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La adicción al sexo: una experiencia no tan placentera

Kissmarkpor Dr. Sergio Oliveros Calvo, Psiquiatra Madrid (Grupo Doctor Oliveros)

  La sexualidad es algo esencial para el bienestar personal y de la pareja. Para muchos supone placer, ternura, intimidad, libertad, madurez y estabilidad pero en ocasiones supone un cautiverio que genera graves complicaciones. Hablamos de los adictos al sexo,  personas que no persiguen compartir y vincularse sino tan sólo descargar una tensión.

  La adicción al sexo es una adicción comportamental no mediada por una sustancia si no por una explosión de neurotransmisores (noradrenalina, oxitocina, dopamina, betaendorfinas etc.) que ocurre en el orgasmo y el sentimiento de poder, plenitud, alucinación amorosa,  etc. que experimenta la persona afectada.

  Como el resto de las adicciones comportamentales tiene un cierto solapamiento con el trastorno obsesivo compulsivo y con las adicciones químicas. Por un lado, el paciente no puede apartar de su mente sus fantasías y deseo sexual (como una idea obsesiva) y experimenta una tensión que solo puede ser aliviada con un encuentro sexual (como una compulsión). Pero además, como ocurre en las adicciones a sustancias, si el sujeto no actúa, experimentará síntomas de abstinencia como:

  • estado de ánimo triste.
  • irritabilidad.
  • insomnio.
  • apetito sexual desmedido.
  • inquietud.
  • ansiedad.
  • sentimiento de culpa.

  La adicción al sexo fue reconocida como un trastorno mental en 1983 pero hasta ahora no ha sido considerada una entidad independiente por la clasificación internacional DSM 5. A diferencia de la conducta sana, en esta adicción el consumo de sexo no sacia el deseo sino que impulsa a repetirlo sin descanso, como en una interminable montaña rusa sin control, en un caos total y permanente.

  Con frecuencia estas conductas reciben la desaprobación moral de una parte de la población o incluso son objeto de chistes. Estas personas solo manifiestan así su ignorancia.

  La adicción al sexo afecta a un 9-12% de los hombres y a un 1-6% de las mujeres. Son personas que buscan aliviar con el sexo síntomas de base como:

  • sentimientos crónicos de vacío.
  • síntomas depresivos.
  • Desesperación.
  • problemas de identidad.
  • sentimientos de desesperanza. .

  El contacto sexual trata entonces de aliviar estos síntomas pero no logra eliminarlos, tan solo los atenúa y disminuye su tensión interna transitoriamente. La reaparición posterior del síntoma impulsa al sujeto a la repetición inmediata. Esta razón explica que la sexualidad de estas personas carezca de la más mínima sensualidad e intimidad.  

  Es muy habitual que estos sujetos descuiden las más elementales medidas de protección por lo que son frecuentes las enfermedades de transmisión sexual como sífilis, gonorrea, SIDA, Hepatitis C etc.  

  Hasta hace una década, estos pacientes frecuentaban la prostitución, baños de aeropuertos o casas de masajes pero la irrupción de las aplicaciones para teléfono móvil como Tinder®, Grindr®, Happn® etc. ha extendido y facilitado enormemente esta conducta. No hay cifras del impacto en el número de personas afectadas pero no cabe duda que ha aumentado y que la tecnología ha cambiado su “modus operandi”.

  Aunque a veces recurren a la pornografía, esta práctica no es la esencia de su conducta.

Adicción al sexo

 

 Cualquier aproximación pasada racional o moral al problema resultó estéril pues no trataban el problema real de base. Eso hizo que estos pacientes pronto se organizaran en grupos de autoayuda (Compulsivos Sexuales Anónimos) a partir de 1973 como había ocurrido antes en el alcoholismo.  

  Aunque hay una forma primaria, hay muchos caminos para alcanzar una adicción al sexo. Es un síntoma común a múltiples problemas como ocurre en las adicciones químicas. El paciente emplea el sexo como un autotratamiento que mejora múltiples problemas. Así podemos observar esta adicción en pacientes con:

  • Condicionamiento genético.
  • Desequilirbio hormonal con aumento de testosterona.
  • Abusos sexuales en la infancia.
  • Ansiedad.
  • Poliadictos (hasta un 64% de pacientes consumen alcohol, cannabis y otras drogas).
  • Depresión (hasta un 40% de los pacientes).
  • Trastorno obsesivo compulsivo.
  • Buscadores de sensaciones.
  • Fobia social.
  • conflictos neuróticos no resueltos.
  • TDAH.
  • Estructuras masoquistas.
  • Personalidades inmaduras: borderline, histriónico o narcisista.

  La pareja de un adicto sexual suele tener serias dificultades para separar en aspecto personal del aspecto psiquiátrico del problema por lo que con frecuencia rechaza al paciente y rompe la relación. Tiene que soportar no sólo las infidelidades sino además la retirada de afecto, el desinterés sexual, su menor empatía, comportamiento mentiroso, manipulaciones y su deterioro personal y laboral.

  El tratamiento siempre debe ser personalizado dada la diversidad de pacientes. Es muy frecuente que acuda a instancias de su pareja por lo que es muy útil implicar a ésta en el abordaje.

  El tratamiento farmacológico incluye:

  • Inhibidores de la recaptación de serotonina a altas dosis (mejoran el control de los impulsos y disminuyen el apetito sexual).
  • Bupropion (estimula el núcleo de recompensa cerebral disminuyendo el apetito desbordado por el sexo).
  • Antiandrógenos.
  • Topiramato (mejora la impulsividad).
  • Naltrexona (extingue el refuerzo de placer que el paciente obtiene).
  • Fármacos específicos para los trastornos psiquiátrico asociados.

  Pero es un trastorno que requiere indefectiblemente un tratamiento psicoterapéutico y medidas psicoeducativas. Las escuelas de psicoterapia que mejores resultados han obtenido son  la terapia cognitiva individual, terapia dinámica, terapia dialéctica conductual, terapia de grupo y grupos de autoayuda. Con frecuencia es necesaria una terapia de pareja para reconstruir la relación dañada. 

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