El trastorno esquizoide de personalidad:
esos “raros” invisibles

El trastorno esquizoide de personalidad:
esos “raros” invisibles

Por Dr. Sergio Oliveros Calvo
Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

Pedro era el chico que siempre esperaba leyendo algo sentado solo en el suelo de la entrada de clase. Con el último botón de su camisa abrochado y su jersey remetido por debajo de su pantalón. Si alguien le hablaba le dirigía una mueca pretendidamente amable, pero seguía leyendo imperturbable. Siempre parecía ausente e indiferente, ni siquiera mostraba la más mínima rabia cuando los compañeros se reían de él y su extraña forma de comportarse y vestirse. Carecía de toda iniciativa, preso de una intensa apatía, y no reaccionaba siquiera a las felicitaciones del profesor por sus altas calificaciones.  Como decía su hermano pequeño, Pedro era “muy raro, raro en general”, era su forma inteligente e intuitiva de describir a un paciente con Trastorno Esquizoide de Personalidad (TEP).  

Se trata de un trastorno poco frecuente y de causa desconocida, cuyo aspecto nuclear es su ausencia casi total de vinculación con las relaciones humanas. Forma con el T. paranoide de personalidad y el T. esquizotípico de personalidad el llamado Grupo o Cluster A de los T. de personalidad, caracterizado por la excentricidad y extravagancia. La interacción social y afectiva les resulta molesta por lo que evitan la amistad e incluso el contacto con familiares. Por eso es frecuente encontrarlos en trabajos solitarios que excluyan el contacto humano entre objetos inanimados (laboratorios, almacenes, informática, matemáticas, filosofía etc.).

Su expresión emocional es plana y carente de matices pues no experimenta placer, carece de impulsos sexuales, no expresa sentimientos ni persigue su comunicación al otro. Vemos que caracterizamos al TEP no por lo que tiene sino por lo que le falta. Quizá por eso son percibidos por los demás como si fueran robots humanoides como la coprotagonista de Blade runner.

 

narcisismo: la áspera cicatriz de una profunda herida infantil

 

Características clínicas

Según la clasificación DSM 5, el TEP se caracteriza por:

1.- Patrón predominante de desapego en las relaciones sociales y poca variedad de expresión de las emociones en contextos interpersonales, que comienza en las primeras etapas de la edad adulta y está presente en diversos contextos, y que se manifiesta por cuatro (o más) de los hechos siguientes:

  • No desea ni disfruta las relaciones íntimas, incluido el formar parte de una familia.
  • Por lo general, escoge actividades solitarias.
  • Expresa bajo o nulo interés en tener experiencias sexuales con otra persona.
  • Disfruta con pocas o con ninguna actividad.
  • No tiene amigos íntimos ni confidentes aparte de sus familiares de primer grado.
  • Se muestra indiferente a las alabanzas o a las críticas de los demás.
  • Se expresa emocionalmente frío, con desapego o con afectividad plana.

2.- No se produce exclusivamente en el curso de la esquizofrenia, un trastorno bipolar o un trastorno depresivo con características psicóticas, otro trastorno psicótico o un trastorno del espectro del autismo, y no se puede atribuir a los efectos fisiológicos de otra afección médica.

Theodore Millon, ilustre investigador y clínico dedicado a los trastornos de personalidad, sostiene que hay pocos sujetos que se ajusten estrictamente a la descripción del DSM por lo que propone una distinción entre los siguientes subtipos de TEP:

  • Lánguido: Combina síntomas esquizoides y depresivos. Carecen de motivación, vitalidad, impulso a la actividad o espontaneidad. Su estilo de relación es insustancial, tranquilo, rutinario y dependiente. Se dejan llevar por el grupo sin expresar sus deseos.  
  • Distante: Son personas muy replegadas sobre sí mismas, muy evitadoras del contacto social pues les provoca ansiedad a diferencia del TEP puro. Son abundantes en la población homeless. Pueden presentar excentricidades y otros rasgos esquizotípicos.
  • Despersonalizado: Siempre permanecen absortos y desconectados del entorno. Se ven a sí mismos desde el exterior, desvinculados no solo del mundo exterior, sino también de sus propios pensamientos, sentimientos, y corporalidad.
  • Embotado: En este subtipo la anulación emocional e interactiva, “robotización”, alcanza el nivel máximo. Sin embargo, funcionan bien en situaciones sociales muy estructuradas a diferencia del TEP puro.

 

Aunque, en general, el TEP comienza a advertirse al final de la adolescencia y principio de la etapa adulta, algunas características pueden ser advertidas en ocasiones durante el desarrollo infantil.

 

Causas y evolución

Aunque desconocemos la causa, los aspectos genéticos y la crianza parecen tener un papel importante. Así, tener padres con TEP, trastorno esquizotípico de la personalidad o esquizofrenia o haber tenido una crianza distante, negligente o insensible ante necesidades emocionales aumentan el riesgo de padecerlo.

Aunque, en general, el TEP comienza a advertirse al final de la adolescencia y principio de la etapa adulta, algunas características pueden ser advertidas en ocasiones durante el desarrollo infantil con problemas de relación con compañeros o en su rendimiento en tareas de equipo. A diferencia del trastorno esquizotípico de personalidad que revisaremos en otro post, el paciente con TEP siempre mantiene el contacto con la realidad, por lo tanto, es poco probable que presente paranoia o alucinaciones, y su discurso se ajusta a la lógica siendo fácil de seguir en todo momento. Por lo demás ambos trastornos comparten su excentricidad, su escasa habilidad para la relación social y sus graves carencias en la expresión emocional.

Es relativamente frecuente la comorbilidad con la esquizofrenia, la paranoia, la depresión mayor y algunos trastornos de ansiedad.  

Más de uno habrá advertido ya las similitudes clínicas con los Trastornos del Espectro Autista en relación con la dificultad para establecer relaciones sociales. Con frecuencia no es sencilla su diferenciación que se basa esencialmente en aspectos biográficos (más precoces los TEA) y clínicos (sin síntomas motores y disfóricos como muchos TEA). La diferencia con la fobia social es clara, en ella el paciente siente intensas emociones de rechazo, tristeza y ansiedad mientras el TEP es inerte.

 

Aproximaciones terapéuticas

Como hemos dicho antes, por lo general el paciente con TEP sólo necesita que le dejemos en paz, no cree que tenga ningún problema ni que, por lo tanto, necesite ayuda o tratamiento. Ocasionalmente pueden sufrir cuadros depresivos siendo el momento de prestarles la ayuda que necesitan. La ayuda profesional especializada puede tener un impacto positivo enorme. Las opciones terapéuticas incluyen:

  • Psicoterapia cognitivo conductual.Centrada en las habilidades sociales, sustitución de las creencias, cogniciones y los conductas conflictivas. De todos los déficits que tiene el esquizoide, el más negativo es su incapacidad para desarrollar una relación íntima consigo mismo. Es ahí donde debe empezar el tratamiento. Es importante saber respetar el espacio y ocuparlo a medida que el paciente se vaya abriendo más. En una fase final se puede incluir al paciente en una terapia de grupo para reforzar sus capacidades de interacción aprendidas.  
  • No existe un tratamiento psicofarmacológico específico para el TEP, pero se pueden abordar con eficacia las complicaciones depresivas y ansiosas que presentan.

Lo cierto es que la mayoría de los pacientes con TEP terminan sus vidas sin tratamiento, solos y sin haber conocido aquello para lo que el ser humano nace programado mayoritariamente: la vinculación con otros mediante el afecto y la interacción social. Merece la pena, sin duda, extender el conocimiento sobre este trastorno para evitar que esto ocurra.



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