El tiroides: una glándula endocrina con una enorme expresión mental

Por Dr. Sergio Oliveros Calvo,
Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

El tiroides es una pequeña glándula con forma de mariposa situada en la base del cuello, que secreta las hormonas tiroideas llamadas T3 (triyodotironina) y su precursora T4 (tiroxina), siglas, como otras que veremos, que muchos habrán visto ya reflejadas en sus analíticas.

Su regulación directa corre a cargo de la TSH (tirotropina), hormona secretada por la hipófisis que muchos de ustedes habrán visto en sus analíticas.

Todo el eje queda gobernado por el hipotálamo a través de otra hormona, la TRH, que estimula la secreción de la TSH.

La regulación de la actividad de la glándula se establece por retroalimentación negativa de la hipófisis e hipotálamo. Es decir, cuando hay niveles suficientes de T3 y T4 se detiene la secreción de TSH y TRH y viceversa, cuando aquellos niveles son bajos aumenta la secreción de TSH y TRH.

Los efectos físicos de las hormonas tiroideas

 

La función de las hormonas tiroideas es regular el ritmo del metabolismo basal del cuerpo, el ralentí metabólico. Actúan sobre la práctica totalidad de las células del organismo aumentando la producción de calor y el consumo de oxígeno.

Son necesarias para la síntesis de proteínas, especialmente en la fase de crecimiento del cuerpo y en el desarrollo del cerebro.

“Algunos trabajos han estimado que hasta la mitad de los pacientes podrían desconocer su condición de enfermos tiroideos o no presentar síntomas suficientes para ser detectados como tales (hipo/hipertiroidismo subclínico). Mientras tanto, serían tratados como enfermos depresivos, obsesivos, ansiosos o, incluso, esquizofrénicos y se diferiría su tratamiento específico”.

El hipertiroidismo (altos niveles de T3 y T4 y bajos niveles de TSH) provoca aumento de la actividad metabólica con taquicardia, latidos irregulares, fatiga o debilidad muscular, febrícula, intolerancia al calor, temblor en las manos, movimientos intestinales frecuentes o diarrea, pérdida de peso, aumento del tamaño del tiroides (bocio) etc.  Se produce en la Enfermedad de Graves Basedow, nódulos tiroideos hiperfuncionantes y en la primera fase de la tiroiditis de Hashimoto cuando se destruyen los folículos tiroideos.

Por el contrario, el hipotiroidismo (bajos niveles de T3 y T4 y altos niveles de TSH) se acompaña de fatigabilidad, aumento de peso, hinchazón de la cara, intolerancia al frío, dolor muscular, estreñimiento, piel seca, reglas abundantes, pelo quebradizo, ritmo cardiaco lento etc. Son los casos más frecuentes con diferencia. Es propio de la fase final de la tiroiditis de Hashimoto, del bocio endémico (dieta pobre en iodo), infecciones, resección por cáncer, etc.

Los síntomas psiquiátricos en las enfermedades tiroideas

 

Los síntomas psiquiátricos son nucleares en los trastornos tiroideos hasta el punto de que, en la mayor parte de los casos, preceden a la aparición de los síntomas físicos y mimetizan trastornos psiquiátricos. Esto hace que el paciente comience consultando y sea tratado por sus síntomas psiquiátricos y no por su patología tiroidea lo que difiere su diagnóstico y tratamiento endocrinológico.

Algunos trabajos han estimado que hasta la mitad de los pacientes podrían desconocer su condición de enfermos tiroideos o no presentar síntomas suficientes para ser detectados como tales (hipo/hipertiroidismo subclínico). Mientras tanto, serían tratados como enfermos depresivos, obsesivos, ansiosos o, incluso, esquizofrénicos y se diferiría su tratamiento específico.

Tanto el hipertiroidismo como el hipotiroidismo afecta predominantemente a las mujeres (relación de 9/1), una población que cuida de la salud de los otros pero que tiende a cuidar poco la suya. Es un dato importante pues acota mucho el foco de atención y, por tanto, puede mejorar mucho el rendimiento de la prevención.

Las personas con hipertiroidismo pueden presentar ansiedad, hiperactividad, distraibilidad, irritabilidad, hipersensibilidad al ruido, sensación de tensión interna, impaciencia, labilidad emocional, insomnio, ánimo inestable, insomnio y falta de apetito. En casos extremos pueden presentar delirios y alucinaciones. Hay una rara presentación que tuve ocasión de diagnosticar a una paciente en el hospital, la apatía tirotóxica, una forma de estupor depresivo que aparece en el marco de un hipertiroidismo y que mejora con antitiroideos.

Los pacientes que sufren hipotiroidismo pueden presentar pérdida de interés, incapacidad para disfrutar de actividades placenteras, retardo psicomotor, apatía, amnesia, depresión, deterioro cognitivo, psicosis (casos graves) y aplanamiento afectivo. Si no se trata puede evolucionar a demencia. Muchos pacientes comienzan su periplo en la consulta de psiquiatría recibiendo tratamiento antidepresivo y llegando a la falsa conclusión de sufrir una depresión resistente.

En estos casos, el empleo de un tratamiento adecuado con hormonas tiroideas en hipotiroidismos o con antitiroideos/iodo radioactivo en hipertiroidismos consigue un efecto inmediato y extremadamente reconfortante para el paciente. Casi mágico. El retraso en el tratamiento de una enfermedad tiroidea puede tener consecuencias irreversibles de gravedad variable lo que hace imperativo el diagnóstico a tiempo.

 

Alteraciones tiroideas en las enfermedades mentales

 

Se ha evidenciado en estudios aislados por lo que no es posible sistematizar los resultados anomalías leves (hipotiroidismo subclínico) no relacionadas de forma causal en pacientes depresivos leves, pacientes con depresión mayor, en adolescentes que habían sufrido abuso sexual con síntomas depresivos leves y trastorno por estrés postraumático, pacientes con deterioro cognitivo leve y pacientes con fobia social. Aunque en ninguno de esos grupos se pudo demostrar una relación causal entre la alteración hormonal y la mental, ésta mejoró con el tratamiento hormonal.

El litio, fármaco de primera línea en el tratamiento del trastorno bipolar, puede provocar hipotiroidismo por “engañar” al tiroides que lo confunde con el yodo, elemento necesario ara la síntesis de la tiroxina. Obliga a la monitorización de los niveles y a la sustitución del tratamiento si esto ocurre.

 

Papel de las hormonas tiroideas en los tratamientos psiquiátricos

 

La tiroxina es empleada como fármaco de segunda línea en el tratamiento de la depresión resistente acompañando a los antidepresivos cuando éstos por sí mismos fallan. También es beneficiosa en el tratamiento de una condición rara llamada catatonia periódica, en la cual la condición del paciente alterna periódicamente entre estados de apatía e inmovilidad y una marcada excitación.

Para terminar, es importante destacar la importancia de valorar siempre la función tiroidea ante la más mínima sospecha en un paciente psiquiátrico y de no subestimar nunca las presentaciones subclínicas de la enfermedad. En los pacientes que hayan sido intervenidos de cáncer de tiroides, además, el riesgo de patología psiquiátrica es elevado tanto por los síntomas derivados por el hipotiroidismo como los secundarios al proceso, por lo que la monitorización será siempre obligada.

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