Depresión senil o involutiva

Es la depresión por excelencia de la tercera edad. Como en cualquier depresión, la vida e transforma en una pesada carga, pero en un momento de máxima indefensión, esto constituye una grave amenaza que, sin embargo, se pasa por alto como un problema importante con frecuencia. Puede afectar hasta un 15% de la población senil pero se incrementa a un 30% en los sujetos de residencias (por aislamiento, desaferencia familiar, desesperanza, dependencia etc.)

 

Nuestra autoestima merma a medida que perdemos facultades, pero cuando el estrés del envejecimiento se vuelve abrumador, pueden aparecer intensos sentimientos de desesperanza que desemboquen en una depresión. Es más característica de los hombres de que de las mujeres, acaso por lo que supone como insulto a su amor propio.

 

Las causas de la depresión senil son multifactoriales. Incluyen disminución de la salud general, duelos frecuentes, envejecimiento del sistema nervioso central y endocrino, pérdida de memoria, enfermedades múltiples, dolor crónico y efectos secundarios de los múltiples medicamentos que suelen tomar (betabloqueantes, opiáceos, etc.)

 

La depresión senil suele presentarse con menor tristeza que en el adulto joven y con más síntomas somáticos e inhibición, insomnio de conciliación, abandono de los hábitos de higiene, pérdida de peso y falta de motivación. El sujeto ve mermadas sus capacidades cognitivas de forma acelerada (pseudodemencia depresiva), y se vuelve más confuso o olvidadizo de lo habitual. Es frecuente el aislamiento, abuso de alcohol y la pérdida de apetito. Constituye la principal causa de suicidio en ancianos siendo frecuentes los métodos violentos. La tasa de suicidios en esta población duplica al del resto de los adultos.

 

El tratamiento de la depresión en los ancianos requiere un análisis detallado de los factores que puedan estar propiciándola y su eliminación, modificaciones en el estilo de vida que incluyen ejercicios regulares, abstinencia o consumo mínimo de alcohol, terapia de grupo de apoyo y medicamentos antidepresivos de bajo perfil anticolinérgico y cardiotóxico.

 

El pronóstico es generalmente bueno con el apoyo adecuado y el manejo de la enfermedad.