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Depresión e infarto de miocardio: una peligrosa y descuidada asociación.

por Dra. Berta Pinilla Santos, Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

  Fernando acude hoy a consulta por recomendación de su médico de familia. Hace año y medio sufrió dos infartos cardíacos; el segundo recién incorporado de nuevo al trabajo tras el periodo de convalecencia del primero. A sus 61 años dice haberle cambiado el carácter, encontrándose más temeroso, inactivo, irascible y aprensivo. Creía que el hecho de haber frenado aquel ritmo frenético que solía acompañarle le aportaría una vida más rica a nivel personal y familiar, pero en lugar de esto pasó a un escenario de inactividad, aislamiento social y ensimismamiento que fue afectando a su vida en todos los planos y terminó desembocando en su divorcio.

  Después de una enfermedad con riesgo para la vida (cáncer, infarto de miocardio, etc.), la mayoría de pacientes va a presentar síntomas de depresión transitorios que mejoran espontáneamente. Sin embargo, en el infarto agudo de miocardio (IAM) una proporción considerable de pacientes tiene trastornos emocionales persistentes. Así, hasta un 45% de pacientes cumplirían criterios diagnósticos para depresión tras sufrir un IAM, y tres meses después, hasta un 33%.

  Algunos de los cambios psicológicos y comportamentales que pueden asociarse a haber sufrido un infarto cardíaco son:

  • Ansiedad, angustia.
  • Ánimo deprimido.
  • Insomnio.
  • Irritabilidad.
  • Negación de la enfermedad o percepción excesiva de la misma.
  • Sintomatología somática.
  • Miedo intenso a morir.
  • Conductas fóbicas/evitativas.
  • Abandono de actividades sociales y de ocio con pérdida de interés por el entorno, pasividad, retraimiento…
  • Cambios en la actividad sexual: impotencia o disminución de la frecuencia y/o calidad de la actividad sexual.
  • Dificultad para su reincorporación al trabajo.

  Múltiples estudios han coincidido en que la depresión multiplica hasta 4 veces el riesgo de mortalidad y aumenta las probabilidades de nuevos infartos en estos pacientes, independientemente de la gravedad del cuadro cardíaco que tuvieran. Por ello, detectar la sintomatología depresiva y comenzar con un adecuado tratamiento resulta fundamental.

  Los pacientes deprimidos presentan alteraciones fisiológicas vinculadas al estrés emocional crónico que sufren. Además la disminución de la actividad de la serotonina, implicada en trastornos depresivos y de ansiedad, juega un importante papel también en e desarrollo de la enfermedad coronaria.  El aumento de agregación plaquetaria, un mayor riesgo de arritmias ventriculares o la activación del sistema inmune son posibles factores implicados. Por otro lado, síntomas propios de la depresión como son la apatía, la tendencia al aislamiento, el abandono de autocuidados y hábitos saludables enlentecen la recuperación de estos pacientes, mantienen la sintomatología depresiva y aumenta el riesgo de desarrollar otros problemas de salud.

  “La depresión multiplica hasta 4 veces el riesgo de mortalidad y aumenta las probabilidades de nuevos infartos. Sólo el 25% son diagnosticados y solo el 12,5% reciben tratamiento adecuado. Detectar y tratar la sintomatología depresiva resulta fundamental”.

  Pero el problema es que apenas el 25% de los pacientes cardíacos con depresión mayor son diagnosticados y sólo la mitad de ellos reciben el tratamiento adecuado. Esto podría deberse a la dificultad para identificar algunos de los síntomas como propios de un trastorno depresivo o pensar que se corresponden con una reacción normal a la enfermedad cardiovascular. También el miedo a realizar un tratamiento farmacológico con antidepresivos por posibles efectos adversos podría ser una causa.

 

El corazón:un delicado punto de encuentro entre la mente y el cuerpo

 

  La Organización Mundial de la Salud (OMS) y otras publicaciones de prestigio como es el American Journal of Cardiology (oct 2005) remarcan la importancia de detectar la depresión y la recomendación de realizar tratamientos psicosociales y psicofarmacológicos para disminuir la morbimortalidad cardiovascular en pacientes con estos antecedentes.

  ¿No resulta peligroso tomar antidepresivos?

  El uso de antidepresivos ISRSs puede conferir un efecto protector frente al infarto de miocardio. La serotonina se ve implicada en diferentes procesos relacionados con el infarto cardíaco y el uso de antidepresivos moduladores de los niveles de la misma podrían proteger de un nuevo evento. Como hemos señalado anteriormente, estos resultados podrían deberse a un efecto inhibidor sobre la activación plaquetaria mediada por serotonina, al efecto protector sobre el endotelio o bien por la mejora de otros factores asociados con el riesgo aumentado de infarto en el contexto de un cuadro depresivo.

  Un importante estudio realizado sobre el uso de algunos antidepresivos en estos pacientes (SADHART) demostró una disminución en la morbimortalidad en los pacientes tratados no evidenciándose efectos adversos

  También será importante realizar un tratamiento a nivel psicoterapéutico, encaminado sobre todo a mantener la adherencia al tratamiento y reducir el impacto emocional negativo que provoca la enfermedad, ajustando de forma realista sus repercusiones, así como promover cambios hacia estilos de vida más saludables.

  Con la psicoterapia de corte cognitivo-conductual se podrá incidir sobre:

  • Control de las reacciones negativas: disminución de los niveles de ansiedad y depresión.
  • Manejo del estrés y adquisición de habilidades de afrontamiento.
  • La modificación de los llamados “componentes tóxicos” de patrones de conducta de riesgo para desarrollar enfermedad coronaria.
  • La adquisición permanente de comportamientos saludables.
  • El aumento de las interacciones sociales.

  Recalcaremos por tanto la importancia de detectar los síntomas depresivos en pacientes que hayan sufrido un accidente cardiovascular y acudir a solicitar ayuda para recibir un adecuado tratamiento farmacológico, psicológico y psicoeducativo como una forma de cuidarnos y protegernos de un nuevo evento cardíaco.

“La Percepción que tenemos de nuestros diferentes órganos está muy lejos de ser homogénea. Cuando es el corazón el que falla, falla todo”.

                                      Judith Stern

 

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