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Algo se muere en alma… La identificación proyectiva en las rupturas de pareja

por Dr. Sergio Oliveros Calvo, Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)Red broken heart

Ya están próximas las navidades y por ello muchas personas afrontan días de tristeza, añoranzas y duelos no resueltos. Tantas luces, felicidad comercial y afectos institucionalizados ponen de manifiesto lo que en el resto del año queda guardado en el desván del inconsciente.  

Hablamos hoy de lo que ocurre en una ruptura de pareja, en especial el divorcio, o en la pérdida de un ser querido, momentos extremadamente difíciles de elaborar que constituyen una fuente importante de estrés para el afectado.

Parte del dolor que emana de una separación procede precisamente de lo que se pierde, del vacío que deja. Como si una parte nuestra hubiera quedado fuera de nosotros para siempre.

Shakespeare equiparaba el amor a una bestia de doble espalda describiendo poéticamente la unión de los amantes que forma un cuerpo mayor que su suma. Y es así porque entre los dos nace algo que antes no existía y que no es ni de uno ni del otro sino que se forma con la unión de los dos, un terreno que les une y que añade una nueva dimensión a lo que son por separado.

Las personas vinculadas por el afecto aprecian no sólo a la otra persona sino también al terreno que le une porque les hace sentir mucho mejor que cuando no están enamorados o cuando están solos. Lo mismo ocurre en otro tipo de relaciones (familiar, amistad etc.) pero en menor grado. Y es así porque en una relación de amor los amantes pierden parte de su identidad para cedérsela a ese terreno intermedio que les une. La relación les hace “distintos”.

Gracias a ese terreno nos vemos más amables inteligentes o atractivos de lo que nos veíamos antes de conocer a la otra persona y, en la medida que aunque no sea nuestro lo consideramos así, cuando nos separamos de la persona amada sentimos que perdemos una parte de nosotros. Como si esa parte se hubiera quedado incrustada en el otro y se la hubiera llevado consigo para siempre. Lo mismo que refleja la conocida sevillana con las palabras “Algo de muere en el alma cuando un amigo se va…”.

Hace unos días hablábamos de los mecanismos de defensa y hacíamos una introducción a la identificación proyectiva, mecanismo de defensa descubierto en sus investigaciones por Melanie Klein en 1946. Aunque es un concepto muy amplio, es el mecanismo que rige gran parte de este proceso.

Como recordarán, la identificación proyectiva requiere un primer paso que supone la proyección de elementos que el individuo no puede aceptar de sí mismo sobre otra persona y luego, un segundo paso en el que lleva a cabo la identificación con lo que considera ya del otro, no propio. Veamos un ejemplo:

Una persona puede haber recibido a lo largo de su vida un trato indiferente y sin empatía por parte de sus padres. Con el tiempo asumirá de forma inconsciente que dicho trato obedece a que no es merecedora de una consideración distinta. Aunque sea una persona inteligente, sensible o atractiva, sólo se permitirá verse como un ser invisible y no merecedor de afecto. Sin embargo, en el momento en que se enamora, sobre todo si lo hace de quien también se enamora de ella, puede proyectar esas características positivas sobre la otra persona. Verá así a su amante como una persona inteligente, sensible y atractiva, y luego se identificará con esas características proyectadas. De este modo sentirá que, gracias a la relación, ella también puede sentirse inteligente, sensible y atractiva. Como si se situara frente a un espejo que le devolviera una imagen de sí misma real pero que percibe como amablemente deformada.

Por ello, con frecuencia la ruptura o la pérdida de la persona amada nos sitúa de golpe en la calabaza de la Cenicienta. Explota la burbuja donde creíamos estar y provoca una colisión violenta con la realidad interna de nuestro inconsciente. 

Muchas personas no pueden digerir esta experiencia y buscan de nuevo el encuentro de forma incansable. Incluso pueden pensar en morir para reunirse en la muerte con el objeto amado como hace Romeo tras creer muerta a Julieta o en sustituir rápidamente a la persona perdida para recrear el vínculo en otra relación. Con frecuencia sólo una psicoterapia podrá sacar a la persona de esta dinámica desesperada y circular.  

Es importante que lleguemos a vernos como somos pero sin emplear como espejo al otro. Una pérdida puede suponer una ocasión para saber quienes somos y aceptar que aquello que creemos perder no lo perdemos en realidad pues sigue viviendo en nuestro interior, somos nosotros mismos.  

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