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Trastornos del Espectro Autista (T.E.A.)

  El autismo es un síndrome conductual que engloba un grupo de trastornos neuropsiquiátricos con características clínicas comunes, pero de dificil categorización etiológica y diagnóstica.

  Actualmente se considera como un trastorno del neurodesarrollo con alteraciones neuroquímicas estructural y genéticamente determinadas.

  La terminología para referirse a estos trastornos ha ido cambiando a lo largo del tiempo, añadiendo un elemento más de confusión para los padres de pacientes con estas patologías.

    Los T.E.A., también conocidos como Trastornos Generalizados del Desarrollo engloban el Autismo, Trastorno de Asperger, y los No-especificados / Atípicos.

  Su prevalencia se ha incrementado notablemente en las últimas décadas sin que las causas de ello estén clarificadas, estimándose en 1/150 para los todos los grupos.

 

  Clínicamente se caracterizan por dificultades en las áreas de la comunicación, interacción social y comportamientos repetitivos/intereses restrictivos que se presentan de forma variada en función del nivel intelectual, edad, nivel de lenguaje, alteraciones conductuales y gravedad de los síntomas.

  Aunque su aparición es precoz (el 55% se identifican antes de los 12 meses), en los casos de buen funcionamiento intelectual, el diagnóstico puede retrasarse hasta la adolescencia y en ocasiones se detecta por la aparición de trastornos concomitantes: hasta el 70% de los pacientes con TEA (10-16 años) presentan un trastorno psiquiátrico comórbido.

  No existe un tratamiento que cure el autismo, pero sí se ha comprobado la eficacia de de programas de intervención multidisciplinares que mejoran la calidad de vida y el pronóstico de estas personas, más cuanto más precozmente se lleven a cabo. El tratamiento debe basarse en la evidencia científica de las terapias que se aplican, integrando los tratamientos psicológicos (tratamiento conductual, fomento de competencias sociales, sistemas aumentativos de comunicación, terapia cognitivo-conductual) junto a la intervención psicopedagógica, logopeda, psicomotricista; y el tratamiento psicofarmacológico sintomático.

  La coordinación entre todos los profesionales que intervienen y la adecuación de los recursos y apoyos educativos y sociales a los que acceden es fundamental para la buena evolución del paciente.

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