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El miedo a amar

amor redpor Dr. Sergio Oliveros Calvo, Psiquiatra Madrid  (Grupo Doctor Oliveros)

En el año 2000 el director chino Wong Kar-Wai estrenaba una película memorable llamada “In the mood of love”. Toda la película se desarrollaba en las habitaciones de una pensión donde un hombre casado y una mujer casada se veían atraídos de forma creciente, y aunque sus matrimonios parecían fracasados, ninguno daba el paso para facilitar el encuentro con el otro.

El título se tradujo como “Deseando amar” lo que a mi juicio no era correcto en la medida que lo que se hacía más patente no era el deseo de amar si no el miedo a hacerlo y la represión que se hacía de ese deseo, habría sido más correcto titularlo “Temiendo amar”

No es sencillo definir amor. Hay mil formas de vínculos y cada una de ellas será llamada “amor” por sus componentes. Llamamos amor al deseo sexual, a la fascinación, al “morbo” despertado por la otra persona (dedicaremos un post específico a esto), a la dependencia emocional o económica soterrada, al sometimiento, a la renuncia, al vínculo fantaseado pero inexistente, a lo irrealizable y a muchas otras formas de relación que, en sentido estricto, no podemos definir como amor. ¿Cómo podríamos definir amor? Quizá como un sentimiento de plena entrega, intercambio horizontal y pasión que se profesan dos personas adultas, sanas e independientes. Es decir, dos personas que por separado son capaces de sentirse bien pero que alcanzan un mayor bienestar cuando están con la otra persona.

Vemos que para alcanzarlo no sólo hace falta un desarrollo personal suficiente sino, además, encontrar otra persona que lo haya alcanzado y que también elija a la persona que le ama para amarla.

Todos sabemos que no es fácil llegar a ser adulto en el manejo de los afectos. Por eso, muchísimas personas se quedan por el camino y se conforman con establecer pseudorelaciones que sobreviven gracias a la costumbre, el miedo al cambio y, sobre todo, el miedo a amar.

Para establecer una relación de amor uno necesita ser adulto, haber alcanzado un grado de desarrollo personal que no necesite apoyarse o aprovecharse de otro para conseguir su equilibrio. Necesita atreverse a exponer su vulnerabilidad esperando que el otro la cuide y proteja. Necesita haber superado todos sus miedos y haber elaborado todas sus carencias. Necesita haberse desprovisto de su armadura de acero emocional y sentirse seguro con la sencilla protección de su propia piel. Dime de lo que presumes y te diré de qué careces. Nunca se fíen de lo que sus ojos quieren o necesitan ver ni de lo que otros quieren que vea. La piel es suave, resistente, adaptable y sensible. Es la frontera entre dos personas. Hace falta tocarla para alcanzar a la otra persona y conocerla tal como es pero se debe saber que de ahí no se puede pasar. Y no me refiero sólo a la piel que recubre nuestro cuerpo y cavidades, me refiero sobre todo a la frontera de nuestras emociones y afectos. Por eso defino amor como relación real de intercambio adulto. Es una relación sin dueños, una relación de pares.

Experiencias traumáticas de la infancia, graves carencias durante el desarrollo de la personalidad, desengaños, aspiraciones no satisfechas o vivencias afectivas dolorosas son la causa de minusvalías emocionales en muchos sujetos que hacen inviable la experiencia del amor en ellos. Esas y muchas otras causas hacen que con frecuencia nos recubramos de cemento y no seamos capaces de amar ni permitimos que nos alcance el amor de otro, como les ocurre a los personajes de la película “In the mood of love”. Como les ocurre a ellos, por mucho que lo deseemos, no dejaremos nunca que eso ocurra.

El sustrato emocional que subyace a toda minusvalía amorosa solo puede ser tratado psicoterapéuticamente para ser resuelto. Y no sirve cualquier psicoterapia. Muchas de ellas le llevarán a ahondar más su minusvalía aceptándola sin más. Es uno de los problemas en los que para salir hay que conocer bien cómo se ha llegado a la trampa. Es el único camino.

No hay libros de autoayuda, pensamiento positivo, medicamentos o consejos que valgan. Con frecuencia estas alternativas nos hacen buscar otros minusválidos a nuestra medida para hacer como si nos relacionáramos pero nos alejan de la posibilidad de crecer, transformarnos en adultos emocionales y llegar a amar. Lo más triste: moriremos sin haber alcanzado el amor adulto.

Puedo afirmar sin temor a equivocarme que, sin duda alguna, la inversión en una terapia que resuelva este problema será la inversión más rentable que uno pueda hacer alguien en su vida.

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