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Instagram sin filtros, su impacto real en la salud mental del usuario.

por Hugo Filippe Dos Reis, Psicólogo Madrid (Grupo Doctor Oliveros)   

 

Ana es una joven estudiante, usuaria de Instagram. Tras veinte “selfies” emulando a una de sus “influencers” favoritas, elige filtro de imagen, “hashtags” y la hora de publicación. Todo previamente seleccionado según las tendencias que reciben más “likes”. Sus seguidores son cosificados en números de interacciones; espectadores de un despliegue de hambre de admiración. Ana siente momentáneamente cierto placer. Sin embargo, se desvanece mientras desplaza imágenes y “stories”… siente una mezcla de fracaso y envidia, pero, sobre todo, una intensa soledad.

   Instagram es sin duda la red social de moda. Alcanzó este último verano más de un billón de usuarios activos en todo el mundo. En España, con más de 12 millones de usuarios, es la tercera red social más utilizada (después de Facebook y Twitter), triunfando entre menores de edad y adultos jóvenes. Según el Estudio Anual de Redes Sociales (IAB Spain), los jóvenes de 16 a 30 años constituyen el 40% del total (de 31 a 45 años, corresponde el 38%). Se trata de una red social con una presencia femenina sensiblemente mayor (58% de mujeres frente a 42% de hombres).

   A primera vista, Instagram es un espacio virtual amigable y social, muy atractivo visualmente, donde ver y compartir imágenes de interés. Podemos seguir el contenido de personas o grupos sociales con estilos de vida comunes, incluyendo marcas o personajes públicos. La cara positiva, es la posibilidad de autoexpresión de la identidad, y el crecimiento de los lazos sociales, compartiendo experiencias e intereses.

redes sociales y salud mental

   Lamentablemente, para un número creciente de usuarios, el exceso de estilos de vida “perfectos” se está convirtiendo en un problema. Especialmente para los jóvenes, más vulnerables a este fenómeno, en un momento crucial de su desarrollo como adultos. Expertos e investigadores alertan de que el uso de Instagram puede producir un impacto negativo en la salud mental. En un artículo anterior ya hablamos (lo linkamos en el banner) de la encuesta #StatusOfMind publicada por la Royal Society for Public Health en Reino Unido. Los datos de casi 1,500 jóvenes entre de 14 a 24 años, situaron a Instagram como la peor RRSS para el bienestar mental. Particularmente adversa por los elevados niveles de: 

  • Trastornos de ansiedad y del estado del ánimo.
  • Efecto FOMO (acrónimo en inglés de Fear of missing out, o el miedo a perderse algo).
  • Exposición al bullying.
  • Preocupación por la imagen corporal.

 

La cara sin filtro de Instagram

 

   Desde la infancia, buscamos construir y proyectar nuestro prestigio entre los demás, una imagen que sea digna de ser aceptada y admirada. Hoy, las relaciones interpersonales en las Redes Sociales (RRSS) son una extensión de los círculos sociales reales. Una oportunidad de ser admirado por amigos y por un número de usuarios que supera enormemente los vínculos posibles reales. La necesidad de aparentar una imagen ideal de uno mismo y su vida se vuelve imperante. Los más jóvenes quedan expuestos a la vez que se comparan con otros usuarios, y esto empuja a controlar y a manipular la presentación de su imagen pública. Instagram se ha convertido en un tablón de identidades adulteradas para ocultar la inseguridad, la baja autoestima, y la soledad. En cierto modo, impulsa a compartir contenido como una forma de existir para el mundo, pero con una máscara que oculte las imperfecciones.

   Instagram promueve una comparación social poco sana e irreal, al generalizar la creación de imágenes minuciosamente estudiadas y retocadas. Las expectativas poco realistas pueden disminuir la autoestima, y la necesidad de compensación de ese estado, produce estrés. Extensa evidencia científica indica que las RRSS activan una gran cantidad de comparaciones sociales, correlacionada con depresión, ansiedad, fobia social, aislamiento, y trastornos de alimentación. Pasar tiempo pasando imágenes y perfiles de Instagram, desencadena una sensación de exclusión y envidia. Paradójicamente, la hiperconectividad desemboca en aislamiento y soledad: los seguidores son conexiones, no relaciones.

 

    Instagram puede estar ejerciendo un efecto amplificador de problemas psicológicos y de conflictos propios de adolescentes y adultos jóvenes y su contexto.

 

   Se trata de una plataforma minuciosamente construida por especialistas para “enganchar” al usuario, el cual se ve impulsado a estar continuamente conectado y revisando nuevas imágenes y perfiles. Tiende a estimular patrones de dependencia comportamental, en vez de servir como fuente de motivación para la vida real.

   Instagram se convierte en un gran espejo que muestra la vida que todos carecen y desean. Frustración y sentimientos de inferioridad provocado por perfiles irreales: la imagen o físico que no tienen, actividades que no hacen, metas que no alcanzan, lugares fantásticos en los que no están, parejas ideales que no tendrán…Ver a gente constantemente disfrutando en esas situaciones, produce un sentimiento de fracaso, de pérdida del aprovechamiento de la vida.

   Por primera vez, una investigación experimental de la U. de Pennsylvania, conecta causalmente el uso de Instagram con depresión, ansiedad, el efecto FOMO y la soledad. Además, se halló que, paradójicamente, reducir su uso también reduce el sentimiento de soledad. La reducción de la comparación social, y reaprovechar el tiempo en actividades satisfactorias, mejoraban directamente el bienestar.

    La estabilidad emocional y autoestima también se ven amenazadas por las reacciones y comentarios de los demás usuarios. Si no hay la interacción virtual que uno espera (de comentarios, de “me gusta”), produce sentimientos de rechazo. El número y tipo de interacciones son una estimación proporcional de la valía, generando dependencia de esos refuerzos sociales positivos. Por otro lado, los comentarios negativos generan un elevado malestar y minan la autoestima. Ditch the Label, una ONG anti-bullying británica, realizó una encuesta entre más de 10,000 jóvenes de 12 a 20 años. Instagram tuvo los resultados más preocupantes: el 42% había sufrido cyber-bullying (acoso online) en alguna ocasión.

 

Instagram y el impacto en la imagen corporal

 

   En los últimos años, ha crecido el interés científico sobre el impacto de la cultura selfie e Instagram sobre la imagen corporal. Body Image es una revista internacional que publica artículos científicos de alta calidad sobre la imagen corporal y sus problemas. Múltiples estudios publicados por esta revista  apoyan la hipótesis de que el uso de las RRSS tienen efectos adversos directos.

   Se ha observado que Instagram es un importante catalizador para las preocupaciones de apariencia, la insatisfacción generalizada del cuerpo y el peso entre las adolescentes y mujeres jóvenes. Diversas investigaciones indican que seguir y observar cuentas centradas en la apariencia (ideales de belleza de delgadez o/y cuerpo atlético, en perfiles de modelos y celebridades):

  • Contribuyen a la insatisfacción del cuerpo.
  • Interiorización de dichos ideales, y consecuentemente a la vigilancia corporal y el control de la delgadez.
  • La interacción social puede afectar la imagen y preocupaciones sobre el cuerpo, incluyendo comentarios positivos acerca de la apariencia.
  • Promueven conductas de pérdida de peso y preocupación en torno a la dieta.

   Un estudio recién publicado, demostró experimentalmente que publicar selfies en Instagram perjudica el estado de ánimo y la autoimagen en mujeres jóvenes. Se registró un aumento de la ansiedad y una disminución en su confianza y de la autopercepción de atractivo en chicas que publicaban este tipo de imágenes, en comparación con quiénes no publicaban este tipo de contenido. El hecho de poder retocar o modificar su foto no hizo que se sintieran mejor consigo mismas.

   Estos hallazgos tienen implicaciones clínicas para la prevención y el tratamiento de trastornos mentales. Mujeres jóvenes de entre 16 y 25 años pasan hasta 5 horas por semana haciéndose selfies y subiéndolas a sus perfiles. La alta insatisfacción corporal es el principal factor de riesgo para el desarrollo de trastornos de la alimentación. Se correlaciona también con una baja autoestima y depresión.

   Instagram presenta innumerables imágenes idealizadas de mujeres delgadas o atléticas. Ese ideal se presenta como el cuerpo normal y deseable, alcanzable para toda mujer. Esto provoca sentimientos de inadecuación, y también vergüenza y culpabilidad, haciéndose responsables del “fracaso” por no tener un físico como el de las modelos o influencers.

   La presión social hacia determinados modelos estéticos y el impacto psicológico, también está afectando a los hombres. Existe toda una industria comercial que ha surgido en torno a la cultura fitness, representada por muchos influencers. A través de Instagram, se estimula la creencia de que un cuerpo atlético facilita un mayor éxito social, laboral y sexual, compensando las inseguridades y una falta de autoestima. Se impulsa a emular celebridades o influencers que transforman un cuerpo normal (o “blandengue”) , en cuerpos extraordinariamente musculados.

 

Instagram, autolesiones y suicidio

 

   Frecuentemente aparecen en los medios casos de influencers que cayeron derrotadas por la presión mediática. Sin embargo la alarma social en Reino Unido está sonando ahora por el caso de Molly Hancock, y al menos de otros 30 casos de adolescentes suicidas, porque utilizaron Instagram para compartir y seguir contenido suicida y autolesivo. En la propia aplicación, muchos jóvenes buscan consuelo a su desesperación y encuentran gente que padece los mismos problemas, y cuyo afrontamiento es autodestructivo. Tras la presión, Adam Mosseri, CEO de Instagram, reconoció no estar haciendo lo posible por la seguridad de las personas más vulnerables, se ha comprometido a ofrecer ayuda a los usuarios y retirará contenidos sobre autolesiones y suicidio.

   La pregunta que se hacen los expertos ahora, es si existe relación entre el uso de las redes sociales y el aumento de tasas de suicidio en población adolescente y adultos jóvenes. La presión abrumadora percibida y sentimientos de fracaso plantean que Instagram puede estar ejerciendo un efecto amplificador de problemas psicológicos y de conflictos propios de esas edades y su contexto. Existe correlación entre número de horas de uso y gravedad de patología mental, incluyendo el comportamiento suicida.

   Nos guste o no, las redes sociales han moldeado nuestras vidas y están aquí para quedarse. Instagram, como otras redes sociales, tiene aspectos muy positivos. La intención de este artículo no es criticar su uso, pero sí subrayar la evidencia científica sobre sus riesgos. Nos corresponde a los expertos en salud mental analizar qué impacto está generando y averiguar cómo usar las redes sociales de una manera que limite los efectos dañinos. Pero es responsabilidad de todos poner en práctica un uso responsable y constructivo, especialmente teniendo en cuenta a los más jóvenes.

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