de la enfermedad.

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