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El trastorno por crisis de angustia: una visión comprensible

por Dr. Sergio OliveroEl trastorno por crisis de angustia: una visión comprensibles Calvo, Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

El trastorno por crisis de angustia afecta a un porcentaje de población que oscila entre un 1,5 y un 5% según los estudios y que con frecuencia se relaciona con la ansiedad de separación en la infancia. Es frecuente que aparezca tras una separación o pérdida real o imaginada. Consiste en crisis súbitas de ansiedad, taquicardia, aumento de la frecuencia respiratoria, sensación de falta de aire, carne de gallina, diarrea, temblor, sensación de opresión en el pecho, hormigueo en miembros, sensación de ser otra persona o de estar en mundo desconocido, sudoración, piel fría, temor a volverse loco, sensación de muerte inminente e inestabilidad o mareo. Tales síntomas pueden presentarse a la vez o de forma agrupada (no siempre aparecen todos los síntomas). Las crisis pueden repetirse según un patrón impredecible o arracimarse por el contrario en periodos de tiempo (más frecuente, por ejemplo, en mujeres en la fase premenstrual). 

 Aunque la base neurobiológica es compleja esencialmente podemos decir que la crisis obedece a la descarga masiva de noradrenalina por parte de un núcleo diminuto, el locus coeruleus, situado en el tallo del cerebro. La misión de este núcleo es regular el nivel de activación del organismo adecuándolo a las necesidades del ambiente como hace un retén de guardia con protocolos específicos para distintos niveles de alerta. De esta manera su ritmo de descarga es mínimo en las horas de sueño y máximo en situaciones de emergencia que impliquen la necesidad tanto de luchar como de huir. Muchos habrán pasado por la experiencia de haber evitado un accidente al volante realizando una serie rapidísima y compleja de movimientos con las piernas, brazos, los pies y las manos sin ser conscientes de todas las tareas realizadas en escasos segundos. Esa reacción habrá estado mediada por el locus coeruleus que habrá “automatizado” nuestra reacción y nos habrá librado del choque guiando nuestra “huida” de manera eficaz.

He elegido un video publicado en el The Mirror (lo enlazo al final) que ilustra muy bien la instantánea reacción de huida en cachorros gato de pocas semanas de vida ante un peligro inminente imaginado. Estos cachorros habrán sufrido algo similar a una crisis de ansiedad con una descarga de su locus coeruleus que les habrá capacitado para reaccionar huyendo del peligro eficientemente en un instante. La regulación de este núcleo corre a cargo de más de 10 factores pues es necesario que descargue siempre de forma rápida proporcionada al estrés percibido. Sin embargo en este trastorno tal regulación se pierde y el núcleo descarga caprichosamente sin que el organismo se encuentre en un peligro o situación extrema. Esto hace que el paciente experimente un fuerte desconcierto y con frecuencia piense que está sufriendo una enfermedad física.

Cuando las crisis se repiten, es frecuente que el paciente desarrolle agorafobia, una complicación potencialmente grave y consistente en el miedo irracional a cualquier situación en la que la huida sea complicada o imposible: grandes almacenes, lugares muy poblados, transportes públicos, autopistas, ascensores, alturas etc. El fundamento de tal complicación deriva de la propia naturaleza de la descarga pues esta capacita para luchar o para huir. Si no hay peligro contra el que luchar solo cabe la opción de huir. Por tanto el paciente va desarrollando ansiedad al pensar que se va a exponer al estímulo fóbico, ansiedad al exponerse a él y finalmente, conductas dirigidas a evitarlo. Esta evitación puede ir extendiéndose e ir restringiendo de forma progresiva la actividad del paciente a trabajo-casa. Hace unos años traté a un ejecutivo que llevaba al trabajo a su hijo de 5 años en un taxi que luego llevaba al menor al colegio. Era incapaz de transportarse solo. Un ejemplo memorable de esta patología se describía en la película Copycat (1995) en la que la psicóloga Helen Hudson se veía incapaz de salir de su apartamento, punto seguro para ella, a pesar de que sabía que iba a ser asesinada allí de forma inminente. Afortunadamente hoy disponemos de tratamientos muy eficaces basados en el abordaje combinado con psicofármacos y psicoterapia que mejoran muy rápido a la gran mayoría de pacientes. En el pasado se abusó de las benzodiacepinas que no curan la enfermedad pero ya disponemos de los ISRS que revierten la situación en un alto porcentaje de pacientes. Con ellos, las crisis desaparecen en las primeras semanas y en el plazo de 5 años sólo un 5% de los pacientes siguen necesitando tratamiento de mantenimiento.

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