Adicción a la comida, una adicción
comportamental evidente

Adicción a la comida, una adicción
comportamental evidente

Por Paola Hernández Castellanos,
Psicóloga (Grupo Doctor Oliveros)

Las adicciones no son nuevas en nuestra sociedad, cada vez son más las sustancias o conductas a las que las personas recurren para escapar de su realidad, sentir ese subidón y poder tener algún tipo de recompensa. Sentir una necesidad constante por ingerir alimentos puede poner de manifiesto un serio problema mental.

Son numerosos los artículos científicos que estudios que sugieren la necesidad de incluir la adicción a la comida, especialmente alimentos ricos en azúcares y grasas, dentro de las adicciones comportamentales. Sin embargo, esta adicción no es fácil de superar por una sencilla razón: podemos dejar de esnifar cocaína, podemos dejar de beber alcohol pero no podemos dejar de comer.

¿Puede actuar la comida como una droga?

 

El interés científico en este tema ha aumentado mucho en los últimos años ya que se ha observado que, la obesidad y los atracones están asociados a alteraciones en las señales dopaminérgicas y a la hiperactivación por la comida en las áreas cerebrales de recompensa que normalmente se observan en adictos de drogas.

Las comidas como el chocolate, las hamburguesas, los helados o los alimentos ultraprocesados tienen así la capacidad de activar este centro de refuerzo en el cerebro y, de esta forma, crean la necesidad de seguir comiendo sin importar el nivel de saciedad de la persona. Basta recordar lo que provocan unas patatas fritas.

Los alimentos ricos en azúcar y grasa aportan una energía inmediata, proceso que en la antigüedad y durante el proceso evolutivo resultó fundamental para asegurar la supervivencia. El cerebro se nutre sólo de glucosa y los depósitos de grasa aseguran reservas de calorías frente a periodos de penurias. Pero en el adicto, los excesos compulsivos en comidas procesadas y grasas buscan otro objetivo: procurar un bienestar psicológico inmediato.

 

aspectos psicológicos de la obesidad

 

Si comparamos los criterios que se consideran para diagnosticar una adicción a sustancias con lo que les sucede a las personas que tienen una compulsión muy marcada por comer, podemos encontrarnos que elcraving (el ansia inaplazable de consumir) y la falta de control al consumir, son dos características muy importantes y que se comparten en ambas conductas.

Para ser más específicos los criterios para el diagnóstico de adicción del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales DSM 5 incluyen:

  1. Tolerancia, lo cual se define como el aumento del consumo de la sustancia para conseguir el mismo efecto o experimentar disminución del efecto de la sustancia ingiriendo la misma cantidad por un periodo de tiempo.
  2. Síntomas de abstinencia cuando no se consume la sustancia o consumirla para evitar la abstinencia.
  3. Consumir en grandes cantidades o durante más tiempo del deseado
  4. Deseo persistente o intentos fallidos para reducir ingesta
  5. Aumento considerable de tiempo para obtener, consumir o recuperarse de los efectos de la sustancia.
  6. Disminución de actividades sociales, laborales y de ocio; debido al consumo de la sustancia.
  7. Utilizar la sustancia a pesar de los problemas físicos y psicológicos causados o exacerbados por el consumo.

Para diagnosticar una adicción, se necesitan cumplir tres o más de estos síntomas en el último año, en el caso de la adicción a la comida no parece difícil cumplir con la mayoría.

Así que cuando una persona acostumbra a comer en exceso y cada vez siente la necesidad de comer más, piensa constantemente en consumir alimentos ultraprocesados, gasta tiempo y dinero considerable en conseguir este tipo de alimentos y ha intentado parar o reducir el consumo y no lo ha logrado, es cuando tienen que saltar las alarmas para indicarnos que hay un problema y es necesario tratarlo.

El paso de disfrutar a necesitar

 

La adicción a la comida surge cuando el disfrutar de la comida produce tanta euforia que inhibe el impulso de detener la conducta cuando estamos satisfechos, va más allá de la saciedad transformando la alimentación en algo poco saludable que nos hace sentir enfermos.

Los alimentos denominados “highly palatable (más apetecibles, normalmente procesados y altos en azucares y grasas) crean sensación de bienestar en nuestro cerebro. En la sociedad este tipo de alimentos son considerados caprichos o incluso premios. Normalmente en las celebraciones o reuniones son los alimentos que generan esta sensación de recompensa los que están más a mano.

Cuando una persona tiene una dependencia a la comida, ésta actúa como una vía de “escape” de una situación o realidad que no quieren afrontar ya que puede estar causando ansiedad, dolor o estrés. Se ha hipotetizado que el alto contenido en triptófano del chocolate junto a su alto contenido graso y en azucares podría condicionar su empleo como “alimento-droga” de preferencia por muchos adictos de este tipo. Por lo tanto, el encontrar una “salida” (que causa placer) ante tales emociones y situaciones refuerza la conducta de comer.

Los alimentos denominados “highly palatable” (más apetecibles, normalmente procesados y altos en azucares y grasas) crean sensación de bienestar en nuestro cerebro. 

 

En el momento esto funciona y se puede sentir cierto consuelo momentáneo, sin embargo, cuando el consumo de comida es extremo, se generan sentimientos de culpa, creando así otra situación que no se quiere afrontar. Cuando solo se posee esta forma de afrontamiento, la misma conducta se vuelve la creadora del problema, estableciendo así un ciclo muy difícil de romper que se mantiene en el tiempo.

¿Cómo podemos tratar una adicción a la comida?

 

Uno de los objetivos terapéuticos dentro del tratamiento de las adicciones es el eliminar el uso y la relación por completo con la sustancia; considerando la importancia cultural y de supervivencia que tiene la comida, esto es más complicado para la persona ya que vive en un mundo en el que su droga esta disponible todo el tiempo, es aceptada pro, sobre todo, es necesaria.

Por tanto es imprescindible el enfoque en equipo con la participación de nutricionistas que vayan pautando dietas realistas cada vez con menos poder adictivo, psiquiatras que reduzcan el craving con fármacos dopaminérgicos como el bupropion, antiopáceos como la naltrexona, inhibidorres de la recaptación de serotonina o topiramato, y psicólogos que lleven a cabo la imprescindible psicoterapia.

El enfoque psicoterapéutico es esencialmente cognitivo conductual y abordará diferentes aspectos. Por una parte se trabaja con el paciente para desarrollar habilidades de afrontamiento para esas situaciones que antes se resolvían con comida. Estas nuevas habilidades, serán los recursos de los que tendrá que echar mano para poder tolerar el malestar, regular sus emociones y así poder hacer frente a los problemas de forma adaptativa.

Una parte importante del trabajo terapéutico consiste en detectar los “disparadores” que le crean la necesidad de comenzar a comer de forma compulsiva, estos normalmente están asociados a momentos difíciles en los que se experimentan emociones desagradables, pero también pueden activarse con personas o recuerdos.

Un gran reto para cualquier persona que se enfrenta a una adicción es el poder controlar sus ganas de consumir, ya que estás nunca desaparecerán por completo. Dentro del tratamiento se entrenan estrategias para poder tener un mayor control ante el impulso de comer ciertos alimentos, con el tiempo esto ayudará a que la persona tenga una mayor sensación de control ante la necesidad de comer en exceso.

Además, es importante que la persona cambie la relación que tiene con la comida, solo conociendo el valor emocional que tiene para cada uno y modificándolo podrá realmente desarrollar hábitos alimentarios saludables que se mantengan en el tiempo.

 



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