Aspectos científicos de la adicción
a la pornografía online, una revisión

Aspectos científicos de la adicción
a la pornografía online, una revisión

Por Dr. Sergio Oliveros Calvo
Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

1.- Introducción

La pornografía online supone cada día el 25% de las búsquedas en internet y es la 4ª causa que motiva una conexión.

Es un negocio que en 2006 movió nada menos que 97.000 millones de dólares, mas que Microsoft, Apple, Google, Amazon, eBay, Yahoo y Netflix juntos.

2.- Epidemiología:

En España, al menos un 74% de hombres y un 26% de mujeres entre los 13 y los 50 años consume pornografía online de forma regular aunque la adicción sólo afecta, de momento, a un 7% de hombres y a un 1-3% de mujeres.

No han podido demostrarse diferencias entre la población hetero y homosexual. La adicción se concentra en la población masculina comprendida entre 20 y 40 años.

El investigador canadiense Simon Lajeunesse ha advertido de una progresiva anticipación de la edad de inicio (ahora un 10% empieza antes de los 10 años).  

Un metanalisis de Hald  de 2010 demostró una correlación significativa entre el uso de pornografía violenta sobre todo, pero también no violenta, con conductas violentas contra las mujeres.

Sin duda estamos ante un serio problema.

 

3.- Etiología:

No existe una causa única para alcanzar una adicción al porno.

Como ocurre en las adicciones químicas, el paciente puede emplear el porno como un autotratamiento para mejorar diversos problemas como un Desequilibrio hormonal con aumento de testosterona, Abusos sexuales en la infancia, Ansiedad, Poli adictos (hasta un 64% de pacientes consumen alcohol, cannabis y otras drogas), Depresión (hasta un 40% de los pacientes), Trastorno obsesivo compulsivo, Buscadores de sensaciones, Fobia social, conflictos neuróticos no resueltos, TDAH, Estructuras masoquistas y Personalidades inmaduras como borderline, histriónica o narcisista.

Varios autores sostienen que la adicción al porno tiene su origen en el llamado efecto Coolidge, fenómeno por el cual se produce una pérdida progresiva de apetito sexual con una pareja sexual estable y, por el contrario, un incremento mantenido cuando sus miembros son expuestos a nuevas parejas sexuales. Es una hipótesis atractiva, pero con seguridad juegan un papel importante otros factores también.

Nuestro cerebro está programado para recompensar y reforzar aquello que asegura nuestra supervivencia como individuos (la comida) o como especie (el sexo) pero no está programado para autolimitarse frente a estímulos que evolutivamente afrontábamos con muy poca frecuencia como son los azúcares simples o la contemplación continua de cuerpos desnudos y bien proporcionados de personas en edad reproductiva y plenamente receptivas para el sexo. En media hora de porno vemos más contenidos sexuales que nuestros padres en toda su vida.  

 El uso del porno también es inversamente proporcional a nuestro grado de satisfacción, y directamente proporcional a  nuestro nivel de estrés. Por eso encaja tan bien en las sociedades modernas

A finales de los setenta Bruce Alexander comprobó que ratas enjauladas adictas a la morfina, abandonaban el consumo cuando podían moverse libremente en un área de unos diez metros cuadrados que denominó Parque de Ratas y donde se simulaba un entorno natural donde podían interaccionar, jugar, pelearse o aparearse.

¿Representaría acaso esa jaula la incomunicación y la soledad en la que muchos de estos adictos a la pornografía pueden estar viviendo hoy? ¿Cambiaría su adicción en caso de que pudieran vivir en un contexto más interactivo, sereno, abierto y libre?

Por último, en lo que respecta a las causas, diremos que, según la teoría psicoanalítica, la pornografía nos abocaría, a contemplar la llamada “escena primaria”, represión inconsciente de nuestra fantasía infantil o recuerdo del encuentro sexual entre nuestros padres. El porno sería una puerta de difícil retorno a la satisfacción neurótica de las necesidades inconscientes del adicto (hombre inaccesible por padre ausente, mujer fría por madre distante, grandes pechos por necesidades orales, tríos por conflictos edípicos no resueltos, dominación, sometimiento etc.).  

3.- Fisiopatología:

En 2005, el Dr. Eric Nestler, eminente figura en el campo de las adicciones, describió toda la adicción como una disfunción de los centros de recompensa del cerebro. La adicción ocurriría cuando las vías de placer / recompensa son secuestradas por drogas, procesos naturales esenciales e inherentes a la supervivencia como la comida y el sexo o por otras conductas como el juego.

    El neurotransmisor que media estas reacciones es la dopamina y los centros en los que actúa son área tegmental ventral, núcleo accumbens, amígdala, septo y corteza prefrontal.

   La descarga que se produce en los circuitos de recompensa por el sexo es el doble de potente que la que produce la comida. Esta descarga disminuye la excitabilidad neuronal y además, establece nuevas conexiones que provocarán que repitamos lo que hicimos porque aumentará nuestro apetito por esa experiencia. Es lo que denominamos craving o ansia por el consumo.

Nuestro apetito va a desencadenar una conducta de búsqueda pero el click del ratón es un atajo que simplifica enormemente las limitaciones y da acceso automático e ilimitado al “éxito” lo que potencia la adicción. 

Con cada descarga de dopamina se acumula en las neuronas un factor llamado Delta FosB al igual que ocurre en las adicciones químicas y en otras adicciones comportamentales. Se ha observado una correlación entre la cantidad acumulada de este factor y la intensidad del craving. El deltaFosB desencadena así atracones más incontrolados de consumo y tarda varios meses en disminuir pudiendo condicionar recaídas a corto plazo. Además, las descargas de dopamina aumentan la actividad de otro neurotransmisor, la dinorfina, que está relacionada con la tolerancia: es necesaria más dopamina, más estimulación, para obtener el mismo efecto. 

El uso crónico de pornografía se asocia a una pérdida de conexiones entre ganglios basales y corteza prefrontal lo que produce una reducción en el juicio, la toma de decisiones y el control de los impulsos lo que complica la adicción.

Se ha comprobado que el estímulo sexual visual real provoca la misma respuesta en nuestro cerebro que en el porno, una descarga en la zona ventral del núcleo estriado, no los distinguimos. La pornografía por internet sería así una especie de versión 1.0 del “orgasmatrón” de la película “El dormilón” de Woody Allen, si lo recuerdan, una máquina futurista (curiosamente vertical) que provocaba un sexo perfecto en solitario. De momento, el porno ha provocado innovaciones y ha hecho que muchos hayan aprendido a masturbarse con la mano izquierda.

3.- Síntomas clínicos

El motivo por el que la mayoría de los adictos pide ayuda es por la disfunción eréctil pero su origen es cerebral, no responde al CIalis o al viagra.  

Otra gran parte acude cuando han llegado a un callejón sin salida en su matrimonio o incluso su trabajo o tras ser conminados por sus parejas.  

Como el resto de las adicciones comportamentales, sus síntomas tienen un cierto solapamiento con los síntomas obsesivos y compulsivos del TOC y con las adicciones químicas. Veamos.

Por un lado, el paciente no puede apartar de su mente su necesidad de contemplar porno (como una idea obsesiva) y experimenta una tensión intensa que solo puede ser aliviada mediante la masturbación frente a la pantalla (como una compulsión) pero provoca, cuando el sujeto no actúa, una sintomatología de abstinencia y una pérdida del efecto necesitando aumentar la “dosis” (tolerancia, como una adicción química).

Pero hay varias diferencias con otras adicciones comportamentales. La primera es que cuenta con una valoración moral negativa. Si buscamos adicción al porno en youtube vemos que muchos de los videos que encontramos tienen una inspiración moral o religiosa. Eso hace que una gran parte de los adictos al porno se vean a sí mismos como seres depravados y sucios y presenten sentimientos de vergüenza, soledad y culpa.

El adicto al porno es incapaz de ver en un compañero sexual a una persona pues le traslada lo que ha visto en las películas y sólo es capaz de verlo como un maniquí animado, una cosa.

En fases evolucionadas el adicto experimenta una intensa indolencia que le impide obtener placer de cualquier actividad distinta a su adicción y le aísla de cualquier interacción social.

Es frecuente que el adicto abandone el contacto sexual con su pareja por extenuación sexual y retirada del afecto, pero también puede jugar un papel importante la emergencia de sentimientos de inferioridad/rechazo al comparar el propio cuerpo y/o el de su pareja con los que aparecen en las imágenes, así como la propia actuación o desempeño en el encuentro sexual con el de los actores.             

Cuando la adicción aparece en la adolescencia las consecuencias pueden ser devastadoras pues la pornografía se convierte en el modelo de sexualidad y le aleja del conocimiento real y complejo de la sexualidad que tendría en condiciones normales.

Es frecuente que la pareja del adicto se sienta traicionada, rechazada, desplazada y manifieste una pérdida de autoestima y una inseguridad con respecto a su atractivo y su capacidad de satisfacer sexualmente a su pareja al compararse con los actores del cine porno. Incluso puede llegar a considerar los actos de sexo virtual como adulterio.

Todo esto, unido a la falta de compromiso y de intimidad en la relación, crea una sensación de desprecio hacia la pareja que incluso podría ser causa de divorcio o separación.

4.- Tratamiento

  El tratamiento siempre debe ser personalizado dada la diversidad de pacientes.  

  El tratamiento farmacológico incluye:

  • Inhibidores de la recaptación de serotonina a altas dosis (mejoran el control de los impulsos y disminuyen el apetito sexual).
  • Bupropion (estimula el núcleo de recompensa cerebral disminuyendo el apetito desbordado por el sexo).
  • Antiandrógenos.
  • Topiramato (mejora la impulsividad).
  • Naltrexona (extingue el refuerzo de placer que el paciente obtiene).
  • Fármacos específicos para los trastornos psiquiátricos asociados.

Pero es un trastorno que requiere indefectiblemente una terapia sexual y medidas psicoeducativas con abstinencia de uso de pornografía. Las escuelas de psicoterapia que mejores resultados han obtenido son la terapia cognitivo conductual individual, terapia dinámica, terapia dialéctica conductual, terapia de grupo y grupos de autoayuda.

Es importante implicar en el tratamiento a la pareja del adicto e, incluso ofrecerle una ayuda individual si la requiere. La pareja de un adicto al porno suele tener serias dificultades para separar el aspecto personal y moral del aspecto psiquiátrico del problema por lo que con frecuencia siente rechazo por el paciente y sufre un importante desgaste personal.

Dossier

Adicción al Sexo:

un extenso y detallado análisis

 



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