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La disfunción eréctil: el fantasma masculino más frecuente en la consulta.

por Esther Fuentes de Diego, Psicóloga y Sexóloga en Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

  Durante siglos la sexualidad masculina ha girado alrededor de los genitales masculinos. En casi todas las culturas, el pene o falo se ha convertido en objeto de culto y veneración a través de expresiones artísticas como la pintura, la escritura o la escultura. Se han levantado obeliscos, estatuas y altares en honor del falo, realizado ritos y procesiones con resonancias fálicas e inventado proezas en torno a su tamaño, potencia y resistencia. Hemos convertido históricamente la erección en el símbolo de poder y e  identidad viril.

  Hasta hace poco, empleábamos el término impotencia masculina para referirnos a los problemas de erección. Sin embargo, este concepto abarca también otros problemas sexuales (pérdida de deseo sexual, infertilidad, problemas de eyaculación, falta de orgasmo, etc.), por lo que este término ya ha caído en desuso y ha sido sustituido por el de disfunción eréctil (DE). Se considera más adecuado por los especialistas en sexología ya que no implica otros problemas mencionados, y porque deja de lado las connotaciones negativas que con frecuencia se ha asociado a la impotencia, como por ejemplo, la falta de virilidad. De esta manera, podemos definir la disfunción eréctil como la dificultad, recurrente o persistente, para lograr o mantener la erección durante una relación sexual.

  Según el estudio EDEM (Epidemiología de la Disfunción Eréctil Masculina), en España se estima que entre un millón y medio y dos millones de hombres padecen disfunción eréctil, lo que supone una prevalencia de entre el 12,1 y el 19% de los varones según el grado de disfunción eréctil. Es más elevada conforme aumenta la edad. Y además supone el motivo más frecuente de consulta en la mayor parte de los servicios sexológicos.

  La disfunción eréctil se puede deber tanto a factores orgánicos como psicológicos.

 

“Un varón que tiene problemas de erección puede llegar a sentirse seriamente devaluado al pensar que este hecho cuestiona su hombría, debido a la importancia concedida universalmente a la erección “.

 

  Entre los factores orgánicos, cualquier alteración en los mecanismos fisiológicos de la erección puede ser suficiente para la aparición de la disfunción eréctil. Entre los más importantes encontramos:

  • Arterioesclerosis y alteraciones cardiovasculares (causa más frecuente).
  • Alteraciones endocrinas como la diabetes.
  • Hipertensión arterial.
  • Alcoholismo.
  • Tabaquismo.
  • Insuficiencia renal.
  • Hiperlipemia (niveles altos de colesterol).
  • Alteraciones neurológicas (lesiones cerebrales y medulares) como la esclerosis múltiple.
  • Alteraciones hormonales como niveles bajos de testosterona.
  • Fracturas pélvicas.
  • Lesiones en el pene.
  • Lesiones en la columna vertebral.
  • Efectos secundarios de algunos fármacos como antihipertensivos, antidepresivos, ansiolíticos, etc.

 

  Los factores psicológicos son los más frecuentes y más variados. Entre ellos encontramos:

  • Inadecuada información sexual.
  • Experiencias sexuales traumáticas.
  • Problemas generales de pareja.
  • Episodios de cansancio.
  • Estrés excesivo.
  • Inseguridad o complejos.
  • Depresión y ansiedad.
  • Miedo a ser rechazado.
  • Anticipación del fallo.
  • Temor al desempeño.
  • Altos niveles de exigencia.
  • Autoobservación.
  • Sentimientos de culpa.
  • Falta de atracción entre los miembros de la pareja.
  • Miedo a la intimidad.

   Según las estadísticas, más de la mitad de la población masculina ha sufrido alguna vez en su vida un episodio ocasional de DE, los populares gatillazos”. En muchos casos, es una afección temporal que desaparece espontáneamente cuando el hombre es capaz de relativizar su importancia.

  Es frecuente que, tras la aparición puntual de la dificultad o la falta de erección, aparezca en el hombre una preocupación excesiva y miedo a que vuelva ocurrir. Así, intentará comprobar y poner a prueba su capacidad de erección (fenómeno conocido como el rol de espectador”) bajo un estado de angustia y ansiedad que bloquea o inhibe el mecanismo de la erección. La repetición del fracaso erectivo conlleva un aumento de la ansiedad de rendimiento y el hombre comienza a observar su funcionamiento de manera obsesiva, centrando su atención en conseguir la erección y desviándola de las sensaciones eróticas agradables, lo que provoca que el hombre no logre o pierda la excitación con la consecuente pérdida de erección. Si esta situación se mantiene en el tiempo, el hombre acaba por evitar las situaciones de intimidad para no caer de nuevo en la frustración, vergüenza, rabia y culpa consecuentes del fracaso erectivo. Y, en algunos casos, acaba desarrollando una pérdida de deseo sexual.

 

 

  Los mitos en torno a la virilidad entorpecen todavía más la situación. Un varón que tiene problemas de erección puede llegar a sentirse seriamente devaluado al pensar que este hecho cuestiona su hombría, debido a la importancia concedida universalmente a la erección y a que, generalmente, la responsabilidad de lo que sucede en el encuentro sexual recae culturalmente sobre el hombre. Este tipo de creencias  aumentan su inseguridad y su obsesión por conseguir erecciones y por complacer sexualmente a su pareja, lo que aumenta la presión a la hora de tener relaciones íntimas y anticipa el fracaso.

 La reacción de la pareja frente a la DE es un factor determinante en su manejo y evolución. Si no hay un buen nivel de comunicación en la pareja, se pueden llegar a generar todo tipo de dudas sobre la relación, desde creer que ya no son capaces de estimular o excitar a sus compañeros hasta incluso plantearse la existencia de una tercera persona para explicar la falta de rendimiento.

  La DE tiene diferentes manifestaciones clínicas, podemos diferenciar entre:

  • Primaria: el paciente nunca ha tenido una erección bajo ninguna circunstancia. Casi con total seguridad estamos ante un problema orgánico.
  • Secundaria: es la más habitual. El paciente ha tenido erecciones y de manera brusca o progresiva empieza a perder la capacidad eréctil. En este caso, podríamos estar ante un problema orgánico, psicológico o ambos.
  • Situacional: el paciente puede alcanzar la erección en unas circunstancias pero no en otras. Por ejemplo, tener erecciones en la masturbación o felación, pero no en la penetración; o tener erecciones con una pareja y no con otra; en estos casos, se trataría de un origen psicógeno.
  • Generalizada: con el tiempo, el paciente que solía tener erecciones en algunas situaciones, deja de tenerlas bajo ninguna circunstancia.

  Aunque el tratamiento de la causa primaria orgánica es prioritario cuando está presente, la gran mayoría de los casos orgánicos de DE presentan a la vez factores psicológicos que deben ser tratados conjuntamente.

  El tratamiento sexológico de la DE combina técnicas cognitivas, conductuales y emocionales encaminadas fundamentalmente a identificar y desterrar cogniciones y creencias erróneas y facilitar información veraz sobre la respuesta sexual masculina. Además, se procura que el paciente aprenda a acceder a la relación sexual relajado y sin presión, favoreciendo la erotización de todo el cuerpo. Es importante prestar una mayor atención a la percepción de las diferentes sensaciones eróticas y las emociones asociadas a ellas, condición indispensable para favorecer el proceso de excitación y de erección. Asimismo, es fundamental informar e implicar a la pareja, si existe, en la terapia pues la sexualidad en un pilar esencial en el vínculo amoroso. para tratar la disfunción misma y fomentar la comunicación sexual en pareja. Por todo ello, en el abordaje de la disfunción eréctil en terapia sexual, será recomendable siempre que sea posible, contar con la colaboración de la pareja.

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