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Cibercondría: una Hipocondría 2.0 agravada por la era digital.

por Dra. Berta Pinilla Santos  (Grupo Doctor Oliveros)

 

   Hoy utilizamos internet para todo, desde reservar un restaurante, hacer compras o realizar gestiones y burocracias. Resulta muy difícil imaginar un día sin pulular por las redes sociales u ojear, aunque sea un ratito alguna página de noticias de actualidad. Nuestro teléfono ya casi no llama, sobre todo navega. 

    La realidad es que no podemos vivir sin estar “conectados”. El uso masivo de teléfonos digitales y ordenadores hace que tengamos a nuestra disposición un sin fin de información con un simple “clic”. Este hecho que a priori es claramente una ventaja (siempre tener acceso al conocimiento lo es), podría tener su lado peligroso: la cibercondría.

 

    Cada vez es mayor la preocupación por cuestiones de salud en nuestra sociedad, y ahora, con este inmenso universo digital, tenemos a nuestro alcance todo lo que queramos saber al respecto de forma fácil y accesible. Existen más de 200.000 aplicaciones dedicadas a la salud; la World Wide Web se ha convertido en una fuente inacabable de información.

 

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   Pero ¿Qué es ser un cibercondríaco? Se trata de una persona que busca de forma insaciable y compulsiva información sobre salud en internet para dar respuesta a unos síntomas que tiene o cree tener, relacionándolos casi siempre con enfermedades de gravedad que podría estar padeciendo. Se trata por tanto de una forma de hipocondría que se alimenta de toda la información obtenida a través de buscadores de internet, aplicaciones y redes sociales: una “hipocondría 2.0”.

 

   La preocupación excesiva y el miedo intenso a padecer una enfermedad a partir de un síntoma o sensación física percibida, produce elevados niveles de ansiedad en personas hipocondríacas. En un intento por encontrar respuestas que confirmen sus temores, pueden pasar horas realizando búsquedas en webs o foros sobre los síntomas que creen tener y las graves patologías a las que se asocian, su pronóstico o tratamientos. Lejos de producir un efecto tranquilizador, estas conductas producen una mayor ansiedad, que conducirán al sujeto a realizar más y más búsquedas, engrosando así una espiral obsesiva sin fin.

 

 

    Según datos de Google, una de cada diez búsquedas que se realizan está relacionada con la salud y hasta ocho de cada diez usuarios de internet buscan información acerca de temas médicos. 

 

   Pongamos por ejemplo que a una persona le duele la cabeza. Quizá sea por cansancio, o por falta de sueño, pero el paciente se pone en lo peor; quizá tenga algo muy grave. Su ansiedad aumenta y con ello su dolor de cabeza. Se mete en internet y pone en Google “dolor de cabeza”. ¿Podría tratarse de un tumor cerebral?, ¿o una meningitis? Sí, es eso seguro. Realiza nuevas búsquedas para este diagnóstico.  Ahora también cree tener cierta rigidez en la nuca e incluso unas manchas sospechosas en la piel. Y aumenta su ansiedad y su malestar. Foros sobre la enfermedad, opiniones y experiencias sobre tratamientos y un largo etcétera. Se trata de un cibercondríaco.

 

   El hecho de tener acceso a información médica no es el problema y el uso puntual y moderado sobre alguna enfermedad diagnosticada por un médico es normal.  Según datos de Google, una de cada diez búsquedas que se realizan está relacionada con la salud y hasta ocho de cada diez usuarios de internet buscan información acerca de temas médicos. El problema es que el 75% de ellos no contrastan la fuente de información o la fecha de publicación. En un intento por obtener respuestas rápidas que aclaren nuestras dudas, muchas veces hacemos uso de fuentes de escasa fiabilidad (foros, publicidad no científica, bulos sobre salud…) y no información aportada por médicos o expertos en salud acreditados. La incorrecta interpretación de los síntomas y la falta de conocimientos médicos puede además llevar a una mayor confusión. Si se trata de una persona hipocondríaca, la maquinaria está en marcha y no tendrá freno.

 

   En 2009, los investigadores de Microsoft Ryen White y Eric Horvitz, realizaron un estudio sobre estas búsquedas sobre salud y el efecto que producían en la población. Llegaron a la conclusión de que “internet tiene el potencial de incrementar la ansiedad de gente con poca formación médica, especialmente cuando se usa como diagnóstico“. https://www.microsoft.com/en-us/research/wp-content/uploads/2016/11/whiteamia2009.pdf

 

    Uno de los riesgos que tiene esta forma de autodiagnóstico es el de la automedicación, pudiendo complicar la situación, dificultando un correcto diagnóstico o incluso generando nuevos problemas de salud. Otro riesgo es el peregrinaje médico o doctor shopping. El cibercondríaco desconfiará de su médico cuando su valoración no coincida con la del “doctor Google” (el que siempre tiene la razón), y pasará de una consulta a otra, de una prueba diagnóstica en otra, con el fin de encontrar una respuesta que le satisfaga.

 

 

¿Tiene tratamiento la cibercondría? ¿Cómo puedo evitarlo?

 

    Lo primero será identificar este comportamiento para poder orientar el foco de atención al lugar adecuado. Esto es, poder darnos cuenta de que el problema no es el síntoma o la temida enfermedad, sino ese comportamiento que acompaña la desmedida preocupación y ansiedad por la salud, tu cibercondría.

 

    El tratamiento de este trastorno se realiza esencialmente mediante psicoterapia. La corriente cognitivo-conductual puede ofrecer muy buenos resultados. A nivel farmacológico los antidepresivos ISRS (Inhibidores selectivos de recaptación de serotonina) pueden mejorar la sintomatología ansiosa, obsesiva y depresiva que en ocasiones también se asocia. En algunos casos se pueden usar fármacos ansiolíticos como benzodiacepinas, que prescritos de forma adecuada pueden ayudar a disminuir la ansiedad.

 

    Como todo problema, lo mejor es evitarlo. Por ello recomendamos que ante cualquier problema de salud, siempre se consulte con un profesional médico. Las consultas por internet, no deberían sustituir en ningún caso la relación médico-paciente. Asimismo, es importante contar con un profesional de confianza que escuche y sepa atender nuestras dudas e inquietudes y que pueda dar respuesta no sólo a nuestros síntomas físicos sino también a las cuestiones que nos preocupan en relación con nuestra salud.

 

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