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¿Es el psicópata un enfermo mental?

por Dr. Sergio Oliveros Calvo, Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

   La psicopatía o personalidad psicopática se caracteriza esencialmente por mostrar marcados déficits emocionales y conductas contra los demás. Unos autores han considerado a estos sujetos enfermos (paradigma clínico) mientras que para otros son simplemente personas malvadas (paradigma moral) lo que quizá haya motivado su inclusión intermitente entre los trastornos psiquiátricos o, incluso se haya calificado de enfermedad moral.  

  Es frecuente que se confunda con la personalidad antisocial, frecuente en población carcelaria y grupos radicales y violentos y sujetos que proceden de familias disfuncionales y cuentan con abusos sexuales y/o malostratos en la infancia. La personalidad antisocial tiene una escasa carga genética y, a diferencia de la personalidad psicopática, está incluida en las clasificaciones internacionales. Se caracterizada por:

  • violaciones sistemáticas de la ley
  • mentiras y engaños permanentes
  • conducta es marcadamente impulsiva, sin planificación
  • reacciones agresivas y violencia indiscriminada
  • indiferencia hacia su seguridad
  • carecen de sentimientos de culpa y remordimientos.

    La personalidad psicopática, por el contrario, tiene una enorme carga genética y una menor desestructuración en su familia de origen. Sus conductas son observables desde la infancia en forma de bullying, sadismo con animales etc. Posee un desarrollo deficitario de áreas del cerebro responsables de la regulación emocional y el control de los impulsos que se traduce en una desconexión entre las emociones y la agresividad. También se han encontrado alteraciones en la transmisión de serotonina de momento poco específicas.

   Todo esto podría convertir al sujeto psicopático en una persona completamente consciente de sus actos que, sin embargo, no puede controlar su agresividad. Son personas extremadamente frías e incapaces de establecer relaciones de apego, por lo que su estilo de relación interpersonal es artificial y distante, carente de empatía. Ve en el otro una mera herramienta para satisfacer sus propias necesidades. Cuentan con una gran penetración psicológica que les permite reconocer la vulnerabilidad del otro lo que emplean para explotarle o dañarle, a modo de una especie de empatía perversa.

  El sujeto con una personalidad psicopática ejerce la explotación interpersonal de una manera sistemática y para ello despliega las más refinadas artes seductoras con un amplio repertorio de buenos modales e inteligencia. Por eso resulta muchas veces fiable ante los demás y alcanza cotas importantes de desarrollo personal, social y laboral como ha sido siempre visible en la política, la economía y otros círculos de poder. Al igual que en la personalidad antisocial, en estas personas tampoco hay sentimiento de culpa independientemente del daño que hayan causado, pero a diferencia de aquella, cuando incurre en una conducta delictiva lo hace de forma calculada y planificada reduciendo al máximo el riesgo en que incurre, la probabilidad de que sea descubierto y detenido. Es raro (ahora cada vez menos, afortunadamente) que terminen en la cárcel como los antisociales.

  Los daños y la escasa empatía con la víctima producen enormes sentimientos de rechazo y necesidad huida y protección, como es lógico pues sus efectos sobre los demás son con frecuencia devastadores. 

  El tratamiento muestra por lo general una respuesta muy pobre salvo cuando se actúa pronto, en la adolescencia o incluso antes, en la segunda infancia cuando empieza a dar la cara. En adultos los ISRS pueden reducir la impulsividad y los neurolépticos la agresividad. Pero no se puede pretender un cambio duradero sin una psicoterapia con énfasis en la esfera interpesonal. Recordemos el caso de la niña Beth Thomas, víctima de abusos sexuales en su primera infancia y con importante síntomas psicopáticos en su segunda infancia, que tuvo una rehabilitación completa en régimen de internado culminando el proceso con su trabajo como enfermera en su edad adulta (reproducimos un interesante video sobre el caso al final).   

Nos es tan difícil concebir el mal que siempre lo intentamos achacar a la enfermedad mental cuando se ha demostrado que es más frecuente delinquir sin padecer una enfermedad mental que padeciéndola.

  Cuando alguien comete un crimen brutal solemos decir que está loco. Nos es tan difícil concebir el mal que siempre lo intentamos achacar a la enfermedad mental cuando se ha demostrado que es más frecuente delinquir sin padecer una enfermedad mental que padeciéndola. Sin embargo, la psicopatía no está incluida en las clasificaciones psiquiátricas actuales. Esto puede sorprender a muchos pues es un problema con alta heredabilidad genética y que cuenta tanto con anomalías anatómicas como con alteraciones funcionales cerebrales específicas.

  Es un trastorno que aparece en el 1% de los sujetos, aunque si consideramos formas incompletas puede alcanzar un 6%. Sus características hacen que estos sujetos se agrupen en algunas profesiones (director de compañía, abogado, “famoso” mediático, vendedor, cirujano, periodista, policía, clérigo, cocinero y funcionario público) y huyan, en cambio de otras (son escasos entre cuidadores, enfermeros, psicólogos, artesanos, estilistas, caritativos, maestros, artista, médicos y contables).

  En 1974 el psicólogo de la Universidad de Yale Stanley Milgram demostró que tres cuartas partes de los sujetos pueden actuar psicopáticamente por obediencia a la autoridad. En su experimento, ordenaba a los participantes aplicar una tortura (descargas eléctricas crecientes hasta un voltaje mortal) a un sujeto cuando fallaba en sus respuestas. El sujeto estudiado creía que las descargas eran reales. Un 65% de los sujetos alcanzaban intensidades letales por obediencia. Más recientemente, un estudio francés que recogemos en el video, premiaba con dinero en un supuesto programa de TV a aquellos que alcanzaban el final. El porcentaje de positivos se incrementaba hasta a un 82%.

¿Quizá no queramos incluir la psicopatía en los trastornos psiquiátricos porque puede estar representando aspectos propios que rechazamos por inaceptables?

  Estos sujetos actuaron psicopáticamente delegando la responsabilidad en la autoridad y en el segundo experimento, se esforzaron más cuando creían que, además, iban a ganar dinero.  Otra conducta muy conocida y ligada a la psicopatía se origina en lo que podríamos llamar el egoísmo de la víctima: si han matado a uno de los míos puedo matar a uno de los suyos, si me han robado puedo robar etc.

  Son todas situaciones que ponen de manifiesto que formas menores de psicopatía podrían estar presentes en la mayoría de nosotros y que nos basta con la exposición a un estímulo adecuado para que las expresemos.  ¿Quizá no queramos incluir la psicopatía en los trastornos psiquiátricos porque puede estar representando aspectos propios que rechazamos por inaceptables?

  Como dice mi admirado y querido Dr. Paco Traver, brillante Psiquiatra español: si consideramos la psicopatía como una enfermedad moral ¿por qué los psiquiatras empleamos tanto tiempo en hablar y escribir sobre ella?. Si la incluyéramos dentro de los trastornos mentales, quizá el aumento de inversión que se produciría en este trastorno generaría resultados útiles para su tratamiento y evitaríamos a la larga infinidad de delitos y lesiones físicas y emocionales a inocentes.

  Hace unos años me contaron un chiste en Israel que recuerdo y expresa bien esta reflexión:  Los manuscritos del Mar Muerto incluían 11 mandamientos, pero sólo 10 se se aceptaron luego en versiones posteriores de la Biblia, el undécimo era: “Que no te pillen”.

Beth Thomas, la niña psicópata

Psicopatía por poderes, obediencia a la autoridad

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