Deporte y demencia: una nueva vía
de prevención (y tratamiento)

Deporte y demencia: una nueva vía
de prevención (y tratamiento)

Por David  Morales Barco, Graduado en Ciencias del Deporte (Grupo Doctor Oliveros)

La Organización Mundial de la Salud define la demencia como un síndrome –generalmente de naturaleza crónica o progresiva– caracterizado por el deterioro de la función cognitiva (es decir, la capacidad para procesar el pensamiento) más allá de lo que podría considerarse una consecuencia del envejecimiento normal. La demencia afecta a la memoria, el pensamiento, la orientación, la comprensión, el cálculo, la capacidad de aprendizaje, el lenguaje y el juicio.

La demencia afecta a nivel mundial a unas 50 millones de personas. Se calcula que entre un 5% y un 8% de la población general de 60 años o más sufre demencia en un determinado momento. Se prevé que el número total de personas con demencia alcance los 82 millones en 2030 y los 152 millones en 2050.

En 2015, el coste social total de la demencia a nivel mundial se estimó en 818.000 millones de dólares estadounidenses. Esta cuantía equivale al 1,1% del producto interior bruto (PIB) mundial. (ver post)

Factores de riesgo en la demencia: modificables y no modificables

 

Entre los factores de riesgo que pueden aumentar la probabilidad de sufrir uno o más tipos de demencia se encuentran: la edad, la hipertensión, los accidentes cerebrovasculares, el consumo de alcohol, la ateroesclerosis, la diabetes, el síndrome de Down, la herencia genética, las lesiones cerebrales, la enfermedad de Parkinson o el tabaquismo. Algunos de ellos no se pueden modificar, como la edad, el síndrome de Down o la herencia genética, pero sobre el resto sí. De todas las alternativas que disponemos hoy para reducir el riesgo de demencia, hay uno que está cobrando fuerza progresivamente por ser barato y estar al alcance de todos: el ejercicio físico.  

Existen numerosos estudios que avalan el al ejercicio físico como herramienta para reducir los factores de riesgo de los accidentes cerebrovasculares (ver estudio), la hipertensión (ver estudio), la ateroesclerosis (ver estudio), la diabetes (ver estudio), la enfermedad de Parkinson (ver estudio), el consumo de alcohol (ver estudio) o el tabaquismo (ver estudio).

 

Ejercicio físico

 

Cambios en el cerebro y ejercicio

 

El ejercicio físico produce cambios en las estructuras cerebrales. Estos cambios disminuyen los efectos negativos en la capacidad de memoria y aprendizaje provocados por el envejecimiento y las enfermedades neurodegenerativas como la demencia. Incluso puede retrasar y reparar parte de los déficits cognitivos provocados por estas enfermedades.

En procesos neurodegenerativos el ejercicio hace que se produzca un aumento de la expresión de proteínas anti-apoptóticas (las que previenen el suicidio o muerte programada de la célula, “apoptosis”) y la disminución de las pro-apoptóticas, lo que provoca una disminución del envejecimiento y la muerte celular y con esto un detención de estos procesos.  También se ha visto que el ejercicio genera cambios en la expresión de las neurotrofinas, proteínas que estimulan y controlan el nacimiento de nuevas neuronas, en un proceso conocido como neurogénesis, produciéndose un aumento de este proceso en el hipocampo (principal dentro de la memoria), especialmente en su giro dentado y en otras regiones cerebrales. (ver estudio).

¿Y por qué es tan importante que haya un aumento en la neurogénesis del hipocampo? El hipocampo se va reduciendo en edades avanzadas, produciendo un deterioro de la memoria e incrementando el riesgo de demencia.

Anteriormente, se ha demostrado que los volúmenes del hipocampo y del lóbulo temporal medial son mayores en adultos con una mejor condición física y que el ejercicio físico aumenta la perfusión en el hipocampo. En la actualidad, se ha reforzado la importancia del ejercicio en la demencia, un ejemplo de ello es este famoso estudio en el que sugiere el ejercicio como una herramienta para poder revertir la pérdida de entre un 1 y 2% del volumen del hipocampo relacionada con la edad, dado que hay un aumento de su volumen en un 2% con la práctica de ejercicio continuada. En este otro estudio, se demostró que el ejercicio aeróbico provoca un aumento en el volumen del hipocampo en mujeres mayores con deterioro cognitivo leve. Debido a la evidencia creciente de que el ejercicio es beneficioso para la salud cerebral también indicaron que éste debería ser una recomendación estándar para todas las personas mayores independientemente de su estado cognitivo.

Existen varias biomoléculas que son relevantes en el metabolismo energético del cerebro, la plasticidad neuronal y en el envejecimiento cerebral. Entre ellas se encuentra la colina, la cual se considera un marcador de neurodegeneración cuando aparece en concentraciones elevadas. Tras un programa de ejercicio aeróbico de 12 semanas las concentraciones de la colina cerebral se estabilizaron en adultos cognitivamente sanos mientras que estos niveles se incrementaron en el grupo de control. Así lo señalaron en esta investigación en la que se demuestra de nuevo el papel neuroprotector del ejercicio.

Los estudios sugieren que el ejercicio no solo serviría para prevenir la aparición de la demencia, sino que también podría resultar muy útil en su tratamiento una vez ya haya aparecido la enfermedad.

 

Prevención de la demencia: nivel de condición física y deterioro cognitivo

 

Una revisión sistemática de estudios relativos a la influencia del ejercicio físico en la prevención del deteriorocognitivo en adultos mayores sanos y en la reversión o en el mantenimiento del declive cognitivo una vez ya iniciado, llegó a la siguiente conclusión: el ejercicio físico constituye una estrategia psicosocial prometedora para la intervención de adultos mayores con y sin signos de deterioro cognitivo. Dichos estudios muestran que hay una alta probabilidad de que el ejercicio físico produzca un impacto en las funciones cognitivas. También, ponen de manifiesto la importancia del género en el impacto del ejercicio en la cognición. Por dicha razón, muchos estudios optan en la actualidad por llevar a cabo intervenciones y análisis en mujeres y en hombres por separado.

Siguiendo la línea de diferenciación entre hombres y mujeres en la intervención y análisis en las investigaciones, este estudio se centró solo en mujeres de mediana edad y siguió su evolución durante los 44 años siguientes de sus vidas. Comprobaron que una mejor condición física cardiovascular a mediana edad estaba asociada con una reducción en el riesgo de sufrir demencia posteriormente.

En este reciente informe de 2017 elaborado por Las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina de Estados Unidos se pone de manifiesto que el ejercicio físico es un colaborador clave para un envejecimiento saludable con beneficios tanto en las funciones físicas como en las mentales. Este ejercicio abarca desde el entrenamiento de la resistencia cardiorespiratoria (caminar, correr, bailar, etc.) al entrenamiento de la fuerza (ejercicios con tu propio peso corporal, levantamiento de pesas…), de la flexibilidad (estiramientos) o del equilibrio y la coordinación entre otros.

Los estudios sugieren que el ejercicio no solo serviría para prevenir la aparición de la demencia, sino que también podría resultar muy útil en su tratamiento una vez ya haya aparecido la enfermedad. En este caso clínico, una mujer de 65 años diagnosticada con demencia mixta recibió atención durante ocho meses para mejorar su condición: en los cuatro primeros se sometió a un tratamiento convencional con medicación, y durante los cuatro siguientes se le instó a que practicara además un programa regular de ejercicio físico. Los investigadores llegaron a la siguiente conclusión: durante los cuatro meses en que únicamente recibió medicación, la paciente manifestó deterioro cognitivo y una capacidad funcional disminuida. En cambio, al acabar el programa de ejercicio de cuatro meses, había experimentado una mejoría en todos los aspectos evaluados en el estudio.

En este otro estudio en el que participaron supervivientes de cáncer de mama, se investigó la relación entre el ejercicio y el deterioro cognitivo subjetivo. Se vio que en las pacientes que realizaron ejercicio se reducía el deterioro cognitivo subjetivo. Además, señalaron que con la práctica de ejercicio mejoraban también su bienestar psicosocial con niveles más bajos de ansiedad, depresión y estrés. La influencia del ejercicio en estos 3 trastornos psicológicos fue tratada con más detalle en nuestro post sobre la importancia del ejercicio en la enfermedad (y el bienestar) mental.

En estas recientes directrices prácticas para el tratamiento del deterioro cognitivo leve se ha expuesto que no existen evidencias de alta calidad que apoyen el tratamiento farmacológico de este deterioro. En cambio, en éstas se recomienda el entrenamiento con ejercicio físico de al menos 6 meses como una forma eficaz de mejorar las funciones cognitivas en estos pacientes.

Cada vez son más los estudios científicos que avalan al ejercicio como herramienta para ganar en salud tanto mental como física. No debemos dejar pasar la oportunidad de disfrutar de todos los beneficios que trae consigo la práctica regular de ejercicio. Como decía el poeta escocés James Thomson:

‘’La salud es el principal principio de la felicidad. Y el ejercicio, de la salud’’.

 

 


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