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El pensamiento desiderativo

por Dr. Sergio Oliveros Calvo, Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

  Hace unas semanas escribí un post sobre el pensamiento mágico. Hoy lo haré sobre un primo cercano, el pensamiento desiderativo, el que emana del deseo y no de la observación de la realidad. 

  Cuando estuve en Yale, fui con unos amigos a visitar la casa que un multimillonario se había construido a principios de siglo XX en un precioso rincón en el sur de Connecticut. La parte más notable del inmueble era una cúpula con un enorme telescopio. El hombre, rico heredero que no tenía que trabajar para vivir opulentamente, había probado suerte con la pintura, la música y la literatura pero no había podido salir de la mediocridad por lo que acabó ejerciendo el mecenazgo con pintores, escritores y músicos prometedores y sin medios. Deseoso aún de destacar en algo, decidió encargar el que sería el mejor telescopio del mundo de la época. Podía permitírselo. Una vez en su casa había comenzado a hacer observaciones de la luna alcanzando cierto renombre en la comunidad científica. Ansioso de alcanzar una posición más notoria decidió comenzar el estudio de Marte. Poco tiempo tras haber anunciado este nuevo cometido se publicó una carta al director suya en una revista astronómica en la que avanzaba sus primeros hallazgos. Se titulaba “En Marte hay dinosaurios”. Afirmaba que el planeta de color rojizo tenía una superficie borrosa lo que indicaba la presencia de una densa capa de nubes. Tanta nube indicaba la presencia de ingentes cantidades de agua lo que, sin duda, aseguraba también la existencia de una abundante flora que no podría mantenerse en equilibrio si no coexistiera con una importante población de grandes herbívoros que se alimentaran de ella. En el siguiente número de la revista un astrónomo profesional publicó una carta al director en la que elogiaba la capacidad deductiva del rico heredero pues había sido capaz de partir de la premisa “No veo nada” y llegar a la conclusión “Luego hay dinosaurios”. 

  Esta historia ilustra bien el mecanismo del pensamiento desiderativo, un elemento muy presente en la infancia y en personalidades neuróticas como la obsesiva, la dependiente, la borderline, la histriónica, la esquizoide, la esquizotípica, la narcisista, la fóbica etc. Ante la dificultad para operar o analizar la realidad, el sujeto opta por convencerse que aquello que desea es lo que va a ocurrir. Un narcisista embarcado en una ludopatía está seguro que la siguiente jugada le va a permitir pagar sus deudas y hacerse rico. Un dependiente va a pensar que seguro que sus padres van a sacarle las castañas del fuego si no puede hacer frente a un préstamo que ha pedido. Una mujer borderline va a poner su mano en el fuego asegurando que nunca más va a establecer una relación de sometimiento un día antes de entregarse al capricho explotador de un narcisista atractivo. Un obsesivo ahorrador que ha hecho una mala inversión va a estar seguro que a él no le va a afectar la devaluación del fondo en el que ha invertido etc. 

  El pensamiento desiderativo parte de la base de una impotencia que solo alcanza su compensación mediante el deseo de omnipotencia, la única forma que tiene de sentirse seguro. Por eso, carece de rigor cuando desde fuera se analiza racionalmente y tan sólo puede alimentarse de gustos, deseos, ilusiones o suposiciones infundadas que carecen por completo de evidencia o fundamentos comprobables. Obviamente, el salto que da el sujeto preso de este pensamiento es enorme y peligroso pues, como hizo nuestro astrónomo, olvida considerar la realidad y se sumerge en el camino inexorable de la desesperación y la decepción. 

  Aquel que parta de la base “no veo nada“ y llegue a la conclusión “luego hay dinosaurios” va a contar con la “seguridad” que le da su deseo pero tal seguridad no va a generar sino perplejidad en el observador externo que fundamente su pensamiento en la realidad. 
Estoy seguro que muchos de los lectores se habrán visto muchas veces implicados en situaciones parecidas en un lado u otro de la escena descrita y sabrán lo difícil que es “bajar de su globo” y confrontar con la realidad a la persona guiada por una idea desiderativa. De nada sirve la confrontación masiva con la realidad pues este pensamiento discurre en un plano diferente al de esta. 

  Es una situación con la que los profesionales nos encontramos con frecuencia en la psicoterapia. Solo el trato cuidadoso, paciente y firme de estas ideas puede lograr modificarlas.

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