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Trastorno afectivo infantil

  El trastorno depresivo, la enfermedad bipolar y la distimia forman el grupo de los trastornos del humor.

  La depresión se manifiesta por un conjunto de síntomas persistentes, pero discretamente distintos de la depresión en el adulto (más irritabilidad que tristeza, mayor fluctuación sintomática, etc.).

  Los niños con depresión presentan síntomas afectivos (irritabilidad, disforia, tristeza, apatía) físicos (cansancio, inquietud o retardo motor, quejas somáticas) y Cognitivos (disminución de la atención, fallos de memoria, baja autoestima, ideas de muerte).

  En casos graves pueden presentar ideas e intentos de suicidio e ideación delirante. Los síntomas interfieren negativamente con el rendimiento académico y las relaciones familiares y sociales.

  Además tiende a la recurrencia y a la cronicidad. Su prevalencia va aumentando hasta la adolescencia: 1% en edad preescolar, 4% infancia, 8% adolescencia. La comorbilidad con otros trastornos psiquiátricos es la norma (90%).

 Las causas son múltiples e incluyen factores biológicos, psicológicos, ambientales y socioculturales que pueden desencadenar o mantener el trastorno depresivo y que deben ser abordados de forma integral. El diagnóstico y el tratamiento precoces son esenciales para reducir el impacto negativo de los síntomas en ese momento y en el futuro.

  El trastorno distímico es de inicio insidioso, cursa con síntomas subsindrómicos y sigue un curso fluctuante. Se trata de un trastorno depresivo más leve, más fluctuante y más crónico que la depresión.

  La enfermedad bipolar es un trastorno del humor grave, crónico y recurrente, con origen principalmente genético. En niños puede cursar de forma diferente del adulto. El diagnóstico en estas edades debe realizarse con extremo cuidado, especialmente en menores de 13 años, pero se estima que el 20-40% de adultos con trastorno bipolar comenzaron con síntomas afectivos en la infancia. Se estima que el trastorno bipolar supone el 15% de los trastornos del humor que presentan los niños y adolescentes.

  El tratamiento de los trastornos del humor se basa en la farmacoterapia, psicoterapia individual, psicoeducación, intervención familiar, e intervenciones psicosociales cada uno de los cuales adquieren distinto peso en función de la gravedad de los síntomas y las diferentes fases de la enfermedad.

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