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El corazón: un delicado punto de encuentro entre la mente y el cuerpo

por Dr. Sergio Oliveros CalvoEl corazón: un delicado punto de encuentro entre la mente y el cuerpo, Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

   La regulación del funcionamiento del corazón, junto con la del sistema circulatorio, el inmune, el respiratorio, el osteomuscular o el digestivo, tiene una importantísima influencia emocional.

   Expresiones como morir de amor o tener el corazón partido expresan desde hace siglos esta relación intuida. Sufrimos aceleraciones del ritmo cardiaco cuando estamos ansiosos, deprimidos, excitados sexualmente, agresivos o somos presas del miedo. Tales emociones pueden también modificar la fuerza con la que se contrae el corazón o la dilatación de las arterias coronarias encargadas de llevar el oxígeno al músculo cardiaco.

   Esto se debe a que existe una interrelación entre emociones y la activación de sistemas de neurotransmisión y liberación de hormonas que afectan al corazón. En las últimas décadas la relación entre mente y corazón ha sido objeto de creciente interés lo que ha promovido el nacimiento de la psicocardiología, el área de la psiquiatría psicosomática que estudia estas relaciones.

  Hoy sabemos que el infarto de miocardio es más frecuente en sujetos deprimidos y, de forma inversa, pacientes con infartos de corazón o angina de pecho son más proclives a la depresión. La investigación actual no ha sido capaz de elucidar el origen exacto de esta asociación pero parece estar mediada en parte por altos niveles de hormas de estrés (cortisol y adrenalina) y una baja actividad de serotonina. De forma añadida, la escasa actividad física, el aumento del consumo de tabaco y/o alcohol en fumadores y bebedores, el desinterés por el autocuidado (incluimos acudir al médico ante la aparición de síntomas cardiacos o cumplir tratamientos cuando se sufre una cardiopatía), las alteraciones del sueño y el descuido de la alimentación del sujeto deprimido puede contribuir al efecto cardiotóxico de la depresión. Quizá estos factores puedan explicar también que el inquietante hecho de que el padecimiento de una depresión incrementa la posibilidad de muerte tras un infarto.

   Otro factor que la psicocardiología ha verificado que empeora la salud del corazón y de las arterias es la mala relación conyugal. Recientemente investigadores de la Universidad de Pittsburgh han evidenciado un mayor riesgo de infarto en parejas que mantienen una mala relación prolongada. Un hecho similar ha sido observado en personas sometidas a un estrés laboral o psicosocial mantenido (pérdida de apoyo social, pérdida de empleo, pobreza) y en pacientes afectos de un síndrome de burnout, hecho que discutimos con anterioridad en este blog.

   Recientemente, investigadores del Hospital Beth Israel de Boston han comprobado que la muerte de un ser querido multiplica por 21 las posibilidades de infarto de miocardio durante las primeras 24 horas tras el suceso. Además han detectado que el riesgo se mantiene elevado, aunque en menor grado, durante las siguientes 4 semanas a la pérdida.

  Otras enfermedades como el estrés postraumático o la obesidad incrementan notablemente el riesgo cardiovascular.

  Por tanto, podemos concluir que el análisis de estos factores en la consulta de psiquiatría puede contribuir a la supervivencia de estos pacientes de una forma eficaz y con una baja relación coste/beneficio. Los pacientes con hipertensión arterial pueden beneficiarse de yoga o técnicas de relajación. En depresiones leves una psicoterapia puede mejorar el riesgo de sufrir un infarto y en las moderadas y graves podremos conseguir el mismo efecto complementando la psicoterapia con el empleo de sertralina.

   Cardiólogos y psiquiatras no deben trabajar separados o ignorando y minimizando la influencia de las emociones en el riesgo cardiovascular.

  Sin corazón no hay vida ni felicidad pero, por lo que vamos viendo poco a poco en los estudios de psicoardiología, tampoco puede haber corazón sin felicidad.

 

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