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Empatía cognitiva y empatía afectiva: dos formas de ver al otro.

por Dr. Sergio Oliveros Calvo, Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

   La empatía es una de las capacidades que desarrollamos en nuestra infancia a lo largo de nuestra nuestra aproximación emocional al otro. Gracias a ella, seremos capaces de sentir y comprender lo que los demás están sintiendo, lo que desempeñará un papel clave en nuestra capacidad de relación y vínculo y en la solidez del grupo.

  Pero hay algo que no todo el mundo sabe y es la diferencia entre los dos niveles o formas de empatía:

  •   Frente al sentimiento y la expresión de este sentimiento de una persona nosotros podremos sentir lo que ella siente (compasión, padecer con), reaccionamos emocionalmente a su sentimiento, es lo que denominamos empatía afectiva.
  • Simplemente comprendemos, a partir del conjunto de signos que emite, lo que siente o piensa (vemos su problema en perspectiva). Es la empatía cognitiva.  

  Como vemos la primera implica una capacidad emocional mientras que la segunda se limita a un trabajo cognitivo. La empatía es esencial en la cohesión y la supervivencia del grupo como lo demuestra su presencia en la conducta de mamíferos tan diferentes como perros, elefantes o ratas:. protege al débil y ataca al agresor del semejante. 

  Uno de los investigadores que más han profundizado en el conocimiento de la empatía es el neuropsicólogo norteamericano de origen judío Simon Baron-Cohen. En su libro “Zero degrees of empathy” el investigador intenta entender genocidios como el Holocausto y otros ejemplos de maldad a través de un fallo de la empatía. Este autor establece que la empatía se reparte en la población siguiendo una curva de Gauss: pocos tendrían empatía cero, muchos otros empatía media y pocos superempatía.

  El componente afectivo de la empatía se organiza en lo que denominamos el sistema límbico, las zonas cerebrales profundas implicadas en la regulación de las emociones, especialmente en la ínsula, el giro posterosuperior temporal y área motora suplementaria.

  Por el contrario, el componente cognitivo se estructura y regula en zonas de la corteza cerebral (corteza prefrontal ventromedial y giro cingulado) y en él estarían implicadas conductas de imitación mediadas por las llamadas neuronas espejo.  

  En la mayor parte de los sujetos ambas formas de empatía caminan de la mano, pero en otros casos se presentan aisladas. Es el caso de los psicópatas, algunos subtipos de trastorno límite de la personalidad y de la personalidad narcisista. Baron-Cohen habla de la empatía cero de estos sujetos. La incisiva capacidad de observación que desarrollan, por ejemplo, narcisistas y psicópatas para lograr sus fines a través de la explotación del otro, les capacita para comprender exactamente lo que el otro siente (elevada empatía cognitiva) manteniéndose, en cambio, alejados emocionalmente de ese sentimiento (nula empatía afectiva). Es importante destacar que empatía cero no equivale a maldad si no a la percepción del otro como un objeto indiferente y “utilizable” debido a esta minusvalía. Es a partir de ahí donde cabe la crueldad, pero de forma secundaria.  

  Por el contrario, en ciertos trastornos neurológicos y psiquiátricos, el sujeto carece de empatía cognitiva, pero mantiene la afectiva (esquizofrenia, trastornos del espectro autista, lesiones en el lóbulo frontal). Otros trastornos que transitoriamente pueden reducir la empatía cognitiva son el alcoholismo, la depresión o la fatiga.

  Hace unos meses analizábamos en un post un hallazgo que podría explicar la importancia de la interacción madre-hijo y el apego en el desarrollo de la personalidad narcisista (http://bit.ly/2hrhq7r).  El artículo comprobaba que los hijos de madres que sufrieron depresión en el primer año postparto y fueron más invasivas con sus bebés, desarrollaban una menor empatía emocional y una menor actividad funcional en las áreas anatómicas cerebrales implicadas en la empatía.

Narcissimo cicatriz

 

  Se ha podido comprobar que la testosterona también reduce la empatía lo que puede tener un valor evolutivo en la eficacia de la lucha por la supervivencia o la supremacía del grupo a través de la guerra o el sometimiento. Lo mismo ocurre con la adquisición de poder o dinero. Lo hemos comprobado en la transformación de los políticos cuando permanecen mucho tiempo en el poder. Un hallazgo reciente y de significado poco comprendido es que el paracetamol produce un efecto similar.

  La empatía cognitiva se puede entrenar y desarrollar. Es la clave, por ejeplo, que emplea el método KIVA en la prevención del acoso escolar como nos mostró al Dra. González Villalobos en su post al respecto (http://bit.ly/2fIMrn8). Así ocurre en las escuelas de negocios o en la formación de trabajadores con una actividad comercial a la hora de mejorar la capacidad de persuasión.

 

KIVA

 

   La empatía afectiva, por el contrario, es más complejo desarrollarla en sujetos adultos. Se ha ensayado la psicoterapia dinámica, entrenamiento a través de videos, la oxitocina y el role playing sin grandes resultados.

   En este tiempo de división maniquea de la humanidad (los buenos y los malos, nosotros y vosotros, derechas e izquierdas, etc.) y confrontación no vendría nada mal un esfuerzo colectivo dirigido a ver las cosas con mayor perspectiva e intentar entender al otro con más empatía cognitiva al menos.

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