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El eterno adolescente (Síndrome de Peter Pan)

Fat man in diaper isolated on whitepor Dr. Sergio Oliveros Calvo, Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

Si alguien no ha visto todavía la genial película “Boyhood” de Richard Linklater se la recomiendo con entusiasmo. Ha sido rodada en sólo 39 días a lo largo de 12 años. Los actores han ido envejeciendo a medida que transcurría el rodaje y esa es la trama. Nada más. La esencia de la película es el paso del tiempo y cómo éste nos moldea poco a poco. El protagonista tiene 6 años al empezar la película y cumple 18 cuando termina: como en un cuento de hadas el final consiste en que se va a la universidad, se hace mayor (come perdices y es feliz). Como en un cuento, lo esencial es la trama, el proceso de hacerse mayor. La película termina en lo que en cualquier cultura es el rito de iniciación adulta: en alguna tribu africana es cazar un león, en los pueblos antes era irse a la mili o en nuestra época es sacarse el carnet de conducir, empezar a trabajar o ir a la universidad. Pasado ese punto ya somos mayores, en teoría.

El proceso de madurar no es una tarea fácil. Requiere de una crianza adecuada basada en el amor y la empatía y centrada en la promoción de la autonomía, la responsabilidad y la confianza. Además, requiere la adquisición de habilidades suficientes para superar razonablemente todas las dificultades que atravesamos cuando crecemos (la envidia, el rechazo, la socialización, la frustración, la injusticia, las reglas, la autoridad, la violencia, el deseo, los cambios físicos, el sexo). Todo en nuestro aprendizaje conduce a ese punto de iniciación en el que nos hacemos mayores y tomamos el gobierno de nuestra vida.

Sin embargo en muchas personas este rito, ese momento, no es más que un mero trámite porque perduran en sus concepciones y conductas inmaduras. Esas personas con frecuencia mueren sin haber dejado de ser, en esencia, unos niños. Es lo que el psicólogo norteamericano Dan Kiley denominó en 1983 Síndrome de Peter Pan, una enfermedad que pone de manifiesto la diferencia entre la madurez cronológica del sujeto y su escasa madurez afectiva. Es un cuadro que afecta mayoritariamente a hombres. Aunque esta enfermedad no aparece como tal en las clasificaciones internacionales de enfermedades mentales se evidencia en los trastornos de personalidad de grupo B (antisocial, borderline, histriónico y narcisista) y en menor grado en el grupo C (obsesivo, fóbico-evitativo y dependiente).

Un problema añadido es que todo Peter Pan necesita una Wendy planteando serios problemas desde el establecimiento de la relación de pareja. Estas personas exigen a sus parejas que cubran todas sus necesidades e incluso aquellas que no fueron cubiertas por sus padres. Eso puede traducirse en críticas constantes que minan la confianza de la pareja al verse incapaz de satisfacer a su marido. Muchas parejas de Peter Panes son mujeres que maternizan su relación por una necesidad interna de cuidado cerrando así un peligroso círculo vicioso.

Es frecuente la queja femenina sobre la inmadurez de sus parejas. Estas mujeres no obtienen de sus parejas la corresponsabilización en la crianza de los niños, no comparten las tareas domésticas, delegan en ellas las decisiones importantes o adoptan un estilo de relación con un vínculo débil mostrando preferencia por los amigos o la familia de origen. Recientemente hablábamos de la perduración de la mentira en las personalidades inmaduras necesitadas de omnipotencia. Otras manifestaciones serían las necesidades de dependencia no resueltas que impedirían la separación de los padres y el establecimiento de vínculos maduros con iguales o la negativa a adquirir protagonismo en la propia vida delegando la toma de decisiones en los progenitores. Esta cuadro siempre origina problemas graves de pareja que pueden conducir a la ruptura de la misma. En tales casos, recurren de nuevo al vínculo previo, el de los padres, vuelven “a casa”. Éstos cambian un vínculo de dependencia por otro, cambian a la madre por la mujer y a la mujer por la hija cuando aquella falta. La frase “vive de tus padres hasta que puedas vivir de tus hijos” ilustra esta postura.

Como se ve en la película de Boyhood, el desarrollo no depende de nosotros mismos sino que el entorno de la crianza es determinante. Así, en estas personas suelen advertirse en sus antecedentes sobreprotección por parte de sus madres, padres incontinentes que gratificaban todas sus necesidades, inseguridad, falta de confianza, necesidad de omnipotencia, sentimientos de inferioridad, etc. En la medida que no han abandonado la posición infantil, son egocéntricos y lo demuestran con su egoísmo. Son exigentes y realizan constantes juicios de valor sobre los demás con el objeto de encontrar motivos para evitar el vínculo. Por eso huyen del compromiso aunque temen la soledad. Según Kiley, el éxito terapéutico en estos pacientes es siempre difícil pero destaca que la detección precoz del síndrome mejora considerablemente el pronóstico al evitar que progrese. El síndrome refleja un deseo de no cambiar por lo que estos pacientes ponen todo tipo de obstáculos a la terapia. Pero con paciencia y técnica un amplio porcentaje de casos logra el cambio y alcanza si no la plena madurez un mayor grado de desarrollo.

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