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El bullying, una peligrosa agresión cada vez mejor detectada y tratada.

Bullying, maltrato y trauma psíquicopor Dra. Isabel GOnzález Villalobos Rincón , Psiquiatra Infantil Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

  En los últimos años, el acoso escolar (o bullying) se ha convertido en una de las principales preocupaciones para padres y educadores.  Este concepto se refiere a toda clase de maltrato, tanto verbal, físico como psicológico, que se produce entre escolares. 

 

  ¿Por qué hay tantos casos de violencia entre menores? ¿Es posible detectar estas situaciones “a tiempo”? ¿Qué podemos hacer los padres y educadores para evitarlo? ¿Qué hacer cuando sospechamos o detectamos un caso? ¿Cuál es el perfil del acosador?, ¿son esos niños (acosadores y acosados), enfermos mentales?

   El acoso escolar ha existido siempre en las aulas, pero parece que últimamente nos estamos concienciando más de la importancia de este problema y el carácter prioritario de su detección. Gracias a esta sensibilización de la sociedad, cada día se pueden frenar más situaciones violentas entre menores, aunque todavía queda un largo camino por recorrer.

  La prevalencia actual del acoso escolar varía en función de los estudios, entre un 10% y un 33%, en función de diversos factores, como la edad o el sexo.

  Dentro del acoso escolar, podemos distinguir 4 subtipos bien diferenciados:

  • Verbal: Es el más frecuente: insultos, motes, amenazas, menosprecios, humillaciones…
  • Físico: Golpes, puñetazos, empujones, agresiones con objetos…
  • Psicológico: Fomentar la inseguridad y baja autoestima, coaccionar…
  • Social: Aislamiento y exclusión del grupo.

 

KiVa

   Un tipo de acoso que está cobrando especial protagonismo en los últimos tiempos es el ciberacoso o “ciberbullying”, que se define como la utilización de medios telemáticos (Internet, teléfonos móviles, redes sociales…) para ejercer el acoso psicológico entre iguales. Son frecuentes los casos de insultos y humillaciones en redes sociales, la difusión de vídeos y fotografías sin autorización del propio interesado, las amenazas y chantajes a través de estos medios, incluso la grabación en vídeo y posterior difusión de agresiones físicas.

  Entre los acosadores, podemos encontrarnos ante diversos perfiles, siendo frecuente que presenten dificultad para empalizar con los demás, impulsividad, habituales conductas desafiantes y oposicionistas, tendencia a sumir el rol de líder y dificultades en las relaciones sociales ante la resolución de problemas.

  Si bien es cierto que la mayor parte de las víctimas comparte su situación con alguien, no son pocos los menores que se mantienen en silencio por temor a preocupar a sus padres, miedo a ser culpados o a las represalias que se puedan tener hacia el colegio o hacia los acosadores. Por este motivo, es importante conocer los posibles signos de alarma ante una situación de acoso:

  • Aparición de golpes o marcas, con una explicación poco congruente o con una frecuencia difícilmente explicable.
  • Excesiva ansiedad y preocupación ante la perspectiva de acudir al colegio, principalmente los domingos por la noche y los lunes por la mañana. Esto se puede manifestar en dificultad para dormir, pesadillas, irritabilidad, disminución del apetito, llanto e incluso tendencia a la somatización (dolor de cabeza, malestar general, náuseas, dolor abdominal…)
  • Tristeza, decaimiento, falta de ilusión.
  • No quiere ir a los cumpleaños, o no son invitados. Excusas para evitar salir con sus compañeros.
  • Tener la ropa o el material escolar estropeados, desordenados o rotos, o incluso perderlo.
  • En el Instituto o Colegio tienden a estar solos, aislados.
  • Disminución del rendimiento académico.
  • Menor participación en clase. Inseguridad.

  Ante la detección de cualquiera de esos indicadores, es importante establecer una relación cercana y de confianza con el niño, facilitándole que pueda hablar de lo que le preocupa, haciéndole sentir acompañado, respaldado y cuidado ante cualquier situación que pueda contar. También es fundamental la coordinación entre los padres y el centro escolar (profesores, dirección del colegio, jefe de estudios…), para alertar de lo que esté ocurriendo y cooperar en la resolución de cada caso.

  En algunos casos es necesaria la intervención de un especialista, con la finalidad de:

  • identificar y tratar los síntomas afectivos que el niño pueda presentar.
  • reforzar su autoestima
  • favorecer la confianza en sí mismo y en los demás
  • apoyar las relaciones sociales
  • facilitar la práctica de herramientas para prevenir situaciones conflictivas en un futuro.

  En el caso de los acosadores, también se pueden beneficiar de un apoyo psicoterapéutico, comenzando por la identificación del problema y los motivos que le mueven a presentar ese tipo de conductas.

 

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