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Hijos del divorcio y nuevas familias, una dificultad añadida a resolver.

por Dra. Isabel González Villalobos, Psiquiatra Infantil Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

   Muchos niños van a celebrar estas navidades por duplicado. Unos días con su madre y su nueva familia y otros con su padre y la nueva familia de éste. Por la mañana unos regalos y un roscón en una casa y por la tarde otros junto a sus nuevos familiares.

   Pero no es la única dificultad que habrán de afrontar. A lo largo del año les aguardan muchas más.  En el post anterior hablábamos del efecto del divorcio sobre los hijos, pero, tras la extinción de su familia, hay otro desafío que habrán de afrontar en la mayoría de los casos: su entrada en dos nuevas familias.

   ¿Cómo es la adaptación de los hijos a las nuevas familias de sus progenitores? ¿Cuál es el papel de los padrastros y madrastras? ¿Qué caracteriza la relación de éstos con el niño? ¿Por qué la literatura universal hace más disfuncional la figura de la madrastra que la del padrastro? ¿Cómo afrontar las reuniones familiares ante estas nuevas circunstancias?

   En las reuniones navideñas de familias fusionadas salen a la luz las dificultades y tensiones entre los miembros que permanecen ocultas en el día a día. Por ello, es importante no esperar ni imponer una Navidad “perfecta”, es mejor asumir que va a ser una época con cambios respecto a los años previos.

    En la literatura, sobre todo infantil, se suele reflejar a la madrastra como un personaje hostil y amenazante, “la pareja de mi padre”. Y, en cambio, transforma por lo general al padrastro en un “nuevo padre” benefactor. 

    Es probable que esto ponga de manifiesto las diferencias entre las características intrínsecas de cada vínculo, pero quizá denote también la diferente manera de afrontar la separación y reunificación del padre y de la madre. Mavis Hetherington, brillante psicóloga de la Universidad de Virginia que ha estudiado profusamente este área, y ha evidenciado que, después del divorcio, el dolor y resentimiento que experimentan las mujeres es más intenso y duradero que el de los hombres. Los hijos perciben este hecho y, muchas veces de manera inconsciente, se identifican con él y rechazan a la madrastra como muestra de apoyo y lealtad hacia su madre. Quizá también en muchos casos subyace en esta dinámica el deseo oculto del hijo de reemplazar a su padre frente a su madre abandonada.  

  Mavis Hetherington, ha verificado también que es raro que un padre entre en conflicto con el padrastro de su hijo, lo que evita que se convierta en una fuente de conflicto para el hijo que así no siente que le traiciona. Pero no ocurre lo mismo con la madre que es más proclive a entrar en litigio con la madrastra en cuanto a su forma de enfocar la educación de sus hijos y cae en la ira y el resentimiento con más facilidad.   

   Otro hallazgo de Hetherington es que las hijas del divorcio, se identifican con sus madres en cuanto a su visión de los motivos que condujeron al divorcio. Por tanto, hacen suyo el resentimiento que no solo vuelcan sobre el padre si no también sobre la madrastra.   

   De igual modo, la psicóloga ha demostrado que las mujeres con hijastros suelen sentirse obligadas a actuar de manera maternal y conciliadora con ellos y, a pesar de que la intención sea buena, los hijastros pueden percibir esta actuación como invasiva o amenazante, provocando su rechazo. Hay que tener en cuenta, además, que aunque aumentan las custodias compartidas, las madrastras suelen convivir muy poco con los hijos de su marido lo que dificulta esta interacción. Por el contrario, en el caso de los hombres esta presión es menor, y los hijastros sienten menos conflicto interno de cara a una posible “traición” a su padre.  De todas formas, esta visión está cambiando mucho en las últimas décadas, en consonancia con la igualación de los roles de cada miembro de la pareja dentro del núcleo familiar.

    En la relación entre un niño y su padrastro o madrastra influyen muchos factores, entre otros:·  

  • Edad del niño: habitualmente resulta más difícil la relación si los hijos son adolescentes que si son más pequeños; es importante respetar su espacio y permitir que se tomen su tiempo. ·   
  • Motivo de la ruptura: si el padre o madre ha fallecido, es posible que reactive de algún modo el duelo en el menor. En caso de que sea una separación o divorcio, el hecho que exista una nueva pareja supone el fin de la fantasía de reconciliación de la que hablábamos en el post anterior. ·     
  • Duración de la relación: Cuanto más progresiva sea la adaptación, mejor. ·  
  • Relación nuevo miembro/excónyuge: Minimizar los comentarios negativos hacia la ex pareja siempre va a facilitar la adaptación de los hijos al nuevo núcleo familiar. ·  
  • Presencia de hermanastros: El hecho de que en la nueva familia haya niños de edad similar puede suponer un aliciente para los hijos de ambos, aunque también es habitual que surjan envidias y comparaciones. El manejo de esta situación es complejo, pero hay que insistir en la definición del rol de cada miembro de la familia, respetar las emociones y sentimientos de los hijos y, si es preciso, reestructurar los hábitos familiares, tratando de unificar las reglas existentes en el hogar (por ejemplo, en la hora de acostarse o en las costumbres a la hora de comer).  

 En España más del 6% de las familias son reconstituidas o ensambladas (es decir, que uno o ambos miembros de la pareja aportan hijos de una relación previa). En ellas, la mala adaptación de sus miembros puede suponer una verdadera amenaza para el bienestar del grupo.

    En estos casos, los adultos pueden sentirse presionados a tener una relación paternal o maternal con sus hijastros, pudiéndose producir un rechazo por parte del menor que desea la reunificación de su familia. Por eso es importante no intentar acelerar las fases de esta nueva etapa. Necesitamos empezar por conocer a los hijastros (sus creencias, preferencias, ideas) y compartir con ellos esta nueva experiencia en lugar de obstinarse en adoptar el papel de progenitor. Es bueno que nos interesemos por ellos, por sus alegrías y sus preocupaciones, pero teniendo en cuenta que la confianza y, más aún, el amor, es algo que no se puede forzar y que tarda tiempo en desarrollarse. Debemos tener en cuenta que esos niños tienen ya un padre y una madre. Inicialmente, el rol de su padrastro o madrastra es el de un nuevo adulto que se preocupa por él; con el tiempo puede ir desarrollando un vínculo más estrecho hacia esa persona, pero nunca sustituirá a su padre o a su madre, sino que será un nuevo miembro en la familia.

   En las reuniones navideñas de familias fusionadas salen a la luz las dificultades y tensiones entre los miembros que permanecen ocultas en el día a día. Por ello, es importante no esperar ni imponer una Navidad “perfecta”, es mejor asumir que va a ser una época con cambios respecto a los años previos, introducir nuevas tradiciones, permitir el contacto con el resto de la familia (abuelos, primos…), planificar con tiempo la distribución de los días más señalados haciendo partícipes a los hijos de esta realidad, entender y respetar que los niños echen de menos al padre/madre con el que no vaya a pasar la Navidad y, lo más importante, pasar tiempo de calidad con ellos, en la medida de lo posible.

    Es fundamental tener en cuenta que el vacío que sienten los hijos no se llena solamente con regalos, sino con cariño: un niño va a disfrutar mucho si recibe un balón de regalo, pero va a disfrutar mucho más si juega al balón con su familia.

   Es indudable que la adaptación a una nueva familia es compleja y, a pesar de las buenas intenciones de todos, no es posible salvar todos los obstáculos que surgen a lo largo del camino.  Con el establecimiento de nuevos lazos afectivos, siempre identificando y respetando el rol de cada miembro del núcleo familiar, estas experiencias pueden llegar a ser gratificantes y satisfactorias, así como convertirse en una oportunidad de crecimiento personal.

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