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Adicción a la pornografía, una realidad extensa y oculta

Dossier

Adicción al Sexo:

un extenso y detallado análisis.

por Dr. Sergio Oliveros Calvo, Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

  «Héctor no puede más, ha comprobado que no puede manejar su adicción a la pornografía sin ayuda, viene a consulta porque el porno ocupa su pensamiento todo el tiempo que permanece despierto. Se masturba entre 8 y 15 veces al día frente al ordenador o su teléfono. Ha desarrollado una forma casi virtual de vivir. A pesar de sus 24 años, permanece solo en su habitación la mayor parte de sus horas libres, su adicción al porno le ha llevado a limitar su actividad social a las horas del trabajo. Su jefe le ha amenazado con el despido por su escaso rendimiento en los últimos meses. Presenta entumecimiento genital, así como lesiones traumáticas y dolorosas en su pene. Los fines de semana sólo sale de su habitación para comer y pasa el día viendo porno y masturbándose. Hace dos semanas su novia le dejó por su impotencia frecuente, su escaso interés por los encuentros sexuales y la irritabilidad que mostraba cuando ella intentaba hablar del problema.»

  En España, al menos un 74% de hombres y un 26% de mujeres entre los 13 y los 50 años consume porno de forma regular, aunque la cifra aumenta mucho en la estimación indirecta (cuando no se le pregunta al sujeto si consume porno sino a cuantas personas conoce que lo hagan). Un 20% de las búsquedas en Google son para contenido porno. A pesar de todo, la adicción no afecta de momento a más de un 7% de hombres y a un 1-3% de mujeres. Estas cifras muestran una clara tendencia hacia el aumento en la frecuencia y en adelantamiento en la edad de inicio (un 10% empieza antes de los 10 años).  

   La adicción al porno es una adicción comportamental no incluida en ninguna clasificación psiquiátrica internacional que no está mediada por una sustancia si no por una explosión de neurotransmisores (noradrenalina, oxitocina, dopamina, betaendorfinas etc.) que ocurre en la contemplación de las escenas y en el orgasmo y que producen los sentimientos (poder, plenitud, realización alucinatoria del deseo, satisfacción de necesidades voyeuristas, etc.) que experimenta la persona afectada. Además, como ocurre al tener sexo con una nueva pareja, el aumento de la actividad dopaminérgica en el centro de recompensa (núcleo accumbens) refuerza la conducta lo que impulsa a repetirla sin descanso en una interminable montaña rusa sin control.

Adicción al sexo

 

  Según la teoría psicoanalítica, la pornografía nos abocaría, además, a contemplar la llamada “escena primaria”, reprimida en el inconsciente y que representa nuestra fantasía infantil sobre el encuentro sexual entre nuestros padres. Es así, una puerta que abre el porno para satisfacer adictivamente todo tipo de necesidades neuróticas de nuestra mente (hombre inaccesible por padre ausente, mujer fría por madre distante, grandes pechos por necesidades orales, tríos, dominación, sometimiento etc.) alejando la posibilidad de establecer una relación adulta y sana en la vida real.     

  Como el resto de las adicciones comportamentales analizadas en otros posts, sus síntomas tienen un cierto solapamiento con los síntomas obsesivos y compulsivos del TOC y con las adicciones químicas. Por un lado, el paciente no puede apartar de su mente su necesidad de contemplar porno (como una idea obsesiva) y experimenta una tensión que solo puede ser aliviada mediante la masturbación frente a la pantalla (como una compulsión) y provoca, cuando el sujeto no actúa, sintomatología de abstinencia

   Hay varias diferencias con otras adicciones comportamentales. La primera es que cuenta con una valoración moral negativa. Muchos adictos al porno se ven a sí mismos como seres depravados y sucios y presentan sentimientos de culpabilidad. Por otro lado, se ha comprobado que el estímulo visual sexual real obtiene la misma respuesta en el sistema mesolímbico cerebral que en el porno, el cerebro no los distingue. La pornografía por internet sería así la versión 1.0 del “orgasmatrón” de “El dormilón” de Woody Allen, si lo recuerdan, una máquina (curiosamente vertical) que provocaba sexo perfecto en solitario.

  Eso explica la alta frecuencia de adictos al sexo (ya analizamos en un post pasado) entre los adictos al porno y también el abandono de la relación sexual real y la llamada “disfunción eréctil inducida por el porno” en éstos.

  Otro factor diferencial es que el cerebro no está programado para autolimitarse frente a estímulos que históricamente una persona afrontaba con poca frecuencia como los azúcares simples o la contemplación del cuerpo desnudo de una persona bien proporcionada en edad reproductiva.  Eso elimina nuestra capacidad de control cuando la disponibilidad es ilimitada, algo que sabe bien la industria agroalimentaria que emplea azúcares artificiales o edulcorantes para todo, o el calendario Michelin que potencia así su publicidad.  El porno sería lo mismo que una bombonería gratis e ilimitada a un obeso.

   Empleamos el porno de forma inversamente proporcional al grado de satisfacción que hayamos alcanzado en la vida. Así, comemos o consumimos más porno cuando tenemos una vida complicada, estamos más nerviosos, solos, vacíos, aburridos, estresados, frustrados, fracasados o tristes. Como vemos son características comunes de la sociedad moderna en las que el porno encaja a la perfección.

  Aunque hay una forma primaria, hay muchos caminos para alcanzar una adicción al sexo. Es un síntoma común a múltiples problemas como ocurre en las adicciones químicas. El paciente emplea el sexo como un autotratamiento que mejora múltiples problemas. Así podemos observar esta adicción en pacientes con:

  • Condicionamiento genético.
  • Desequilirbio hormonal con aumento de testosterona.
  • Abusos sexuales en la infancia.
  • Ansiedad.
  • Poliadictos (hasta un 64% de pacientes consumen alcohol, cannabis y otras drogas).
  • Depresión (hasta un 40% de los pacientes).
  • Trastorno obsesivo compulsivo.
  • Buscadores de sensaciones.
  • Fobia social.
  • conflictos neuróticos no resueltos.
  • TDAH.
  • Estructuras masoquistas.
  • Personalidades inmaduras: borderline, histriónico o narcisista.

  La pareja de un adicto al porno suele tener serias dificultades para separar e aspecto personal del aspecto psiquiátrico del problema por lo que con frecuencia rechaza al paciente y rompe la relación como ocurrió con Héctor. Trataremos estos aspectos en un post posterior.

  El tratamiento siempre debe ser personalizado dada la diversidad de pacientes. Es muy frecuente que acuda a instancias de su pareja por lo que es muy útil implicar a ésta en el abordaje.

  El tratamiento farmacológico incluye:

  • Inhibidores de la recaptación de serotonina a altas dosis (mejoran el control de los impulsos y disminuyen el apetito sexual).
  • Bupropion (estimula el núcleo de recompensa cerebral disminuyendo el apetito desbordado por el sexo).
  • Antiandrógenos.
  • Topiramato (mejora la impulsividad).
  • Naltrexona (extingue el refuerzo de placer que el paciente obtiene).
  • Fármacos específicos para los trastornos psiquiátrico asociados.

  Pero es un trastorno que requiere indefectiblemente un tratamiento psicoterapéutico y medidas psicoeducativas. Las escuelas de psicoterapia que mejores resultados han obtenido son la terapia sexual de corte cognitivo conductual individualterapia dinámicaterapia dialéctica conductualterapia de grupo y grupos de autoayuda. Con frecuencia es necesaria una terapia de pareja para reconstruir la relación dañada. 

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