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Psicoterapia cognitivo conductual

Mientras que el psicoanálisis creció desde la neurología y la filosofía, la psicología conductista se fundamentó en la observación experimental. Como una fusión entre ambas, la corriente cognitiva surge a mediados del siglo XX como reacción al conductismo que intentaba integrar nociones teóricas del psicoanálisis.

  El eje de la psicología conductista es la observación de las reacciones del sujeto a estímulos experimentales y su extrapolación a situaciones de la vida cotidiana. Persigue así modificar el comportamiento desmontando los automatismos indeseables que lo condicionan. El problema de esta concepción que la ha llevado a quedar fuera de la práctica clínica es que no podemos reducir al ser humano a la categoría de robot y prescindir del mundo emocional que condiciona la conducta.

 

Fue este hecho el que promovió la psicología cognitiva a cargo autores como Beck, Ellis, Bandura, Rehm entre otros. Esta concepción estudia todas las áreas de conocimiento relacionadas con la memoria, la experiencia, la observación, la comprensión y la  percepción y su relación con la elaboración de conceptos/concepciones (cogniciones) que rigen la comprensión de las experiencias vitales y, por ende, su comportamiento. La terapia cognitiva persigue reestructurar todas las cogniciones equivocadas (aberrantes) de tal manera que puedan facilitar un cambio en la forma de comprender la realidad y reaccionar emocionalmente frente a ella (reestructuración cognitiva) que el individuo aplicará en sus nuevas experiencias.

Finalmente, la terapia cognitivo-conductual, conocida como TCC, consiste en la unión de la teoría conductista con la cognitiva concediendo mayor peso de uno u otro paradigma en función de la patología a tratar. Por ejemplo, una fobia requerirá mayor esfuerzo conductual mientras en una depresión lo necesitará cognitivo.

La terapia cognitivo conductual está indicada en las fobias, especialmente la fobia social y la agorafobia, el trastorno obsesivo compulsivo, la depresión, la ansiedad, el trastorno por crisis de angustia, algunos aspectos de los trastornos de la personalidad, adicciones comportamentales como la ludopatía, la obesidad, el trastorno por atracón, la adicción al sexo y las adicciones tóxicas como alcoholismo, dependencia de cocaína etc.

Las sesiones pueden ser individuales o en grupo, aunque lo más habitual serán las sesiones individuales, realizadas semanalmente. Se suelen ir espaciando en el tiempo a medida que el paciente comienza a mejorar y finalmente se hace un seguimiento para que las conductas aprendidas se mantengan y automatice lo aprendido.

 


 Patricia recortadaLa Psicóloga Patricia Aberturas Puerto es nuestra especialista en psicoterapia cognitivo conductual y la encargada de desarrollar además el programa de terapia por exposición virtual, terapia de elección para las fobias simples, a un único estímulo fóbico. Además de su licenciatura es Máster Oficial Universitario en Psicología Clínica y de la Salud. Universidad Camilo José Cela y se encuentra a punto de completar su Tesis Doctoral.  

 

 


 

 

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